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jueves, 16 de abril de 2020

La Muerte de un Pianista - ¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Petrit Baquero
Escritor
Por Petrit Baquero.

Cuando empecé a oír salsa o, más bien, un poquito después, cuando mi papá me puso a escuchar el álbum “Siembra” que, de verdad, marcó muchas cosas en mi vida, quedé maravillado por las letras -y la voz- de Rubén Blades, pero también por los trombones fuertes, aunque complejos armónicamente (que después, en clase de música, supe que eran tres y, a veces, cuatro) que sonaban como pitos de un camión, pero también como un conjunto de jazz de inmejorable calidad.

También quedé descrestado por la percusión afincada y calidosa (bongó-campana, conga y timbal), de José Mangual Jr, Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; por los coros poderosos y realmente varoniles que acompañaban las canciones, por el bajo lleno de efectos y slaps tomados del funk del inolvidable Sal Cuevas, por los arreglos de cuerdas que se inspiraban un poco en el soul y la música disco, y, claro, por el liderazgo y la imagen de malote del gran Willie Colón.

Pero entre toda esa maravillosa orquesta, no fui ajeno a sentir el tumbao sabrosísimo de un señor calvo, con pinta de hombre mayor -tal vez de oficinista-, a quien todos conocían con el sobrenombre del “Profesor”. ¿Y por qué le decían así? No sé, pero supongo que porque podía pasar de tocar un son montuno tradicional a soyarse con un tumbao rockero sin perder el compás y, sobre todo, el swing, algo complejo para el que no estuviera preparado para leer -y sentir- las sutiles transiciones armónicas que planteaban los arreglistas de los discos de Willie Colón como Luis “Perico” Ortiz, Louie Cruz, Héctor Garrido, Marty Sheller y el propio Willie, con “mambos” y sonidos que tenían sofisticación, pero, a la vez, sentido callejero. Eran los tiempos en que Willie grababa las canciones de él mismo y también las de Tite Curet Alonso, Rubén Blades, Johnny Ortiz, Chico Buarque, Eddy Grant y Caetano Veloso, entre muchos otros.
Héctor Lavoe toca el piano, Joe Torres "El Profesor" observa
Foto: Mambo Inn Radio


El “Profesor” se llamaba José "Joe" Torres y, como dice Rubén Blades, ayer “se mudó al otro barrio”. Claro que ya venían anunciando su muerte desde hacía rato por cuenta de la desaparición de otros importantes personajes (un reconocido compositor boricua y el dueño de un restaurante de comida puertorriqueña en Nueva York) que tenían el mismo nombre, sin embargo, ayer sí fue de verdad y el gran pianista newyorikan dio su paso a la eternidad o, de pronto, al nunca jamás (como ustedes lo quieran ver).

Hay que decir que Joe Torres nunca fue un pianista de alto perfil. No. De hecho, jamás formó parte, por ejemplo, de la Fania All Stars y muchas veces, cuando mencionan a los grandes pianistas de la salsa como Papo Lucca, Ricardo Ray, Eddie Palmieri, Larry Harlow, nuestro Edy Martínez, Óscar Hernández, José Lugo o “el Pulpo” Colón, su nombre, al parecer, se olvida. Sin embargo, si uno averigua por las grabaciones en las que participó y el papel preponderante que tuvo en el piano, el fender rohdes o cualquier otro teclado, quedaba claro que Torres fue un músico de grandes quilates.

Es que Torres es el pianista de “La Murga”, de “Plástico”, de “Pedro Navaja”, de “Oh, qué será”, de “Juanito Alimaña”, de “Calle luna, calle sol”, de “Plantación adentro”, de “Usted abusó”, de “Maestra vida”, de “Periódico de ayer”, de “Che che colé”, de "Buscando guayaba" y de muchas más piezas históricas acompañando a Willie Colón, Rubén Blades, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Soledad Bravo y Bobby Valentín, entre otros.

Joe Torres "El Profesor" atrás toca el piano,
Héctor Lavoe adelante

Foto: Mambo Inn Radio
Tal vez por eso, Héctor Lavoe dijo que el “Profesor” era el “que se come los guineos y se fuma la cáscara” y yo, que me maravillo observando por Youtube los videos de esa orquesta en los años setenta y comienzos de los ochenta, lo veo como uno de esos personajes curtidos que ya parecían viejos en esa época por su cabeza rapada, la boca abierta al tocar, unas gafas bien grandes y un aparente bajo perfil en el que no mostraba grandes alardes, pero sí muchísimo sabor tocando en la orquesta más vendedora de todos los tiempos de la salsa, ese género musical que tanto nos apasiona.

