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sábado, 21 de noviembre de 2020

Niche y su Latin Grammy


El Grupo Niche ganó hoy el Grammy Latino, pero seamos sinceros, estaban en mora de darle un premio grande a esta institución musical. 
 
 
Tanta música y tanta rumba reunida en un solo nombre, en esa agrupación que nació en Bogotá y que luego adoptó Cali. Niche se hizo grande hace más de 20 años y se metió en el corazón de los colombianos, entre estos en el mío.

Siempre me he declarado más de la vieja escuela que dejó está agrupación y esto lo compruebo al seguir gozando sus canciones clásicas. 
 
Este es un momento preciso para recordar a Moncho Santana, Álvaro del Castillo, Tuto Jiménez, Ostwal Serna, Nicolás Cristancho Macabí, La Coco Lozano, Tarry Garcés, César Monje, Ricardo Valdés, Charlie Cardona, Andrés Viáfara, Álvaro Cabarcas, Fernando Martínez, Javier Vásquez, Raúl Umaña, Moris Jiménez, Alberto Barros, Denilson Ibargüen, Ricardo Bicenty, Tito Gómez y por supuesto Jairo Varela y todos aquellos hicieron parte de ese Grupo Niche que poseía ese sonido característico que nos identificaba y que hizo que nos enamoramos de él. 
 
Saludos.

John Cerón
Periodista Salsero

miércoles, 25 de mayo de 2016

La salsa en el mundo está viva, gracias a Colombia: Charlie Aponte

Feliz y orgulloso de conocer el Museo Jairo Varela, se declaró Charlie Aponte durante la visita que el inolvidable cantante del Gran Combo de Puerto Rico hiciera al santuario de la salsa en Cali, atendiendo la invitación que gentilmente le hicieran Álvaro Gómez y Umberto Valverde.

Con su vitalidad, jovialidad y simpatía irradió el recinto que lo recibió con música de fondo. Oír los acordes de Cali Pachanguero le erizó la piel. Ver el traje y la peluca de Celia Cruz le encharcó los ojos. Y apreciar las miles de imágenes, donaciones de artistas, recuerdos inolvidables de Jairo Varela con el Grupo Niche y demás elementos que hacen grande al museo, lo obligaron a hacer una pausa, cogerse la cabeza con las dos manos y expresar: “La salsa en el mundo está viva gracias a Cali”.

Palabras que no fueron un cumplido. Salieron del corazón de un hombre sensible, tan sensible, que decidió abandonar la orquesta que lo acogió durante 41 años para poder disfrutar del calor de su hogar, su esposa y sus cuatro hijos. Y fue Lucas, el menor de ellos (17 años), el que le tocó la fibra cuando le dijo a su mamá: “Mira… en la puerta hay un señor que quiere entrar”. “Oye… ese es tu papá…” le respondió su madre.

De inmediato se fundieron en un abrazo y ambos -con lágrimas en los ojos- decidieron crear una “Nueva historia” título de su álbum que ya sacó como solista y “Para festejar” juntos, título de la canción que abre el repertorio.

Y no es que Charlie sea un padre irresponsable. Ni mucho menos. No había podido compartir en familia porque de los 41 años que estuvo como vocalista del Gran Combo, durante 39 no tuvo vacaciones. Ingresó a la Universidad de la Salsa cuando contaba con 22 años, en reemplazo de Pellín Rodríguez para acompañar en tarima a Andy Montañez. Su primera gira lo trajo a Cali, ciudad donde hizo su primer baile en la caseta Tropicaña. Y su despedida también fue en Cali el 30 de diciembre de 2014, en el Living Concierto de la Feria en el Diamante de béisbol.

No fue coincidencia que Cali -la capital mundial de la salsa- fuera el debut, en 1973 y despedida, en el 2014, de un grande de la salsa como Carlos Juan Aponte Cruz, nacido un 2 de febrero de 1951 en Bayamón (Puerto Rico), para gloria del mundo.

Con la humildad que lo caracteriza, compartió mesa con Cristina Varela (la hija de Jairo); José Aguirre (director del Grupo Niche) y Umberto Valverde (escritor, cultor y promotor de la salsa en Cali). Sin titubear, Charlie aseguró: “El Grupo Niche le dio tanto prestigio a Colombia ante el mundo, como El Gran Combo se lo dio a Puerto Rico”.

Esas frases tocaron a Cristina, la hermosa morena hija de Jairo. Con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, hizo un anuncio que conmocionó al nutrido auditorio que recibió a Charlie: “Juanito Murillo, en nombre de los percusionistas de Cali y Colombia, trae para el museo Jairo Varela un poster del “mago del timbal”, Douglas Guevara”. El sentimiento la dejó muda.

Juanito, timbalero del Grupo Niche, tomó la palabra y corroboró la noticia. El auditorio también quedó mudo: Douglas, el eterno pana y timbalero de Jairo Varela, había fallecido el pasado 30 de julio de 2015 al no soportar la anestesia para un trasplante de riñón. Y hoy, frente a Charlie Aponte, entraba a engrosar la galería de los grandes.

Charlie, cauto pero con ganas de soltar otra chiva, anunció que él también haría su aporte al museo con una de las piezas que se remontan a los orígenes del Gran Combo. Y ahí dejó la expectativa.

Los asistentes al museo se miraban entre sí. Los integrantes del Grupo Niche, cuchicheaban. Los Gemelos de la Salsa (antigua Alquimia) divagaban. El Asesor de la Alcaldía de Cali en lo concerniente a la vida nocturna, Alejandro Vásquez, juraba que sería la primera partitura de la orquesta. Los periodistas azuzaban para que diera una pista... Eso solo lo sabe Charlie. Y ojalá pronto lo sepa el mundo.

El tiempo pasaba y nadie se quería ir. Charlie posaba, se tomaba fotos, firmaba autógrafos, se abrazaba con todos. Cristina sollozaba, José se acicalaba la guayabera y Umberto -como buen anfitrión- iba y venía para que ninguno de los periodistas se quedara sin las impresiones de Charlie.

Todos, absolutamente todos, ovacionaron al maestro con un sonoro aplauso de despedida. Cristina volvió a llorar. Umberto a sonreír. Y todos, absolutamente todos, desearon que Charlie volviera a Cali… con el regalito en la mano.


William López Arango

La salsa en el mundo está viva, gracias a Colombia: Charlie Aponte

Feliz y orgulloso de conocer el Museo Jairo Varela, se declaró Charlie Aponte durante la visita que el inolvidable cantante del Gran Combo de Puerto Rico hiciera al santuario de la salsa en Cali, atendiendo la invitación que gentilmente le hicieran Álvaro Gómez y Umberto Valverde.

