Mostrando entradas con la etiqueta Fania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fania. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de marzo de 2021

Ismael Miranda, su recuperación será a largo plazo

Ismael Miranda
La esposa del salsero Ismael Miranda pide a los seguidores y al público en general que sigan orando por su recuperación, lo cual será un proceso de cinco a seis meses, según han estimado los médicos.



“Lo que a Ismael le dio fue un infarto, fue grande, y tenemos a Ismael con nosotros por la misericordia de Dios”, expresó Janice Batlle, quien está al cuidado del cantante en el hogar. Previo a llegar a la casa hace dos días, estuvo internado por alrededor de tres semanas en un centro de rehabilitación.

“Ahora mismo está en un proceso de recuperación que va a durar unos meses, pero está bien, está de buen ánimo, y está en las de luchar por sentirse tan bien como antes de que todo esto pasara”, dijo la esposa, quien cuenta con el apoyo de los cinco hijos del artista. “Todos estuvieron aquí tan pronto él tuvo la situación y la mayor vino a ayudarme cuando él iba a entrar al hogar y la semana que viene, viene otro de los hijos. Todos estamos en el mismo propósito y en la misma meta de que él logre lo que queremos, que es volverlo a tener como siempre”, afirmó.

Ismael Miranda al lado de su esposa Janice Batlle


“El Niño Bonito de la Salsa” fue intervenido de emergencia el pasado 22 de enero tras presentar “unas molestias y con fuertes mareos que afectaron su rutina diaria”, según el comunicado de prensa que publicó entonces la familia. Hasta ese momento, Miranda no presentaba condiciones de salud y un par de horas antes, se había vestido elegantemente para una actividad.

“Está tranquilo, me imagino que llegan momentos en que se deprimes= un poco, pero eso es parte de todos los procesos de la vida y más cuando sabes que tienes a tu lado un Dios que está contigo, y es el que te ha permitido esta oportunidad, así que es más agradecimiento que otra cosa”, expresó Batlle. “Nos hemos encargado de decírselo, que es un hombre amado, y de que es un hombre respetado y eso se lo digo constantemente para que él sepa que no solamente va a luchar por él, sino por su familia y por la gente que lo ama”, puntualizó la esposa.

Batlle exhortó a las personas en general a aprender a “vivir el día a día, disfrutarlo, olvidarnos de los enojos, de los problemas, porque si son problemas no se pueden resolver, así que hay que dejarlos en la manos de Dios para que él sea el que se encargue porque sabes de ahora, pero no de lo que pasará en una hora”.

Fuente: PrimeraHora.com
Rosalina Marrero-Rodríguez
rosalina.marrero@gfrmedia.com
@rmarrero1

lunes, 15 de febrero de 2021

El mundo llora la partida del Zorro de Plata, "El Tumbaito" se tocará en el cielo


El dominicano fundador del sello Fania Records, Johnny Pacheco ha fallecido en las últimas horas.

Juan Zacarías Pacheco Kinipping, conocido artísticamente como Johnny Pacheco fallece en la ciudad de New York víctima de una neumonía como fue informado en su página de Facebook por parte de su esposa Cuqui Pacheco.

Pacheco, quien ya venía presentando problemas de salud debido a molestias en su columna vertebral, al mal de parkinson que fuera diagnosticado y quien en días pasados fue internado de urgencia debido a una neumonía, fallece hoy a los 85 años.

Hijo de una familia humilde y quienes salieron exiliados, cuando Juan (el menor de 5 hijos) tenía tan solo 11 años, de su natal República Dominicana.

Su primer acercamiento a la música lo hace cuando recibe como regalo de reyes una armónica y al poco tiempo ya demostraba su destreza con el instrumento, mas adelante y ya en New York se gradúa en la "Julliard Music School"; se inicia como percusionista de diferentes agrupaciones, entre otras la de Tito Puente. También hizo parte de La Charanga La Duboney, agrupación de su amigo Charlie Palmieri y para 1960 ya conforma su agrupación Pacheco y su Charanga, que fue todo un éxito en ventas.