Con Willie Colón, el profesor Joe Torres tocó salsa de la mejor, es decir, esa que se nutrió de la música del Brasil con sus complejas armonías y lindísimas melodías, del funk y el rock que, con agresividad, se hacían presentes en todo momento; del merengue disco -o del merengue Bossa Nova- que tanto le gustaban al malo del Bronx; de la bomba y la plena puertorriqueñas, de la cumbia bomba del ritmo Wac, de los sonidos africanos, de la gaita zuliana, de la música jíbara puertorriqueña y, por supuesto, de todo ese caudal de música cubana que siempre habrá que mencionar.

De esa gran banda han partido ya varios (el año pasado se fueron dos) y, en estos tiempos complejos y de incertidumbre, se han ido, por diferentes razones, importantísimos músicos (por ejemplo, Andy González, el gran bajista que murió hace dos días; Bill Withers, el maravilloso cantautor que partió un poco antes; Manu Dibango, el célebre saxofonista camerunés que murió en su amada Paris; Tito Ramos, el inolvidable cantante de los tiempos del latin soul; Elis Marsalis, el patriarca de una legendaria dinastía de músicos de jazz; Moraes Moreira, el grandioso creador de esa irresistible fusión que fueron en Brasil los Novos bahianos…) y ahora le tocó al gran Joe Torres.

Es curioso, pero desde hace unos meses andaba siguiéndole la pista e incluso el maestro Edy Martínez me dijo que iba a averiguar al respecto. También pregunté por él hace menos de una semana en uno de esos portales de salsa que siempre me enseñan tantas cosas, y por eso entré en contacto con uno de sus amigos quien me dijo que el “Profesor” vivía en el Bronx, aunque bastante delicado de salud. Le envié mis saludos manifestándole mi gran aprecio, aunque creo que su amigo -por obvias razones- no alcanzó a verse de nuevo con él.

Hay que decir que en la mayoría de ocasiones se habla es de las rutilantes estrellas o de los personajes “exitosos”, pero muchas veces se desconoce a esos orfebres, cómplices, compinches, trabajadores y talentosos creadores que han sido fundamentales para que esas expresiones del talento humano nos ayuden a conocer, a través del arte o de cualquier otra cosa, viejos, nuevos o diferentes mundos. El “Profesor” -que en realidad le decían así porque se dedicó a enseñar música y piano por muchos años-, fue uno de ellos. Por eso, que bien valga la pena celebrar la vida, obra y los aportes de este gran artista que me ayudó a hacer la vida más chévere, antes, ahora y -espero yo- mañana.
 
¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Dedicado a... 
Alicia Orjuela Quintero,
Catalina Roldán, 
Edward Bocanegra y
 al legendario Marco Vinicio Amado Garrido "Markomix"

martes, 19 de julio de 2016

“En la Salsa hay mucho Payaso”: Willie Colón

John Cerón del periódico El Espacio de Colombia, realizó la entrevista a Willie Colón donde contestó algunas preguntas sobre su carrera musical y otros aspectos de su vida artística. Recordado por su éxitos ‘Gitana’, ‘Sin poderte hablar’, ‘Idilio’, ‘El gran varón’ y por supuesto por el dúo dinámico que conformó con Héctor Lavoe.


El Salsero afirmó “estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Solo hay un Héctor Lavoe y los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

¿Cómo lograron para hacer que la música salsa perdurara tantos años? “Por más que algunos sabios digan que la salsa es de aquí o de allá o que es así o asá, ellos están hablando babosadas. La razón es que esta se formó solita. Debido a los ingredientes en el ambiente de Nueva York, que fue un terreno fértil para un proceso orgánico. Las corporaciones y los artistas fabricados de hoy no tienen idea de lo que es la verdadera salsa. Muchos de estos cantantes, son excelentes interpretes, y creen que con solo poder cantar bien todo lo demás va caer en su sitio. La verdad es que se necesitan muchas cosas. Hay que conocer las raíces, la música vieja para empezar. Tienes que tener mucha hambre. Hay que sufrir para poder apreciar el alivio y la libertad de una rumba buena”.