Con su vitalidad, jovialidad y simpatía irradió el recinto que lo recibió con música de fondo. Oír los acordes de Cali Pachanguero le erizó la piel. Ver el traje y la peluca de Celia Cruz le encharcó los ojos. Y apreciar las miles de imágenes, donaciones de artistas, recuerdos inolvidables de Jairo Varela con el Grupo Niche y demás elementos que hacen grande al museo, lo obligaron a hacer una pausa, cogerse la cabeza con las dos manos y expresar: “La salsa en el mundo está viva gracias a Cali”.

Palabras que no fueron un cumplido. Salieron del corazón de un hombre sensible, tan sensible, que decidió abandonar la orquesta que lo acogió durante 41 años para poder disfrutar del calor de su hogar, su esposa y sus cuatro hijos. Y fue Lucas, el menor de ellos (17 años), el que le tocó la fibra cuando le dijo a su mamá: “Mira… en la puerta hay un señor que quiere entrar”. “Oye… ese es tu papá…” le respondió su madre.

De inmediato se fundieron en un abrazo y ambos -con lágrimas en los ojos- decidieron crear una “Nueva historia” título de su álbum que ya sacó como solista y “Para festejar” juntos, título de la canción que abre el repertorio.

Y no es que Charlie sea un padre irresponsable. Ni mucho menos. No había podido compartir en familia porque de los 41 años que estuvo como vocalista del Gran Combo, durante 39 no tuvo vacaciones. Ingresó a la Universidad de la Salsa cuando contaba con 22 años, en reemplazo de Pellín Rodríguez para acompañar en tarima a Andy Montañez. Su primera gira lo trajo a Cali, ciudad donde hizo su primer baile en la caseta Tropicaña. Y su despedida también fue en Cali el 30 de diciembre de 2014, en el Living Concierto de la Feria en el Diamante de béisbol.

No fue coincidencia que Cali -la capital mundial de la salsa- fuera el debut, en 1973 y despedida, en el 2014, de un grande de la salsa como Carlos Juan Aponte Cruz, nacido un 2 de febrero de 1951 en Bayamón (Puerto Rico), para gloria del mundo.

Con la humildad que lo caracteriza, compartió mesa con Cristina Varela (la hija de Jairo); José Aguirre (director del Grupo Niche) y Umberto Valverde (escritor, cultor y promotor de la salsa en Cali). Sin titubear, Charlie aseguró: “El Grupo Niche le dio tanto prestigio a Colombia ante el mundo, como El Gran Combo se lo dio a Puerto Rico”.

Esas frases tocaron a Cristina, la hermosa morena hija de Jairo. Con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, hizo un anuncio que conmocionó al nutrido auditorio que recibió a Charlie: “Juanito Murillo, en nombre de los percusionistas de Cali y Colombia, trae para el museo Jairo Varela un poster del “mago del timbal”, Douglas Guevara”. El sentimiento la dejó muda.

Juanito, timbalero del Grupo Niche, tomó la palabra y corroboró la noticia. El auditorio también quedó mudo: Douglas, el eterno pana y timbalero de Jairo Varela, había fallecido el pasado 30 de julio de 2015 al no soportar la anestesia para un trasplante de riñón. Y hoy, frente a Charlie Aponte, entraba a engrosar la galería de los grandes.

Charlie, cauto pero con ganas de soltar otra chiva, anunció que él también haría su aporte al museo con una de las piezas que se remontan a los orígenes del Gran Combo. Y ahí dejó la expectativa.

Los asistentes al museo se miraban entre sí. Los integrantes del Grupo Niche, cuchicheaban. Los Gemelos de la Salsa (antigua Alquimia) divagaban. El Asesor de la Alcaldía de Cali en lo concerniente a la vida nocturna, Alejandro Vásquez, juraba que sería la primera partitura de la orquesta. Los periodistas azuzaban para que diera una pista... Eso solo lo sabe Charlie. Y ojalá pronto lo sepa el mundo.

El tiempo pasaba y nadie se quería ir. Charlie posaba, se tomaba fotos, firmaba autógrafos, se abrazaba con todos. Cristina sollozaba, José se acicalaba la guayabera y Umberto -como buen anfitrión- iba y venía para que ninguno de los periodistas se quedara sin las impresiones de Charlie.

Todos, absolutamente todos, ovacionaron al maestro con un sonoro aplauso de despedida. Cristina volvió a llorar. Umberto a sonreír. Y todos, absolutamente todos, desearon que Charlie volviera a Cali… con el regalito en la mano.


William López Arango

jueves, 30 de julio de 2015

El Timbal del Grupo Niche, viajó al Cielo de Tambores

Douglas Guevara
30/03/1968 - 30/07/2015
Douglas Guevara, timbalero titular del Grupo Niche, falleció este jueves en la clínica Valle del Lili del sur de Cali.


Así lo confirmaron las directivas del grupo, quienes lamentaron el fallecimiento de este gran músico venezolano que tenía gran aprecio por Cali.
 

Douglas fue considerado por el maestro Jairo Varela, como el mejor timbalero del Grupo Niche y grabó todas las composiciones del también fallecido maestro.

Douglas nació en Caracas el 30 de marzo de 1968 y aunque la mayoría de su familia reside en Venezuela, él vivía solo en Cali, donde decía quería morir.




Se conoció que hace poco había recibido un trasplante de riñón y tuvo una complicación por lo que fue remitido a cirugía en la clínica Valle del Lili, pero tuvo un paro cardiorrespiratorio cuando le aplicaban la anestesia.


El pasado 18 de junio, Douglas escribió en su cuenta de Facebook: "Doy gracias infinitas a Dios todo poderoso quien primero hizo la obra de darme un nuevo riñón y guió las manos de los cirujanos que me intervinieron quirúrgicamente para que todo saliera bien. Estoy feliz con esta nueva oportunidad de vida normal y doy gracias a todas aquellas personas que en sus oraciones me tuvieron, gracias Senor Jesús por toda bendición que derramas en mi vida. Gloria a ti siempre por los siglos de los siglos Amén".

La noticia de su muerte enluta a todos los salseros y seguidores del Grupo Niche.

El salsero Willy García recordó que Douglas era un mago con el timbal y que era el líder del Grupo Niche.

"Lo conocí en 1994 cuando empecé a trabajar con el maestro Jairo Varela, él tenía ya un nombre por su calidad y por su aporte musical. Grabó el primer álbum de Son de Cali, tengo grandes recuerdos de su talento y la convivencia, era un venezolano que se sentía colombiano, para él era un gran orgullo representar a Colombia", dijo Willy.