Pacheco y Masucci (Foto Fania Records)
 

Mas adelante y por diferencias con el promotor Al Santiago, propietario del sello Alegre, toma la decisión de asociarse con el abogado italo-judio Jerry Masucci y fundan el sello Fania Records.

Ya con el liderazgo de su propio sello discográfico, tomó la idea de Alegre y basado en los "jam sessions" cubanos y conformó una orquesta con una selección de los músicos que iban firmando para su sello, así nace FANIA ALL STARS, orquesta que le dió la vuelta al mundo llevando la salsa a todos los rincones del planeta.

Héctor Lavoe y Johnny Pacheco (Foto Fania Records)

Pacheco fue un visionario, como músico no se conformó con ser parte de las mejores agrupaciones de New York, si no quiso tener la suya propia y lo logró; cuando las cosas en el sello para el cual grababa no funcionaron para el, se fue y creó el suyo propio; tomó lo mejor de la música latina y lo mejoró en New York y se lo vendió al mundo entero como "Salsa".


 Según el mismo lo dijo en el documental "Yo Soy la Salsa", en su epitafio dirá: "Aquí yace Johnny Pacheco, en contra de su voluntad"

Gracias Johnny, gracias por este gran legado. Paz en tu Rumba.

Redacción Mundo Salsero



jueves, 16 de abril de 2020

La Muerte de un Pianista - ¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Petrit Baquero
Escritor
Por Petrit Baquero.

Cuando empecé a oír salsa o, más bien, un poquito después, cuando mi papá me puso a escuchar el álbum “Siembra” que, de verdad, marcó muchas cosas en mi vida, quedé maravillado por las letras -y la voz- de Rubén Blades, pero también por los trombones fuertes, aunque complejos armónicamente (que después, en clase de música, supe que eran tres y, a veces, cuatro) que sonaban como pitos de un camión, pero también como un conjunto de jazz de inmejorable calidad.

También quedé descrestado por la percusión afincada y calidosa (bongó-campana, conga y timbal), de José Mangual Jr, Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; por los coros poderosos y realmente varoniles que acompañaban las canciones, por el bajo lleno de efectos y slaps tomados del funk del inolvidable Sal Cuevas, por los arreglos de cuerdas que se inspiraban un poco en el soul y la música disco, y, claro, por el liderazgo y la imagen de malote del gran Willie Colón.

Pero entre toda esa maravillosa orquesta, no fui ajeno a sentir el tumbao sabrosísimo de un señor calvo, con pinta de hombre mayor -tal vez de oficinista-, a quien todos conocían con el sobrenombre del “Profesor”. ¿Y por qué le decían así? No sé, pero supongo que porque podía pasar de tocar un son montuno tradicional a soyarse con un tumbao rockero sin perder el compás y, sobre todo, el swing, algo complejo para el que no estuviera preparado para leer -y sentir- las sutiles transiciones armónicas que planteaban los arreglistas de los discos de Willie Colón como Luis “Perico” Ortiz, Louie Cruz, Héctor Garrido, Marty Sheller y el propio Willie, con “mambos” y sonidos que tenían sofisticación, pero, a la vez, sentido callejero. Eran los tiempos en que Willie grababa las canciones de él mismo y también las de Tite Curet Alonso, Rubén Blades, Johnny Ortiz, Chico Buarque, Eddy Grant y Caetano Veloso, entre muchos otros.
Héctor Lavoe toca el piano, Joe Torres "El Profesor" observa
Foto: Mambo Inn Radio


El “Profesor” se llamaba José "Joe" Torres y, como dice Rubén Blades, ayer “se mudó al otro barrio”. Claro que ya venían anunciando su muerte desde hacía rato por cuenta de la desaparición de otros importantes personajes (un reconocido compositor boricua y el dueño de un restaurante de comida puertorriqueña en Nueva York) que tenían el mismo nombre, sin embargo, ayer sí fue de verdad y el gran pianista newyorikan dio su paso a la eternidad o, de pronto, al nunca jamás (como ustedes lo quieran ver).