¿Cómo era ese New York, en cuanto a orquestas? “Era un New York de esperanzas, de retos, de oportunidades, pero también de racismo, peligros y humillaciones. El latino no se asimiló como los italianos, los irlandeses, los griegos, etc. La música la traíamos en el corazón y era una verdad tan poderosa que se convirtió para muchos de nosotros en un consuelo ante la adversidades. Una fuerza que nos unía, nuestra nueva identidad como latinos en un mundo nuevo. Para los 60’s ya nuestra música era un brasa encendida en todos nuestros vecindarios. Un pasatiempo para los bailadores que les proveía una oportunidad para poder conocer su media naranja. Para los músicos era un chance para empezar una carrera. Para los empresarios un mercado intacto. Todo este nuevo mundo del disquero, el promotor, el bailador y el músico circulaba por la melodía”.

¿Por qué el trombón? “El trombón era algo nuevo. En esos tiempos todas las orquestas eran de trompetas y saxos. Grandes grupos de 12 a 18 músicos. Muchas bocas para alimentar. Había poca amplificación. Cuando primero oí a Mon Rivera cantando con Joe Cotto, ‘Dolores La Pachanguera’ y empezó un solo de trombón del gran maestro Barry Rogers, me enamoré del instrumento y cambié de trompeta a trombón de pistones y después a trombón de vara. Con 2 trombones y uno de esos nuevos amplificadores que salieron cuando yo empecé hacíamos más ruido que los bandones tradicionales”.

¿Su decisión de ser salsero quién se la dio o de dónde se inspiró? “De los muchachos mayores del bloque. Ellos tocaban congas, cencerros y escuchaban a Tito Puente, Tito Rodríguez y a Machito. Yo entendí que para poder ganar su respeto tenía que aprender de la música. Decidí que no quería ser un percusionista. Empecé a estudiar teclados, flauta, trompeta y finalmente el trombón. Entendí que esto podía ser una manera digna de ganarme la vida. Éramos pobres y lo único que necesitaba era un instrumento y muchas ganas de triunfar. Mi familia me apoyaba orgullosamente”.

¿Cuándo compone en qué piensa? “Todo depende. La idea puede ser premeditada o puede llegar de la nada. Algunas veces uno oye algo o lee algo o se le ocurre algo que no es musical, pero que es un pedazo de información que me urge tratar de compartir y le busco forma en prosa y melodía. En ese caso es una idea. Otras veces llega una melodía que empieza a desarrollarse en tu cabeza; entonces digo que tengo que ponerle música y palabras. Hay muchas canciones que nunca llegan a ser escritas porque el proceso de vivir las troncha, puede sonar el teléfono o alguien te puede saludar o no tienes grabador, papel, pluma u otra manera para recordarla y se pierden para siempre”.

¿En sus ratos libres, qué música escucha? “De todo menos rap y reguetton. Ya estoy viejo y no me entra. Me gusta oír música en otros idiomas: turco, hebreo, alemán, portugués, italiano, irlandés, ruso, chino, todo es bueno. Me gusta la música instrumental, también me gusta escuchar una música y adivinar de que parte del mundo salió. Oigo rock, gaita, cumbia, jazz, calipso, plena, bomba, vallenato, huapango, tango. Todo es bueno”.

¿De los temas que ha cantado, cuál es el más significativo y por qué? Creo que fue Che Che Colé. Fue mi partida a un pensamiento más experimental. Lo importante fue que el riesgo fue bien recibido y compensado. De no haber sido así, ¿Quién sabe dónde estaría hoy?