Añadió que muchos jóvenes músicos aprendieron de Douglas el arte de tocar el timbal.

Las reacciones no se han hecho esperar y en Twitter varias personas ya han lamentado la noticia.



El Timbal del Grupo Niche, viajó al Cielo de Tambores

Douglas Guevara
30/03/1968 - 30/07/2015
Douglas Guevara, timbalero titular del Grupo Niche, falleció este jueves en la clínica Valle del Lili del sur de Cali.


Así lo confirmaron las directivas del grupo, quienes lamentaron el fallecimiento de este gran músico venezolano que tenía gran aprecio por Cali.
 

Douglas fue considerado por el maestro Jairo Varela, como el mejor timbalero del Grupo Niche y grabó todas las composiciones del también fallecido maestro.

Douglas nació en Caracas el 30 de marzo de 1968 y aunque la mayoría de su familia reside en Venezuela, él vivía solo en Cali, donde decía quería morir.




Se conoció que hace poco había recibido un trasplante de riñón y tuvo una complicación por lo que fue remitido a cirugía en la clínica Valle del Lili, pero tuvo un paro cardiorrespiratorio cuando le aplicaban la anestesia.


El pasado 18 de junio, Douglas escribió en su cuenta de Facebook: "Doy gracias infinitas a Dios todo poderoso quien primero hizo la obra de darme un nuevo riñón y guió las manos de los cirujanos que me intervinieron quirúrgicamente para que todo saliera bien. Estoy feliz con esta nueva oportunidad de vida normal y doy gracias a todas aquellas personas que en sus oraciones me tuvieron, gracias Senor Jesús por toda bendición que derramas en mi vida. Gloria a ti siempre por los siglos de los siglos Amén".

La noticia de su muerte enluta a todos los salseros y seguidores del Grupo Niche.

El salsero Willy García recordó que Douglas era un mago con el timbal y que era el líder del Grupo Niche.

"Lo conocí en 1994 cuando empecé a trabajar con el maestro Jairo Varela, él tenía ya un nombre por su calidad y por su aporte musical. Grabó el primer álbum de Son de Cali, tengo grandes recuerdos de su talento y la convivencia, era un venezolano que se sentía colombiano, para él era un gran orgullo representar a Colombia", dijo Willy.

Añadió que muchos jóvenes músicos aprendieron de Douglas el arte de tocar el timbal.

Las reacciones no se han hecho esperar y en Twitter varias personas ya han lamentado la noticia.



viernes, 3 de julio de 2015

Se Niega a Morir SALSA AL PARQUE: Encuentro de Salsómanos en Cali

Piden tarifa especial de
Sayco y Acinpro para
Salsa al Parque
La Secretaría de Cultura solicitó a Sayco y Acinpro que “estudie la posibilidad de aplicar una tarifa especial reducida” para la realización de ‘Salsa al Parque’, el evento que el primer fin de semana de cada mes convoca a los amantes de este género en el Parque de los Estudiantes.


La solicitud se originó después de que el pasado 6 de junio la actividad fuera cancelada por la Policía, tras un derecho de petición que instauró Sayco y Acinpro, en el que reclamaba el pago de derechos de autor, dado que el evento superó la asistencia de 1500 personas.

La titular del despacho de Cultura y Turismo, María Helena Q uiñonez, indicó que los dineros para garantizar el sostenimiento de esta iniciativa se incluirán en el presupuesto del 2016.

Por su parte, Alex Zuluaga, de la fundación Nuestra Cosa Latina (organizadora del programa), indicó que espera que este sábado 4 de julio se pueda realizar el evento, pues ya radicaron la solicitud ante la Secretaría de Gobierno.

No obstante, la directora de Zona de Sayco, Luz Helena Zapata, informó que solicitará a la oficina principal de la empresa en Bogotá que se le permita cobrar un valor favorable para los organizadores.

Cabe anotar que para la realización de actividades masivas como ‘Salsa al Parque’, es necesario instalar una solicitud en la Secretaría de Gobierno en la que se especifique en qué consiste el evento, fecha, hora, itinerario y descripción de la actividad a desarrollar.


Se Niega a Morir SALSA AL PARQUE: Encuentro de Salsómanos en Cali

Piden tarifa especial de
Sayco y Acinpro para
Salsa al Parque
La Secretaría de Cultura solicitó a Sayco y Acinpro que “estudie la posibilidad de aplicar una tarifa especial reducida” para la realización de ‘Salsa al Parque’, el evento que el primer fin de semana de cada mes convoca a los amantes de este género en el Parque de los Estudiantes.


La solicitud se originó después de que el pasado 6 de junio la actividad fuera cancelada por la Policía, tras un derecho de petición que instauró Sayco y Acinpro, en el que reclamaba el pago de derechos de autor, dado que el evento superó la asistencia de 1500 personas.

La titular del despacho de Cultura y Turismo, María Helena Q uiñonez, indicó que los dineros para garantizar el sostenimiento de esta iniciativa se incluirán en el presupuesto del 2016.

Por su parte, Alex Zuluaga, de la fundación Nuestra Cosa Latina (organizadora del programa), indicó que espera que este sábado 4 de julio se pueda realizar el evento, pues ya radicaron la solicitud ante la Secretaría de Gobierno.

No obstante, la directora de Zona de Sayco, Luz Helena Zapata, informó que solicitará a la oficina principal de la empresa en Bogotá que se le permita cobrar un valor favorable para los organizadores.

Cabe anotar que para la realización de actividades masivas como ‘Salsa al Parque’, es necesario instalar una solicitud en la Secretaría de Gobierno en la que se especifique en qué consiste el evento, fecha, hora, itinerario y descripción de la actividad a desarrollar.


jueves, 18 de junio de 2015

Tras las huellas de Larry Landa

Héctor Lavoe y Larry Landa
Son las cinco de la mañana y ya amanece
Juan Pachanga bien vestido aparece
Todos en el barrio están descansando
Y Juan Pachanga en silencio va pensando.


Una noche de 1982, mientras el Club Discoteca Juan Pachanga, en Juanchito, ardía en medio del fragor de la rumba, por fin apareció Héctor Lavoe. Ese al que todos llamaron el cantante de los cantantes. Era ya de madrugada y El rey de la puntualidad se negaba a cantar.

Larry Landa, el promotor de artistas de la salsa, quien había invitado a Lavoe a Cali para que se ‘desintoxicara’ de sus excesos con la droga, lo había obligado a presentarse esa noche. 