Hay que decir que Joe Torres nunca fue un pianista de alto perfil. No. De hecho, jamás formó parte, por ejemplo, de la Fania All Stars y muchas veces, cuando mencionan a los grandes pianistas de la salsa como Papo Lucca, Ricardo Ray, Eddie Palmieri, Larry Harlow, nuestro Edy Martínez, Óscar Hernández, José Lugo o “el Pulpo” Colón, su nombre, al parecer, se olvida. Sin embargo, si uno averigua por las grabaciones en las que participó y el papel preponderante que tuvo en el piano, el fender rohdes o cualquier otro teclado, quedaba claro que Torres fue un músico de grandes quilates.

Es que Torres es el pianista de “La Murga”, de “Plástico”, de “Pedro Navaja”, de “Oh, qué será”, de “Juanito Alimaña”, de “Calle luna, calle sol”, de “Plantación adentro”, de “Usted abusó”, de “Maestra vida”, de “Periódico de ayer”, de “Che che colé”, de "Buscando guayaba" y de muchas más piezas históricas acompañando a Willie Colón, Rubén Blades, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Soledad Bravo y Bobby Valentín, entre otros.

Joe Torres "El Profesor" atrás toca el piano,
Héctor Lavoe adelante

Foto: Mambo Inn Radio
Tal vez por eso, Héctor Lavoe dijo que el “Profesor” era el “que se come los guineos y se fuma la cáscara” y yo, que me maravillo observando por Youtube los videos de esa orquesta en los años setenta y comienzos de los ochenta, lo veo como uno de esos personajes curtidos que ya parecían viejos en esa época por su cabeza rapada, la boca abierta al tocar, unas gafas bien grandes y un aparente bajo perfil en el que no mostraba grandes alardes, pero sí muchísimo sabor tocando en la orquesta más vendedora de todos los tiempos de la salsa, ese género musical que tanto nos apasiona.

Con Willie Colón, el profesor Joe Torres tocó salsa de la mejor, es decir, esa que se nutrió de la música del Brasil con sus complejas armonías y lindísimas melodías, del funk y el rock que, con agresividad, se hacían presentes en todo momento; del merengue disco -o del merengue Bossa Nova- que tanto le gustaban al malo del Bronx; de la bomba y la plena puertorriqueñas, de la cumbia bomba del ritmo Wac, de los sonidos africanos, de la gaita zuliana, de la música jíbara puertorriqueña y, por supuesto, de todo ese caudal de música cubana que siempre habrá que mencionar.

De esa gran banda han partido ya varios (el año pasado se fueron dos) y, en estos tiempos complejos y de incertidumbre, se han ido, por diferentes razones, importantísimos músicos (por ejemplo, Andy González, el gran bajista que murió hace dos días; Bill Withers, el maravilloso cantautor que partió un poco antes; Manu Dibango, el célebre saxofonista camerunés que murió en su amada Paris; Tito Ramos, el inolvidable cantante de los tiempos del latin soul; Elis Marsalis, el patriarca de una legendaria dinastía de músicos de jazz; Moraes Moreira, el grandioso creador de esa irresistible fusión que fueron en Brasil los Novos bahianos…) y ahora le tocó al gran Joe Torres.

Es curioso, pero desde hace unos meses andaba siguiéndole la pista e incluso el maestro Edy Martínez me dijo que iba a averiguar al respecto. También pregunté por él hace menos de una semana en uno de esos portales de salsa que siempre me enseñan tantas cosas, y por eso entré en contacto con uno de sus amigos quien me dijo que el “Profesor” vivía en el Bronx, aunque bastante delicado de salud. Le envié mis saludos manifestándole mi gran aprecio, aunque creo que su amigo -por obvias razones- no alcanzó a verse de nuevo con él.