¿Cuénteme un poco del álbum Asalto de Navidad 1? “Asalto de Navidad fue un reto para mí. Quise hacer tributo a la música de mi abuela Antonia Pintor. Antes de eso los ‘Niuyoricans’ y los jibaros que llegaban a New York se burlaban de la música de cuerdas. Le llamaban el “guilingiguiling”. Algo como la bachata de hoy. Yo busqué a Yomo Toro que trabajaba en un bar al lado de donde laboraba mi mamá, en la calle 149 entre Brook Avenue y Willis Avenue en el Bronx, ‘La Campana’. Cuando le pregunté cómo íbamos a grabar el cuatro, porque yo nunca había grabado uno, él pensó que yo le pedía que tocara guitarra eléctrica. Yo traté de crear una cama donde Yomo, que era salsero, pudiera tocar sus aguinaldos y música jibara tal cual siempre la tocaba y nosotros le daríamos vuelo con un masacote fino, pero obedeciendo la forma de la música autóctona de Puerto Rico. Lo único que faltaba era la voz del jibarito Héctor Lavoe, quien entró como pez en el agua. La química fue increíble. Nadie podía esperar que saliera algo tan sabroso, tan autentico y tan diferente. Pero como te dije ante, es un proceso orgánico. La salsa se hace solita”.

¿A quién le dejará su legado musical, sabiendo que usted es de los salseros más importantes del mundo? “A todo el que la reciba. Me siento dichoso y agradecido por el cariño y la generosidad del público que me viene a ver y ha comprado mis grabaciones a través de casi 50 años. No me puedo quejar, son pocos los que tienen la suerte que tuve. Ese legado puede seguir sonando y se puede apagar cuando me vaya, no importa, lo que cuenta es que movió e hizo vibrar multitudes mientras estuve y eso es el tesoro que me llevo”.

José Mangual Jr., en una entrevista me dijo que la esencia y la hermosa sonoridad de esos álbumes que ustedes grabaron con el sello Fania, además de su ingenio e innovación, era que lo hacían con la orquesta en pleno. ¿Cuénteme un poco de esos momentos? “Esos muchachos son monstruos en esta profesión. José Mangual Jr., Milton Cardona, Profesor Joe Torres. Se unieron conmigo y Héctor. Creyeron en el proyecto y se atrevieron a experimentar en lo que sea. Ellos entendían que la salsa era una manera de hacer música, un concepto. Aunque algunos nos criticaban y ellos bien sabían tocar como los otros. Conmigo rompieron las reglas e hicimos algo diferente. Algo audaz, algo muy nuestro”.

¿Podrá existir otro Héctor Lavoe? ¡Seguro que sí! En otra galaxia, u otra dimensión paralela, pero en este planeta no señorito. Estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo de trabajo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Se creen que cotorreando sus soneos palabra por palabra es que están cantando. Es oportunismo descarado. Solo hay un Héctor LaVoe y que vengan los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

Gracias maestro Willie Colón por esta entrevista. Solo resta decir que Colombia ha sido tan fiel a este género, que tengo que decirle de parte mía, de los integrantes de mi orquesta y todos mis colegas, ¡gracias Colombia! por cargar la antorcha. El próximo viernes estaré nuevamente en este maravilloso país brindando mis canciones”.

Textos: Periódico El Espacio (John Cerón)

“En la Salsa hay mucho Payaso”: Willie Colón

John Cerón del periódico El Espacio de Colombia, realizó la entrevista a Willie Colón donde contestó algunas preguntas sobre su carrera musical y otros aspectos de su vida artística. Recordado por su éxitos ‘Gitana’, ‘Sin poderte hablar’, ‘Idilio’, ‘El gran varón’ y por supuesto por el dúo dinámico que conformó con Héctor Lavoe.


El Salsero afirmó “estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Solo hay un Héctor Lavoe y los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

¿Cómo lograron para hacer que la música salsa perdurara tantos años? “Por más que algunos sabios digan que la salsa es de aquí o de allá o que es así o asá, ellos están hablando babosadas. La razón es que esta se formó solita. Debido a los ingredientes en el ambiente de Nueva York, que fue un terreno fértil para un proceso orgánico. Las corporaciones y los artistas fabricados de hoy no tienen idea de lo que es la verdadera salsa. Muchos de estos cantantes, son excelentes interpretes, y creen que con solo poder cantar bien todo lo demás va caer en su sitio. La verdad es que se necesitan muchas cosas. Hay que conocer las raíces, la música vieja para empezar. Tienes que tener mucha hambre. Hay que sufrir para poder apreciar el alivio y la libertad de una rumba buena”.