Pero ‘Jéctor’ no estaba de buenas pulgas y, en medio de la sorpresa de todos los asistentes, subió al escenario con sus gafas, su caminar cadencioso, su delgadez extrema, pero sin ninguna prenda de vestir. Tomó el micrófono y así, solo con sus interiores puestos, y un público que no salía de su asombro, los asistentes entendieron por qué Héctor le cantaba a la vida de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas. 

En un oscuro rincón, Larry contemplaba la escena sin ninguna sorpresa. Ya sabía de lo que era capaz Lavoe. Alto, delgado, buena pinta, pelo abundante e impecable, ropa ceñida, vestido a la última moda, con zapato en colores yeyé bien lustrados, el dueño de Juan Pachanga vivía sus últimos meses de gloria en la rumba caleña.

Desandar las huellas de Larry Landa es tarea difícil. Su vida transcurre en un extraño limbo en el que se funden lo real, lo mítico y la oscuridad. Y eso que de él sabemos muchas cosas: que fue el hombre que transformó la vida musical de los caleños, el primero que trajo a la Fania All Stars, el ‘dandy’ al que el grupo Niche inmortalizó en un disco y el que hizo una réplica de la famosa discoteca La Jirafa en su casa, allá en la Autopista Sur con Calle 60.

Fue también el mismo tipo que puso a figurar a Cali en el mercado mundial de la salsa, el creador de los Carnavales de Juanchito, el que nos regaló la dicha de tener a Lavoe viviendo en Cali seis meses. Era, al cantar de Cuco Valoy (otro de los grandes artistas que trajo por primera vez a la ciudad), un hombre misterioso.

Ni siquiera se llamaba Larry Landa. Sí, el ‘bacán’ que algunos consideraban el ‘John Travolta’ caleño, comenzó su vida en el barrio Calima como César Tulio Araque Bonilla.

Lo recuerdan así Benhur Lozada, Édgar Hernán Arce, Alfredo Palacios y Alberto Echeverry, leyendas de la locución caleña que lo conocieron e hicieron parte del circuito de la rumba con Landa en noches que se prologaban por 48 y 72 horas. Hoy lo dibujan como un joven acelerado, de pelo largo, siempre de chaqueta y con el cuello de la camisa sobresaliendo por encima de la misma, atlético y una forma de hablar, medio enredada, “al que a veces se le pegaba la aguja”.

El locutor y empresario artístico Alberto Echeverry, conocido como ‘Comidota’, entrevista a Landa. Al centro, Carlos Arana, quien a finales de los noventa intentó recuperar los Carnavales de Juanchito.
Archivo Particular Alberto Echeverry | Especial para GACETA

Termina una orquesta la otra está entonando... / y... la gente aplaude y grita porque está gozando./ ¡Cómo! En el barrio hay tres días de carnaval pa' gozar.

Como muchos jóvenes caleños de aquellos años 70, Araque partió a Nueva York buscando que el sueño americano no se volviera una pesadilla. Es allá, a mediados de los 60, cuando el ex secretario de gobierno de Cali, Miguel Yusti, lo conoce, en medio de una brutal descarga de piano de Larry Harlow, el ‘judío maravilloso’. “Él ya tenía sus negocios y era un empresario de la salsa, un enamorado de la música y quería poner una discoteca en Nueva York”, relata Yusti.

Benhur Lozada, uno de los locutores que mandaba en la sintonía con Radio Tigre, recuerda que el hombre bautizó su discoteca como Canario, Cali-New York, en plena 69 E Broadway. Su leyenda ya comienza a abrirse paso. Algunos aseguran que la bautizó así porque simplemente no pudo ponerle ‘Perico’ Cali-New York.

Ya César Tulio Araque dejaba de existir y le daba paso a Larry Landa. Al promotor de artistas, el que todos querían, el que pagaba cumplido, el bacán del barrio. Pero también el de la fortuna sospechosa.

Los sueños de Larry, sin embargo, no estaban en Nueva York, él quería convertir a nuestra ciudad en eso que José Pardo Llada tronaba una y otra vez frente a su micrófono: ‘Cali, la capital mundial de la salsa’.

En aquellos 70 eso era sólo un sueño, porque como recuerda el locutor y empresario musical Alberto Echeverry, mano derecha de Larry en Juan Pachanga, “aquí no venía nadie, conocíamos todos los discos, oíamos la aguja traquear todos los temas salseros, pero no conocíamos a esos monstruos”.

Y es Larry, empotrado en sus fajos de dólares calientes, quien regresa a la ciudad y organiza entonces una caseta, Toro Sentao, en las Canchas Panamericanas. Allí, para una Feria, aterrizan para delirio de toda una ciudad el mismísimo Joe Quijano, el Gran Combo, Ismael Miranda, la Dimensión Latina.

Toro Sentao, sin embargo, lucía vacío, y a Las Vallas, al norte de Cali, con la Fórmula 8 y Píper Pimienta, no le cabía un alma. “Landa llegaba con los músicos a ver nuestro espectáculo”, recuerda Benhur Lozada. Y es allí cuando se produce una alianza que rompe todo lo que se había hecho hasta entonces: Landa alquila por cinco años Las Vallas, a un costo impensable para la época.

Lozada, presentador de las orquestas, y Miguel Proaño, jefe de cocina de ese club y el Campestre, advirtieron que se iban a quedar sin trabajo y este último le lanza la propuesta que sellaría la llegada de decenas de grandes artistas: “Vea, Larry, usted tiene la plata, pero de esto no sabe y nosotros no tenemos la plata, pero sabemos. Así que si usted quiere trabajar con nosotros, vamos ‘fifty fifty’, en las utilidades, más no en las pérdidas”. Landa no lo dudó. Así nació Promotores Asociados.

Esta empresa, con el dinero de Larry, trajo a Eddie Palmieri con su orquesta Original La Perfecta, a La Yambú, a la Típica Novel, al Conjunto Clásico y a la Fania All Stars.

La leyenda seguía creciendo. ¿Quién era ese joven moderno que tenía bailando a toda una ciudad?
 
Porque Landa no se medía: pagaba lo que los artistas pidieran, recuerda hoy Yusti. Y no solo cumplidamente, sino en ‘verdes’. Y con unos privilegios a los que no resultaba difícil resistirse: droga, licor y mujeres bellas.
Lozada y Arce desatan sus recuerdos y rememoran cómo en esos finales de los 70 llenaron el Evangelista con el Conjunto Clásico, cuando su tema ‘Los Rodríguez’ sonaba de lado a lado en el dial. Óscar D’ Leon la rompía con ‘El suavecito’ y Cuco Valoy, con su calva brillante, les cantaba a las caleñas ‘Amor para mí’. Landa también apreciaba el bolero y temió traer a Vitín Aviles y ese estribillo de amores contrariados: ‘Temes que yo diga un día en cualquier esquina, que tú fuiste mía en una aventura…” .