Hay que decir que en la mayoría de ocasiones se habla es de las rutilantes estrellas o de los personajes “exitosos”, pero muchas veces se desconoce a esos orfebres, cómplices, compinches, trabajadores y talentosos creadores que han sido fundamentales para que esas expresiones del talento humano nos ayuden a conocer, a través del arte o de cualquier otra cosa, viejos, nuevos o diferentes mundos. El “Profesor” -que en realidad le decían así porque se dedicó a enseñar música y piano por muchos años-, fue uno de ellos. Por eso, que bien valga la pena celebrar la vida, obra y los aportes de este gran artista que me ayudó a hacer la vida más chévere, antes, ahora y -espero yo- mañana.
 
¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Dedicado a... 
Alicia Orjuela Quintero,
Catalina Roldán, 
Edward Bocanegra y
 al legendario Marco Vinicio Amado Garrido "Markomix"

jueves, 12 de marzo de 2020

Mark Dimond ~ "El Bravo Del East"

"¡Rayos, Mark Dimond acaba de superar a Eddie!” le comentó Manny Oquendo, ex-percusionista de La Perfecta, al bajista Andy González al concluir una presentación en el Hotel St. George de Brooklyn. 

El pianista, Mark “Markolino” Dimond "El Bravo Del East" había tocado con la banda Libre de Oquendo, que había actuado al lado de una gran variedad de artistas, incluyendo a Eddie Palmieri—quien había abierto la noche de conciertos. Markolino, quien vivía en la Noventa y Tercera Avenida, es uno de los más grandes talentos anónimos en la historia de la música latina y este disco representa su obra maestra. Dimond se inició con Willie Colón, lo que no es sorprendente cuando uno considera que Willie tenía un oído increíble para el talento y una disposición por traer individuos de varios orígenes al grupo. Tenemos una enorme deuda de gratitud con W.A.C. por sacar de la oscuridad a este mago tecladista afro-americano, para permitir que brillara.


Markolino fue un solista intrépido y yo siento que su música está impregnada de un imponente montuno, cortesía de Eddie Palmieri (su ídolo) y maestros tecladistas cubanos, tales como Peruchín, además de estar fundida con un enfoque de solista cromático innovador de acordes que proviene en parte del alumnado de Coltrane McCoy Tyner, oriundo de Philadelphia, quién influenció a muchos pianistas en las décadas de los 60 y los 70. Mientras que el salto de Coltrane a Palmieri pudiera parecer como un salto enorme, Markolino fue uno de los pocos individuos que tuvo la capacidad de combinar los dos mundos con un alto grado de facilidad.

El socio de Mark en este disco fue otro hombre que cubría la zona del puerto y que tiene una historia igualmente irresistible. “Frankie Dante trabajaba como guardia de seguridad en Macy’s, pero en realidad quería ser John Lennon”, dice mi amigo Larry Harlow, quien produjo esta grabación histórica y tantas otras obras fundamentales en la historia de Fania. “Él era el John Lennon dominicano”, dice Harlow con una gran sonrisa. “Usaba esas gafas redondas de color rosa, igual que John Lennon”.
¿El John Lennon dominicano? Esto es algo que yo jamás me hubiera imaginado en un millón de años, pero creo que tiene algo de sentido cuando uno considera la tremenda influencia que John Lennon ejerció sobre toda la cultura popular, como músico y como hombre. Sin mencionar que Dante, con su propio grupo, la Orquesta Flamboyán, grabó la canción anti-Vietnam titulada, “Paz” en 1969, y después grabó el candente tema político titulado, “Presidente Dante” con Flamboyán y Larry Harlow.
“Frankie era sin duda un excéntrico”, dice Arturo Campa, el colega de Dante que trabajó como sonero para Eddie Palmieri de 1969 a 1974, durante uno de los períodos más memorables y productivos de Eddie. Arturo es un individuo brillante e interesante que rara vez ha concedido entrevistas, así que me súper emocionó cuando aceptó hablar conmigo de sus recuerdos de Frankie Dante. 