¿Cómo era ese New York, en cuanto a orquestas? “Era un New York de esperanzas, de retos, de oportunidades, pero también de racismo, peligros y humillaciones. El latino no se asimiló como los italianos, los irlandeses, los griegos, etc. La música la traíamos en el corazón y era una verdad tan poderosa que se convirtió para muchos de nosotros en un consuelo ante la adversidades. Una fuerza que nos unía, nuestra nueva identidad como latinos en un mundo nuevo. Para los 60’s ya nuestra música era un brasa encendida en todos nuestros vecindarios. Un pasatiempo para los bailadores que les proveía una oportunidad para poder conocer su media naranja. Para los músicos era un chance para empezar una carrera. Para los empresarios un mercado intacto. Todo este nuevo mundo del disquero, el promotor, el bailador y el músico circulaba por la melodía”.

¿Por qué el trombón? “El trombón era algo nuevo. En esos tiempos todas las orquestas eran de trompetas y saxos. Grandes grupos de 12 a 18 músicos. Muchas bocas para alimentar. Había poca amplificación. Cuando primero oí a Mon Rivera cantando con Joe Cotto, ‘Dolores La Pachanguera’ y empezó un solo de trombón del gran maestro Barry Rogers, me enamoré del instrumento y cambié de trompeta a trombón de pistones y después a trombón de vara. Con 2 trombones y uno de esos nuevos amplificadores que salieron cuando yo empecé hacíamos más ruido que los bandones tradicionales”.

¿Su decisión de ser salsero quién se la dio o de dónde se inspiró? “De los muchachos mayores del bloque. Ellos tocaban congas, cencerros y escuchaban a Tito Puente, Tito Rodríguez y a Machito. Yo entendí que para poder ganar su respeto tenía que aprender de la música. Decidí que no quería ser un percusionista. Empecé a estudiar teclados, flauta, trompeta y finalmente el trombón. Entendí que esto podía ser una manera digna de ganarme la vida. Éramos pobres y lo único que necesitaba era un instrumento y muchas ganas de triunfar. Mi familia me apoyaba orgullosamente”.

¿Cuándo compone en qué piensa? “Todo depende. La idea puede ser premeditada o puede llegar de la nada. Algunas veces uno oye algo o lee algo o se le ocurre algo que no es musical, pero que es un pedazo de información que me urge tratar de compartir y le busco forma en prosa y melodía. En ese caso es una idea. Otras veces llega una melodía que empieza a desarrollarse en tu cabeza; entonces digo que tengo que ponerle música y palabras. Hay muchas canciones que nunca llegan a ser escritas porque el proceso de vivir las troncha, puede sonar el teléfono o alguien te puede saludar o no tienes grabador, papel, pluma u otra manera para recordarla y se pierden para siempre”.

¿En sus ratos libres, qué música escucha? “De todo menos rap y reguetton. Ya estoy viejo y no me entra. Me gusta oír música en otros idiomas: turco, hebreo, alemán, portugués, italiano, irlandés, ruso, chino, todo es bueno. Me gusta la música instrumental, también me gusta escuchar una música y adivinar de que parte del mundo salió. Oigo rock, gaita, cumbia, jazz, calipso, plena, bomba, vallenato, huapango, tango. Todo es bueno”.

¿De los temas que ha cantado, cuál es el más significativo y por qué? Creo que fue Che Che Colé. Fue mi partida a un pensamiento más experimental. Lo importante fue que el riesgo fue bien recibido y compensado. De no haber sido así, ¿Quién sabe dónde estaría hoy?

¿Cuénteme un poco del álbum Asalto de Navidad 1? “Asalto de Navidad fue un reto para mí. Quise hacer tributo a la música de mi abuela Antonia Pintor. Antes de eso los ‘Niuyoricans’ y los jibaros que llegaban a New York se burlaban de la música de cuerdas. Le llamaban el “guilingiguiling”. Algo como la bachata de hoy. Yo busqué a Yomo Toro que trabajaba en un bar al lado de donde laboraba mi mamá, en la calle 149 entre Brook Avenue y Willis Avenue en el Bronx, ‘La Campana’. Cuando le pregunté cómo íbamos a grabar el cuatro, porque yo nunca había grabado uno, él pensó que yo le pedía que tocara guitarra eléctrica. Yo traté de crear una cama donde Yomo, que era salsero, pudiera tocar sus aguinaldos y música jibara tal cual siempre la tocaba y nosotros le daríamos vuelo con un masacote fino, pero obedeciendo la forma de la música autóctona de Puerto Rico. Lo único que faltaba era la voz del jibarito Héctor Lavoe, quien entró como pez en el agua. La química fue increíble. Nadie podía esperar que saliera algo tan sabroso, tan autentico y tan diferente. Pero como te dije ante, es un proceso orgánico. La salsa se hace solita”.