“En medio de esa locura de Larry le llegó la idea de hacer un Carnaval en Juanchito”, evoca Édgar Hernán Arce, por entonces director y programador musical de la Voz del Valle y el locutor elegido por Landa para que presentara en Nueva York a Fruko y sus Tesos, la primera banda de salsa colombiana en pararse sobre el Madison Square Garden.

De nuevo ganó. Corría la segunda versión del carnaval, a comienzos de los 80, cuando en la ciudad comenzó a correr el rumor de que este era mejor que la Feria de Cali. Landa, a orillas del Cauca, llevó a la Sonora Matancera, con la negra Celia Cruz. También a la Fania con Pacheco y a un Héctor Lavoe guapeando a la vieja usanza salsera.

El escritor Medardo Arias recuerda que Landa creó, además del Carnaval, el Reinado de la Arena. “Para inaugurar estos eventos, incluido el club Juan Pachanga, trajo hasta las riberas del Cauca una orquesta de Nueva Orleans. En aquella noche memorable, mientras los músicos de Luisiana asordinaban sus trompetas con sombreros canotiers, en una mesa departían Celia Cruz, Pedro Knight, Alfredito de La Fe, y los poetas Octavio Paz, el de Cali, y Luis Fernando Tascón, Taseche, más tarde notable crítico del fenómeno musical
Caribe”.

Los Carnavales, pues, marcaron un hito en la rumba caleña y el compadrazgo de Landa con los músicos le permitió incluso llevar a la Fania a una presentación en la cárcel de Villahermosa. “La gente olvidó las andanzas de Larry porque él fue un mecenas de la salsa, los demás solo empresarios. Pero él hizo parte de la cotidianidad de los músicos. Los recibía como reyes y los atendía como sus hermanos, por eso trascendió. Larry fundó un universo que se llamó el Carnaval de Juanchito”, asegura Yusti, sin titubeos.

Todo tiene su final, nada dura para siempre, tenemos que recordar que no existe eternidad / Como el lindo clavel solo quiso florecer, y enseñarnos su belleza y marchito perecer / todo tiene su final nada dura para siempre tenemos que recordar que no existe eternidad…

La construcción de la discoteca Juan Pachanga, al despuntar los 80, y la llegada de Héctor Lavoe a Cali van de la mano. La ciudad ya se había transformado en la verdadera capital mundial que anheló Pardo Llada. Y los caleños se fueron acostumbrando a ver en los bajos del Hotel Petecuy al Conde Rodríguez, Rey Reyes, Santiago Cerón, Tito Nieves, Baby Rodríguez y la Compañía, la Orquesta Broadway y Andy Montañez.

La ruta de la rumba se concentraba en Alameda, la Calle Quinta y la Roosevelt, con Libaniel, Cañandonga, La Jirafa, El Túnel del Tiempo, el Escondite, Village Game, Melodías, La Comparsa, Rumba Habana, La Manzana. Y, claro, se remataba en el Abuelo Pachanguero, Don José, Agapito y el Concorde, la megadiscoteca de moda en Juanchito y a la que más plata le había metido Hugo Valencia, ‘el Divino’, como le decían en el mundo de los narcos.

Eran los tiempos en que el América dominaba el alma futbolera de Cali; en que ningún negocio del bajo mundo se cerraba sin el visto bueno de los Rodríguez y sin que de la rumba se dejara de comer chuleta o carne encebollada en El Bochinche, El Despiste o Apolo.

El escritor Umberto Valverde dice que la relación de Landa y Lavoe fue tormentosa. De amores y odios. Landa lo invitó a Cali a que se desintoxicara, pero lo que encontró ‘El cantante de los cantantes’ fue una rumba feroz y unas noches que no terminaban nunca.

“Héctor vino a pasar una temporada en Cali que duró tres meses. Vivía más de noche que de día, iba a cantar a Juan Pachanga cuando quería. Héctor vivió también en casa de Larry, pero también fue protegido por un amigo panameño, a quien llamaban ‘el Pana’, que le alcahueteaba la bohemia. Darío Muñoz, propietario de rumbeaderos legendarios, dice que una que otra noche Lavoe llegaba a Siboney a escuchar música y tocar maracas”.

Alfredo Palacios Rivera, director de Radio El Sol, otra de las emisoras con sintonía total en Cali, recuerda que cuando estaba haciendo El Espectacular de la Salsa, Larry llevó a Lavoe a la emisora. “Era muy sencillo, se sentaba horas en la emisora a hablar por teléfono, mientras Landa hablaba con don Bernardo Tobón, propietario de Todelar”.

El violinista salsero Alfredo de la Fe, quien fuera director de la Orquesta de Juan Pachanga, pasó recientemente por Cali y le describió a la periodista Lucy Libreros el frenesí de esos días: “Vine a Cali por tres semanas, pero terminé siete meses… Era una época de rumba pesada. Después de las tres de la mañana comenzaban a llenarse los bailaderos de Juanchito. Y empezabas a ver whisky y champañas caras en las mesas. Aquí me volví más loco que nunca. La primera vez que salí de Juan Pachanga, después de tocar toda una noche, descubrí algo poético en medio de tanta locura. Yo venía acostumbrado a amanecer en discotecas de Nueva York, ubicadas en sótanos. Pero aquí tú salías y lo que te encontrabas era el río Cauca y los pescadores comenzando su faena. 

Eso me parecía hermoso...”.

La confusa realidad de aquellos años de psicodelia terminó de tejer la leyenda. De la Fe cree que durante su temporada en Juan Pachanga nacieron ‘Juanito Alimaña’ y ‘Triste y vacía’, dos de los clásicos de Lavoe. Pero lo cierto es que fueron escritos por el genial Tite Curé y Luis López Caban.
Valverde recuerda una rumba de tres días de carnaval en Juan Pachanga con Larry y Yusti. “El sol nos azotaba, nos despedimos y fui a subirme a la camioneta de Miguel, cuando Héctor le preguntó a Larry:
 
-¿Dónde me voy?
-Acá, le respondió.

Larry sacó del parqueadero un carro deportivo que tenía solo dos puestos. Él andaba con su mujer, a quien conocían como ‘la Flaca’. Atrás había un asientito de reserva, como para llevar a un perro. Pero Larry repitió: “Súbete ahí”. Héctor no tuvo otra alternativa. Fue una de las tantas escenas de amor y odio entre cantante y empresario. Incluso una vez, Héctor quiso meterle candela a un carro de Larry”.