“Recuerdo las ocasiones en que salió al escenario vestido de capa y zapatos deportivos durante algunos de sus conciertos. Tenía un traje que llamaba su capa de Batman, y era difícil ignorar u olvidar a este cantante vestido de capa negra”, comenta con humor.
“No creo que la gente percibía a Frankie como un gran cantante”, continúa Campa. “Estaba algo limitado en ese aspecto, pero se veía fuertemente influenciado por el modo de expresarse de Ismael Quintana y esto se percibe claramente en sus grabaciones. Tanto él como Markolino eran muy bien recibidos y el ambiente de la salsa de aquélla época parecía [ser] el de una gran familia”. Andy González hizo eco de este sentimiento cuando me dijo, “Frankie imitaba a Quintana en todo, desde sus movimientos de baile hasta su forma de tocar las maracas”. El recorrido desde John Lennon hasta Ismael Quintana es un camino largo y sinuoso y Frankie Dante recorrió cada milla al verdadero estilo funk.
Un coro estelar apoyó a Dante en este álbum que acredita a Chivirico Dávila como el invitado estrella. Chivirico es un personaje interesante, ya que aunque sólo produjo un puñado de excelentes discos como primera voz para el sello Cotique, su carrera se vio marcada principalmente por ser uno de los primeros coristas en la época dorada de la salsa en Nueva York al lado de individuos tales como Yayo el Indio, quien comparte la tarea de coro en este álbum.
El mayor don que tenía Dávila como cantante solista, era su capacidad para interpretar boleros y aquí su talento fue sabiamente aprovechado. El aspecto más inesperado de la participación de Dávila como artista invitado es que, aunque es evidentemente una gira de Frankie Dante y Markolino, Chivirico es quien realmente canta la primera voz en “Sabrosón”, que por mucho tiempo ha sido el tema bailable favorito de muchos cocolos empedernidos. Chivirico como corista, era incontenible y el equipo de tres voces conformado por Chivirico, Yayo y Pete “Conde” Rodriguez en este álbum, es magia pura. La mezcla que lograron combinar estos individuous es flexible y rítmica a la vez. Sigo impresionado al ver cómo un coro bien ejecutado complementó el poder global del álbum y de hecho, la experiencia total de Fania.


Mark Dimond hizo los arreglos para todo el álbum, excepto la canción, “Yo No Tengo Amigo” de Marty Sheller, uno de los mejores arreglistas en el mundo de la salsa y miembro original del grupo pionero de jazz latino que dirigiera Sabú Martínez. Mientras que se siente una solidez absoluta en todos los arreglos de Mark, el único arreglo de Marty exhibe una sutil sofisticación que no logra igualar Markolino, quien le impartió ritmo al tema pero no poseía la misma perspicacia armónica y profunda que Marty demostró durante muchos años.
Desde el punto de vista de composición, el álbum es mayormente de Mark Dimond quien personalmente compuso cinco de las ocho pistas. Las demás canciones son títulos cubanos, y la última pieza titulada, “Por qué Adoré” la compuso el fenomenal y extraordinario compositor prolífico, Tite Curet Alonso. Esta canción llamó mi atención de manera muy especial mientras escuchaba el álbum con oído crítico, por ser absolutamente inconfundible la poesía que Tite imprime a sus composiciones. Fue muy sagaz la decisión de secuenciar este álbum permitiendo que Tite tuviera la última palabra. De igual manera, comenzar el álbum con el tema original de Markolino titulado “Sabrosón” ofrece la escena perfecta para la vibra suelta y súper funky que impregna a este álbum. Las dos canciones cubanas incluidas en el disco nos recuerdan la deuda que todos tenemos con Cuba y capturan el espíritu de la época del movimiento “típico” que rindió tributo a esa tradición en Nueva York.
Es una pena que Markolino y Frankie no hayan grabado más discos, pero esto también hace que los discos como Beethoven’s V contengan más magia por ser tan inusuales. En un estilo dominado por cubanos y puertorriqueños, esta dupla de un cantante dominicano con un pianista afro-americano sirve como un conmovedor recuerdo del eterno magnetismo universal de la salsa y la vertiginosa complejidad y riqueza de la ciudad de Nueva York que sirvió como incubadora para su florecimiento en el ámbito mundial.


Markolino Dimond con Frankie Dante Beethoven’s V (Cotique 1075)

Artista invitado: Chivirico
Lanzamiento original: 1975



Fuente: www.fania.com

lunes, 17 de septiembre de 2018

SIEMBRA - 40 Años Después...