Los tropeles de Landa y Lavoe rompieron la relación. Mientras el hombre que respiraba debajo del agua regresaba a Nueva York, Landa comenzaba su declive. Los excesos de la rumba le pasaron factura. Sin un peso, emprendió un viaje a Miami sin retorno. Allá fue capturado por posesión de drogas y condenado a 20 años de prisión. Pero la leyenda sigue. Unos aseguran que allí fue molido a golpes y otros que tras una rumba, en plena cárcel, con el Conjunto Clásico, una sobredosis le acabó la ilusión de vivir de nuevo los Carnavales de Juanchito.

Una tercera versión, relatada a un amigo de Landa por el músico Leo Casino, su compañero de celda, sugiere que Larry murió en uno de sus tantos trucos: “Se metió unas pastillas que aceleraban las pulsaciones del corazón. Quería que lo sacaran de la prisión a una clínica y ver si podía volarse para regresar a Colombia. Pero los guardias no le creyeron y Larry se murió, prácticamente, en su celda”, dice la fuente.

Como casi todo en su vida, su muerte también fue caprichosa. Un misterio. Con un poco más de 40 años, la historia de Larry llegó a su fin.
Todo tiene su final, Larry, como lo pregonó tu compadre Héctor... Nada dura para siempre. Tu vida y tu final fueron azarosos, como el campeón mundial, que dio su vida por llegar y perder lo más querido, en las masas otro más.

Autor:

Tras las huellas de Larry Landa

Héctor Lavoe y Larry Landa
Son las cinco de la mañana y ya amanece
Juan Pachanga bien vestido aparece
Todos en el barrio están descansando
Y Juan Pachanga en silencio va pensando.


Una noche de 1982, mientras el Club Discoteca Juan Pachanga, en Juanchito, ardía en medio del fragor de la rumba, por fin apareció Héctor Lavoe. Ese al que todos llamaron el cantante de los cantantes. Era ya de madrugada y El rey de la puntualidad se negaba a cantar.

Larry Landa, el promotor de artistas de la salsa, quien había invitado a Lavoe a Cali para que se ‘desintoxicara’ de sus excesos con la droga, lo había obligado a presentarse esa noche. 

Pero ‘Jéctor’ no estaba de buenas pulgas y, en medio de la sorpresa de todos los asistentes, subió al escenario con sus gafas, su caminar cadencioso, su delgadez extrema, pero sin ninguna prenda de vestir. Tomó el micrófono y así, solo con sus interiores puestos, y un público que no salía de su asombro, los asistentes entendieron por qué Héctor le cantaba a la vida de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas. 

En un oscuro rincón, Larry contemplaba la escena sin ninguna sorpresa. Ya sabía de lo que era capaz Lavoe. Alto, delgado, buena pinta, pelo abundante e impecable, ropa ceñida, vestido a la última moda, con zapato en colores yeyé bien lustrados, el dueño de Juan Pachanga vivía sus últimos meses de gloria en la rumba caleña.

Desandar las huellas de Larry Landa es tarea difícil. Su vida transcurre en un extraño limbo en el que se funden lo real, lo mítico y la oscuridad. Y eso que de él sabemos muchas cosas: que fue el hombre que transformó la vida musical de los caleños, el primero que trajo a la Fania All Stars, el ‘dandy’ al que el grupo Niche inmortalizó en un disco y el que hizo una réplica de la famosa discoteca La Jirafa en su casa, allá en la Autopista Sur con Calle 60.

Fue también el mismo tipo que puso a figurar a Cali en el mercado mundial de la salsa, el creador de los Carnavales de Juanchito, el que nos regaló la dicha de tener a Lavoe viviendo en Cali seis meses. Era, al cantar de Cuco Valoy (otro de los grandes artistas que trajo por primera vez a la ciudad), un hombre misterioso.

Ni siquiera se llamaba Larry Landa. Sí, el ‘bacán’ que algunos consideraban el ‘John Travolta’ caleño, comenzó su vida en el barrio Calima como César Tulio Araque Bonilla.

Lo recuerdan así Benhur Lozada, Édgar Hernán Arce, Alfredo Palacios y Alberto Echeverry, leyendas de la locución caleña que lo conocieron e hicieron parte del circuito de la rumba con Landa en noches que se prologaban por 48 y 72 horas. Hoy lo dibujan como un joven acelerado, de pelo largo, siempre de chaqueta y con el cuello de la camisa sobresaliendo por encima de la misma, atlético y una forma de hablar, medio enredada, “al que a veces se le pegaba la aguja”.

El locutor y empresario artístico Alberto Echeverry, conocido como ‘Comidota’, entrevista a Landa. Al centro, Carlos Arana, quien a finales de los noventa intentó recuperar los Carnavales de Juanchito.
Archivo Particular Alberto Echeverry | Especial para GACETA

Termina una orquesta la otra está entonando... / y... la gente aplaude y grita porque está gozando./ ¡Cómo! En el barrio hay tres días de carnaval pa' gozar.

Como muchos jóvenes caleños de aquellos años 70, Araque partió a Nueva York buscando que el sueño americano no se volviera una pesadilla. Es allá, a mediados de los 60, cuando el ex secretario de gobierno de Cali, Miguel Yusti, lo conoce, en medio de una brutal descarga de piano de Larry Harlow, el ‘judío maravilloso’. “Él ya tenía sus negocios y era un empresario de la salsa, un enamorado de la música y quería poner una discoteca en Nueva York”, relata Yusti.

Benhur Lozada, uno de los locutores que mandaba en la sintonía con Radio Tigre, recuerda que el hombre bautizó su discoteca como Canario, Cali-New York, en plena 69 E Broadway. Su leyenda ya comienza a abrirse paso. Algunos aseguran que la bautizó así porque simplemente no pudo ponerle ‘Perico’ Cali-New York.

Ya César Tulio Araque dejaba de existir y le daba paso a Larry Landa. Al promotor de artistas, el que todos querían, el que pagaba cumplido, el bacán del barrio. Pero también el de la fortuna sospechosa.

Los sueños de Larry, sin embargo, no estaban en Nueva York, él quería convertir a nuestra ciudad en eso que José Pardo Llada tronaba una y otra vez frente a su micrófono: ‘Cali, la capital mundial de la salsa’.

En aquellos 70 eso era sólo un sueño, porque como recuerda el locutor y empresario musical Alberto Echeverry, mano derecha de Larry en Juan Pachanga, “aquí no venía nadie, conocíamos todos los discos, oíamos la aguja traquear todos los temas salseros, pero no conocíamos a esos monstruos”.

Y es Larry, empotrado en sus fajos de dólares calientes, quien regresa a la ciudad y organiza entonces una caseta, Toro Sentao, en las Canchas Panamericanas. Allí, para una Feria, aterrizan para delirio de toda una ciudad el mismísimo Joe Quijano, el Gran Combo, Ismael Miranda, la Dimensión Latina.

Toro Sentao, sin embargo, lucía vacío, y a Las Vallas, al norte de Cali, con la Fórmula 8 y Píper Pimienta, no le cabía un alma. “Landa llegaba con los músicos a ver nuestro espectáculo”, recuerda Benhur Lozada. Y es allí cuando se produce una alianza que rompe todo lo que se había hecho hasta entonces: Landa alquila por cinco años Las Vallas, a un costo impensable para la época.

Lozada, presentador de las orquestas, y Miguel Proaño, jefe de cocina de ese club y el Campestre, advirtieron que se iban a quedar sin trabajo y este último le lanza la propuesta que sellaría la llegada de decenas de grandes artistas: “Vea, Larry, usted tiene la plata, pero de esto no sabe y nosotros no tenemos la plata, pero sabemos. Así que si usted quiere trabajar con nosotros, vamos ‘fifty fifty’, en las utilidades, más no en las pérdidas”. Landa no lo dudó. Así nació Promotores Asociados.

Esta empresa, con el dinero de Larry, trajo a Eddie Palmieri con su orquesta Original La Perfecta, a La Yambú, a la Típica Novel, al Conjunto Clásico y a la Fania All Stars.

La leyenda seguía creciendo. ¿Quién era ese joven moderno que tenía bailando a toda una ciudad?
 
Porque Landa no se medía: pagaba lo que los artistas pidieran, recuerda hoy Yusti. Y no solo cumplidamente, sino en ‘verdes’. Y con unos privilegios a los que no resultaba difícil resistirse: droga, licor y mujeres bellas.
Lozada y Arce desatan sus recuerdos y rememoran cómo en esos finales de los 70 llenaron el Evangelista con el Conjunto Clásico, cuando su tema ‘Los Rodríguez’ sonaba de lado a lado en el dial. Óscar D’ Leon la rompía con ‘El suavecito’ y Cuco Valoy, con su calva brillante, les cantaba a las caleñas ‘Amor para mí’. Landa también apreciaba el bolero y temió traer a Vitín Aviles y ese estribillo de amores contrariados: ‘Temes que yo diga un día en cualquier esquina, que tú fuiste mía en una aventura…” .

“En medio de esa locura de Larry le llegó la idea de hacer un Carnaval en Juanchito”, evoca Édgar Hernán Arce, por entonces director y programador musical de la Voz del Valle y el locutor elegido por Landa para que presentara en Nueva York a Fruko y sus Tesos, la primera banda de salsa colombiana en pararse sobre el Madison Square Garden.

De nuevo ganó. Corría la segunda versión del carnaval, a comienzos de los 80, cuando en la ciudad comenzó a correr el rumor de que este era mejor que la Feria de Cali. Landa, a orillas del Cauca, llevó a la Sonora Matancera, con la negra Celia Cruz. También a la Fania con Pacheco y a un Héctor Lavoe guapeando a la vieja usanza salsera.

El escritor Medardo Arias recuerda que Landa creó, además del Carnaval, el Reinado de la Arena. “Para inaugurar estos eventos, incluido el club Juan Pachanga, trajo hasta las riberas del Cauca una orquesta de Nueva Orleans. En aquella noche memorable, mientras los músicos de Luisiana asordinaban sus trompetas con sombreros canotiers, en una mesa departían Celia Cruz, Pedro Knight, Alfredito de La Fe, y los poetas Octavio Paz, el de Cali, y Luis Fernando Tascón, Taseche, más tarde notable crítico del fenómeno musical
Caribe”.

Los Carnavales, pues, marcaron un hito en la rumba caleña y el compadrazgo de Landa con los músicos le permitió incluso llevar a la Fania a una presentación en la cárcel de Villahermosa. “La gente olvidó las andanzas de Larry porque él fue un mecenas de la salsa, los demás solo empresarios. Pero él hizo parte de la cotidianidad de los músicos. Los recibía como reyes y los atendía como sus hermanos, por eso trascendió. Larry fundó un universo que se llamó el Carnaval de Juanchito”, asegura Yusti, sin titubeos.

Todo tiene su final, nada dura para siempre, tenemos que recordar que no existe eternidad / Como el lindo clavel solo quiso florecer, y enseñarnos su belleza y marchito perecer / todo tiene su final nada dura para siempre tenemos que recordar que no existe eternidad…

La construcción de la discoteca Juan Pachanga, al despuntar los 80, y la llegada de Héctor Lavoe a Cali van de la mano. La ciudad ya se había transformado en la verdadera capital mundial que anheló Pardo Llada. Y los caleños se fueron acostumbrando a ver en los bajos del Hotel Petecuy al Conde Rodríguez, Rey Reyes, Santiago Cerón, Tito Nieves, Baby Rodríguez y la Compañía, la Orquesta Broadway y Andy Montañez.

La ruta de la rumba se concentraba en Alameda, la Calle Quinta y la Roosevelt, con Libaniel, Cañandonga, La Jirafa, El Túnel del Tiempo, el Escondite, Village Game, Melodías, La Comparsa, Rumba Habana, La Manzana. Y, claro, se remataba en el Abuelo Pachanguero, Don José, Agapito y el Concorde, la megadiscoteca de moda en Juanchito y a la que más plata le había metido Hugo Valencia, ‘el Divino’, como le decían en el mundo de los narcos.

Eran los tiempos en que el América dominaba el alma futbolera de Cali; en que ningún negocio del bajo mundo se cerraba sin el visto bueno de los Rodríguez y sin que de la rumba se dejara de comer chuleta o carne encebollada en El Bochinche, El Despiste o Apolo.

El escritor Umberto Valverde dice que la relación de Landa y Lavoe fue tormentosa. De amores y odios. Landa lo invitó a Cali a que se desintoxicara, pero lo que encontró ‘El cantante de los cantantes’ fue una rumba feroz y unas noches que no terminaban nunca.

“Héctor vino a pasar una temporada en Cali que duró tres meses. Vivía más de noche que de día, iba a cantar a Juan Pachanga cuando quería. Héctor vivió también en casa de Larry, pero también fue protegido por un amigo panameño, a quien llamaban ‘el Pana’, que le alcahueteaba la bohemia. Darío Muñoz, propietario de rumbeaderos legendarios, dice que una que otra noche Lavoe llegaba a Siboney a escuchar música y tocar maracas”.