Petrit Baquero
Autor del Artículo
Por Petrit Baquero

Hace 40 años se lanzó “Siembra”, el álbum más vendido de la historia de la salsa, una obra maestra por sus maravillosas canciones, efectivos y novedosos arreglos, virtuosos músicos, letras llenas de sentido social y posturas políticas contundentes (¡Nicaragua sin Somoza!), extensa duración de los temas y uso de efectos sonoros.


El disco, firmado por Willie Colón y Rubén Blades, representó una verdadera revolución que demostró que la salsa, que de todas formas sonaba (en esos tiempos) rebelde y contestataria, con sus letras y sonidos barriales llenos de orgullo latinoamericano, caribeño y africano, podía trascender a otros espacios con unas letras cargadas de mensajes profundos en un contexto de efervescencia social y política.

Los tres trombones, agresivos y bien afincados; el bajo funkeado del gran Sal Cuevas, la percusión sabrosa de Mangual Jr., Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; los arreglos de cuerdas de Carlos Franzetti y, por supuesto, la dirección musical de Willie Colón, así como las letras y la voz de Rubén Blades, marcaron un camino para quienes están convencidos de que se puede pensar críticamente sin perder el swing y el tumbao (y la rebeldía).

El éxito sin precedentes de “Siembra” atrajo a la salsa a personas que antes no le habían puesto atención, ya que veían al género (como pasa actualmente con otras músicas) como una música de malandros o, en el mejor de los casos, como una manifestación que solo servía para mover el cuerpo pero no la mente. Pero “Siembra” cambió esta percepción pues su impacto le hizo ser objeto –y medio-, no solo para rumbas bacanísimas, sino para análisis profundos y montajes artísticos por parte de investigadores sociales, estudiantes, artistas de otros ámbitos y personas con curiosidad por los nuevos sonidos y las letras originales.

De hecho, cuando oí “Siembra” por primera vez (por ahí en 1988), luego de que mi papá pusiera el álbum en el equipo de la casa (en aquellos tiempos en que la salsa, con Joe Arroyo y el Grupo Niche, me tenían fascinado), sentí un golpe de emoción al descubrir un mundo nuevo. Es que me encantó el comienzo satírico, pero muy chévere, con música “Disco”, de “Plástico” (con su fuerte crítica al arribismo, al clasismo, al racismo y a la pérdida de identidad) que terminaba con un llamado a la unidad latinoamericana. Pero también me fascinó ese son montuno, con solo de trombón de Colón y “solo de boca” de Blades, llamado “Buscando Guayaba”. Y me descrestaron canciones como “María Lionza”, una crónica sobre el sincretismo en Venezuela, que me hizo ir a buscar la montaña de Sorte por Yaracuy; “Dime”, con su tumbao romántico pero con mucho swing; “Ojos”, con esa hermosa poesía de Johnny Ortiz y, por supuesto, “Siembra” con su arreglo espectacular y mensaje, para nada ingenuo, de esperanza que, en esos tiempos y hoy también, algunos creen que es solo una utopía.
Y, claro, mención aparte se merece “Pedro Navaja”, esa maravillosa crónica de Blades sobre un bandido latino en Nueva York que me atrapó gracias a su espectacular arreglo con armonías jazzeadas, sonido urbano (hoy en día muy contemporáneo), efectos sonoros y, sobre todo, por la manera en que, poco a poco (desde un comienzo de solo conga y voz), van entrando, mientras modula la tonalidad, todos los instrumentos hasta el momento en que se encuentran el malandro Pedro Barrios y la prostituta Josefina Wilson, quienes se dan cuenta de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, Ay Dios”.

De hecho, siempre digo que por cuenta de “Pedro Navaja” me fasciné por estudiar las historias de los bandidos y los contextos en los que estos surgen, con lo cual es claro que este álbum ha sido, para mí, mucho más que un mero entretenimiento y, por eso, cabe decir, es que el lanzamiento de mi libro “La nueva guerra verde”, arrancó con mi banda tocando “Pedro Navaja” (lástima que el video se perdió, pero esa es otra historia), ya que esas obras maestras ("Pedro Navaja", claro está) dicen, planean y expresan mucho más de lo que algunos pueden llegar a pensar.

Después de ese álbum las carreras de Colón y Blades jamás serían iguales. Al poco tiempo (y luego de álbumes maravillosos como “Maestra Vida” y “Canciones del solar de los aburridos”) decidieron separarse y seguir cada uno por su lado, con bastantes tensiones hasta una ruptura que parece definitiva cuando, precisamente, hubo líos por las ganancias de un concierto que celebraba, en 2003, los 25 años de este álbum. Asimismo, Rubén Blades (quien, definitivamente, encontró el estrellato con ese álbum, gracias al respaldo de Colón) se dio cuenta de las tumbadas que le pegaban en el sello Fania por cuenta de sus regalías y derechos de autor. También Colón empezó a tener una mirada más amplia sobre lo que implica ser latinoamericano, no solo en el barrio newyorkino, sino en todo el continente (a pesar de lo facho que se volvió después). Y si bien ambos siguieron, por separado, haciendo obras de gran calidad (de Blades, por ejemplo, el maravilloso “Buscando América” y de Colón el grandioso “Fantasmas”, entre muchos más), es claro que “Siembra” es un punto muy alto, no solo en las carreras de esos maravillosos creadores sino en ese género que nos apasiona y que, alguna vez, por cuestiones comerciales, pero también con mucha razón, decidieron llamar “Salsa”.
Así que bien vale la pena celebrar este álbum, sobre todo porque demostró que es posible tener éxito comercial yendo contra la corriente, no plegándose a las modas del momento y haciendo un trabajo honesto que siempre valdrá la pena aplaudir.

Hoy me gozaré, como tantas otras veces, “Siembra” porque, como dice la canción, hay que sembrar y dar frutos de esperanza pa´ los que vienen detrás. Ahí seguiremos, así sea de a poquitos.

SIEMBRA - 40 Años Después...

Petrit Baquero
Autor del Artículo
Por Petrit Baquero

Hace 40 años se lanzó “Siembra”, el álbum más vendido de la historia de la salsa, una obra maestra por sus maravillosas canciones, efectivos y novedosos arreglos, virtuosos músicos, letras llenas de sentido social y posturas políticas contundentes (¡Nicaragua sin Somoza!), extensa duración de los temas y uso de efectos sonoros.


El disco, firmado por Willie Colón y Rubén Blades, representó una verdadera revolución que demostró que la salsa, que de todas formas sonaba (en esos tiempos) rebelde y contestataria, con sus letras y sonidos barriales llenos de orgullo latinoamericano, caribeño y africano, podía trascender a otros espacios con unas letras cargadas de mensajes profundos en un contexto de efervescencia social y política.

Los tres trombones, agresivos y bien afincados; el bajo funkeado del gran Sal Cuevas, la percusión sabrosa de Mangual Jr., Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; los arreglos de cuerdas de Carlos Franzetti y, por supuesto, la dirección musical de Willie Colón, así como las letras y la voz de Rubén Blades, marcaron un camino para quienes están convencidos de que se puede pensar críticamente sin perder el swing y el tumbao (y la rebeldía).

El éxito sin precedentes de “Siembra” atrajo a la salsa a personas que antes no le habían puesto atención, ya que veían al género (como pasa actualmente con otras músicas) como una música de malandros o, en el mejor de los casos, como una manifestación que solo servía para mover el cuerpo pero no la mente. Pero “Siembra” cambió esta percepción pues su impacto le hizo ser objeto –y medio-, no solo para rumbas bacanísimas, sino para análisis profundos y montajes artísticos por parte de investigadores sociales, estudiantes, artistas de otros ámbitos y personas con curiosidad por los nuevos sonidos y las letras originales.