Alfredo Palacios Rivera, director de Radio El Sol, otra de las emisoras con sintonía total en Cali, recuerda que cuando estaba haciendo El Espectacular de la Salsa, Larry llevó a Lavoe a la emisora. “Era muy sencillo, se sentaba horas en la emisora a hablar por teléfono, mientras Landa hablaba con don Bernardo Tobón, propietario de Todelar”.

El violinista salsero Alfredo de la Fe, quien fuera director de la Orquesta de Juan Pachanga, pasó recientemente por Cali y le describió a la periodista Lucy Libreros el frenesí de esos días: “Vine a Cali por tres semanas, pero terminé siete meses… Era una época de rumba pesada. Después de las tres de la mañana comenzaban a llenarse los bailaderos de Juanchito. Y empezabas a ver whisky y champañas caras en las mesas. Aquí me volví más loco que nunca. La primera vez que salí de Juan Pachanga, después de tocar toda una noche, descubrí algo poético en medio de tanta locura. Yo venía acostumbrado a amanecer en discotecas de Nueva York, ubicadas en sótanos. Pero aquí tú salías y lo que te encontrabas era el río Cauca y los pescadores comenzando su faena. 

Eso me parecía hermoso...”.

La confusa realidad de aquellos años de psicodelia terminó de tejer la leyenda. De la Fe cree que durante su temporada en Juan Pachanga nacieron ‘Juanito Alimaña’ y ‘Triste y vacía’, dos de los clásicos de Lavoe. Pero lo cierto es que fueron escritos por el genial Tite Curé y Luis López Caban.
Valverde recuerda una rumba de tres días de carnaval en Juan Pachanga con Larry y Yusti. “El sol nos azotaba, nos despedimos y fui a subirme a la camioneta de Miguel, cuando Héctor le preguntó a Larry:
 
-¿Dónde me voy?
-Acá, le respondió.

Larry sacó del parqueadero un carro deportivo que tenía solo dos puestos. Él andaba con su mujer, a quien conocían como ‘la Flaca’. Atrás había un asientito de reserva, como para llevar a un perro. Pero Larry repitió: “Súbete ahí”. Héctor no tuvo otra alternativa. Fue una de las tantas escenas de amor y odio entre cantante y empresario. Incluso una vez, Héctor quiso meterle candela a un carro de Larry”.

Los tropeles de Landa y Lavoe rompieron la relación. Mientras el hombre que respiraba debajo del agua regresaba a Nueva York, Landa comenzaba su declive. Los excesos de la rumba le pasaron factura. Sin un peso, emprendió un viaje a Miami sin retorno. Allá fue capturado por posesión de drogas y condenado a 20 años de prisión. Pero la leyenda sigue. Unos aseguran que allí fue molido a golpes y otros que tras una rumba, en plena cárcel, con el Conjunto Clásico, una sobredosis le acabó la ilusión de vivir de nuevo los Carnavales de Juanchito.

Una tercera versión, relatada a un amigo de Landa por el músico Leo Casino, su compañero de celda, sugiere que Larry murió en uno de sus tantos trucos: “Se metió unas pastillas que aceleraban las pulsaciones del corazón. Quería que lo sacaran de la prisión a una clínica y ver si podía volarse para regresar a Colombia. Pero los guardias no le creyeron y Larry se murió, prácticamente, en su celda”, dice la fuente.

Como casi todo en su vida, su muerte también fue caprichosa. Un misterio. Con un poco más de 40 años, la historia de Larry llegó a su fin.
Todo tiene su final, Larry, como lo pregonó tu compadre Héctor... Nada dura para siempre. Tu vida y tu final fueron azarosos, como el campeón mundial, que dio su vida por llegar y perder lo más querido, en las masas otro más.

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martes, 21 de abril de 2015

Gran encuentro musical de salsa en Zaperoco

Cinco pianistas bajo la dirección de José Aguirre
tocarán juntos en Zaperoco, en Cali 
Foto: Juan P. Rueda/ ELTIEMPO
Cali, Valle del Cauca.- Un encuentro y propuesta musical, considerada sin precedentes en el mundo de la salsa, es el que se escuchará y verá en Zaperoco, en el norte de Cali.


Ahí, en un mismo escenario, se unirá el talento de cinco figuras del piano, acompañados por ocho músicos y con la dirección de José Aguirre, trompetista y arreglista, quien está de regreso en el trabajo musical con el Grupo Niche.

“En la memoria de los amantes de la salsa está la presentación de la Fania en el estadio Hiram Bithorn, en San Juan, Puerto Rico, en 1994. En el piano estuvieron Eddy Palmieri, Larry Harlow y Papo Lucca. Es lo más cercano a unir varios pianistas en un mismo tema y concierto. Cali tiene la fortuna de reunir a cinco”, dice Umberto Valverde, quien está al frente de esta propuesta musical.

Previo a la presentación estará la conferencia ‘Los pianistas de la salsa’ a cargo de Rafael Quintero, investigador y conocedor de este género musical.

En la cita musical estarán Álvaro Cabarcas, conocido en el mundo musical como ‘Pelusa’ quien por 10 años -1988 a 1998- fue pianista del Grupo Niche, en lo que Valverde considera una ‘época de oro’, musical de la orquesta.

Cabarcas también tocó para temas de Joe Arroyo y actualmente acompaña el proceso musical de Charlie Aponte, excantante del conjunto El Gran Combo, de Puerto Rico.

Otro es Carlos Humberto Gálvez 'Piolín', pianista de la Orquesta Guayacán y con trabajos con Yuri Buenaventura. Gálvez tiene su propia orquesta Tumbao.

También estará Óscar Iván Lozano, expianista del Grupo Niche y ahora con la orquesta de Willie García. A ellos se suma Víctor Rodríguez, joven talentoso director y pianista de la orquesta Mambanegra, una revelación musical. Y el quinteto se completa con Daniel Gutiérrez, joven pianista, quien participa con varias orquestas de la ciudad.

“Junto a ellos estarán otros ocho músicos, todos bajos la dirección de José Aguirre. En total 14 músicos, 14 personas con toda una trayectoria en tarima”, resalta Valverde.

Todo bajo la dirección de Aguirre, quien tras su participación en trabajos con Marc Anthony, La India y Tito Nieves, entre otros, regresa con el Grupo Niche, a pedido de Yanila Varela, quien asumió la dirección tras el fallecimiento de su padre, el maestro Jairo Varela.

El encuentro en Zaperoco es este miércoles 22 de abril a las 7:00 de la noche, una propuesta musical que tiene el apoyo de el Noticiero 90 Minutos, y los diarios ADN y EL TIEMPO.

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