De hecho, cuando oí “Siembra” por primera vez (por ahí en 1988), luego de que mi papá pusiera el álbum en el equipo de la casa (en aquellos tiempos en que la salsa, con Joe Arroyo y el Grupo Niche, me tenían fascinado), sentí un golpe de emoción al descubrir un mundo nuevo. Es que me encantó el comienzo satírico, pero muy chévere, con música “Disco”, de “Plástico” (con su fuerte crítica al arribismo, al clasismo, al racismo y a la pérdida de identidad) que terminaba con un llamado a la unidad latinoamericana. Pero también me fascinó ese son montuno, con solo de trombón de Colón y “solo de boca” de Blades, llamado “Buscando Guayaba”. Y me descrestaron canciones como “María Lionza”, una crónica sobre el sincretismo en Venezuela, que me hizo ir a buscar la montaña de Sorte por Yaracuy; “Dime”, con su tumbao romántico pero con mucho swing; “Ojos”, con esa hermosa poesía de Johnny Ortiz y, por supuesto, “Siembra” con su arreglo espectacular y mensaje, para nada ingenuo, de esperanza que, en esos tiempos y hoy también, algunos creen que es solo una utopía.
Y, claro, mención aparte se merece “Pedro Navaja”, esa maravillosa crónica de Blades sobre un bandido latino en Nueva York que me atrapó gracias a su espectacular arreglo con armonías jazzeadas, sonido urbano (hoy en día muy contemporáneo), efectos sonoros y, sobre todo, por la manera en que, poco a poco (desde un comienzo de solo conga y voz), van entrando, mientras modula la tonalidad, todos los instrumentos hasta el momento en que se encuentran el malandro Pedro Barrios y la prostituta Josefina Wilson, quienes se dan cuenta de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, Ay Dios”.

De hecho, siempre digo que por cuenta de “Pedro Navaja” me fasciné por estudiar las historias de los bandidos y los contextos en los que estos surgen, con lo cual es claro que este álbum ha sido, para mí, mucho más que un mero entretenimiento y, por eso, cabe decir, es que el lanzamiento de mi libro “La nueva guerra verde”, arrancó con mi banda tocando “Pedro Navaja” (lástima que el video se perdió, pero esa es otra historia), ya que esas obras maestras ("Pedro Navaja", claro está) dicen, planean y expresan mucho más de lo que algunos pueden llegar a pensar.

Después de ese álbum las carreras de Colón y Blades jamás serían iguales. Al poco tiempo (y luego de álbumes maravillosos como “Maestra Vida” y “Canciones del solar de los aburridos”) decidieron separarse y seguir cada uno por su lado, con bastantes tensiones hasta una ruptura que parece definitiva cuando, precisamente, hubo líos por las ganancias de un concierto que celebraba, en 2003, los 25 años de este álbum. Asimismo, Rubén Blades (quien, definitivamente, encontró el estrellato con ese álbum, gracias al respaldo de Colón) se dio cuenta de las tumbadas que le pegaban en el sello Fania por cuenta de sus regalías y derechos de autor. También Colón empezó a tener una mirada más amplia sobre lo que implica ser latinoamericano, no solo en el barrio newyorkino, sino en todo el continente (a pesar de lo facho que se volvió después). Y si bien ambos siguieron, por separado, haciendo obras de gran calidad (de Blades, por ejemplo, el maravilloso “Buscando América” y de Colón el grandioso “Fantasmas”, entre muchos más), es claro que “Siembra” es un punto muy alto, no solo en las carreras de esos maravillosos creadores sino en ese género que nos apasiona y que, alguna vez, por cuestiones comerciales, pero también con mucha razón, decidieron llamar “Salsa”.
Así que bien vale la pena celebrar este álbum, sobre todo porque demostró que es posible tener éxito comercial yendo contra la corriente, no plegándose a las modas del momento y haciendo un trabajo honesto que siempre valdrá la pena aplaudir.

Hoy me gozaré, como tantas otras veces, “Siembra” porque, como dice la canción, hay que sembrar y dar frutos de esperanza pa´ los que vienen detrás. Ahí seguiremos, así sea de a poquitos.

Nuestra Programación

Emisoras en Vivo Mundo Salsero Mundo Salsero