¿A quién le dejará su legado musical, sabiendo que usted es de los salseros más importantes del mundo? “A todo el que la reciba. Me siento dichoso y agradecido por el cariño y la generosidad del público que me viene a ver y ha comprado mis grabaciones a través de casi 50 años. No me puedo quejar, son pocos los que tienen la suerte que tuve. Ese legado puede seguir sonando y se puede apagar cuando me vaya, no importa, lo que cuenta es que movió e hizo vibrar multitudes mientras estuve y eso es el tesoro que me llevo”.

José Mangual Jr., en una entrevista me dijo que la esencia y la hermosa sonoridad de esos álbumes que ustedes grabaron con el sello Fania, además de su ingenio e innovación, era que lo hacían con la orquesta en pleno. ¿Cuénteme un poco de esos momentos? “Esos muchachos son monstruos en esta profesión. José Mangual Jr., Milton Cardona, Profesor Joe Torres. Se unieron conmigo y Héctor. Creyeron en el proyecto y se atrevieron a experimentar en lo que sea. Ellos entendían que la salsa era una manera de hacer música, un concepto. Aunque algunos nos criticaban y ellos bien sabían tocar como los otros. Conmigo rompieron las reglas e hicimos algo diferente. Algo audaz, algo muy nuestro”.

¿Podrá existir otro Héctor Lavoe? ¡Seguro que sí! En otra galaxia, u otra dimensión paralela, pero en este planeta no señorito. Estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo de trabajo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Se creen que cotorreando sus soneos palabra por palabra es que están cantando. Es oportunismo descarado. Solo hay un Héctor LaVoe y que vengan los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

Gracias maestro Willie Colón por esta entrevista. Solo resta decir que Colombia ha sido tan fiel a este género, que tengo que decirle de parte mía, de los integrantes de mi orquesta y todos mis colegas, ¡gracias Colombia! por cargar la antorcha. El próximo viernes estaré nuevamente en este maravilloso país brindando mis canciones”.

Textos: Periódico El Espacio (John Cerón)

viernes, 31 de julio de 2015

Willie Colón busca acercarse a las nuevas generaciones

Miami.- El cantante y compositor Willie Colón asegura que seguirá experimentando con nuevos ritmos para fusionarlos con la salsa, con intención de "mantener vigente este género" y "acercarse a públicos más jóvenes", según declaró a Efe.


"Afortunadamente la salsa tiene una demografía muy amplia y por eso se ha mantenido a través del tiempo, pero para que la música siga evolucionando es importante que se prueben cosas nuevas", manifestó el músico, cuyo disco "El malo II, Prisioneros del mambo" (2008) incluyó también sonidos propios de la balada y la música urbana.

El trombonista señaló que aunque hoy en día resulta "difícil competir" con el "boom de los nuevos géneros urbanos", en lo personal es optimista sobre la vigencia de la salsa, sobre todo cuando en sus giras se encuentra con músicos "cada vez más jóvenes y talentosos que van a mantener al ritmo vivo".

Afirmó, no obstante, que "es necesario que las compañías productoras y empresarios le apunten más a la salsa".

"Otros géneros van y vienen, pero la salsa sigue, no hay que dejarla morir", agregó el llamado "Malo del Bronx", y quien este fin de semana actuará en Miami (Florida), como parte del Festival Internacional de la Salsa que se celebra en esta ciudad.

A sus 64 años de edad, William Anthony Colón Román acumula más de 50 producciones discográficas y alrededor de 30 millones de copias vendidas a lo largo de su carrera musical, iniciada cuando apenas tenía 15 años en Nueva York, ciudad en la que nació y fue inspiración de varias de sus composiciones.

Junto con otras leyendas salseras como Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Jonny Pachecco, Andy Harlow, o la Sonora Ponceña, el veterano músico sacó adelante el legendario sello discográfico Fania Records, señalada como la plataforma que lanzó el género de la salsa a nivel mundial.

La dupla que formó con el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, con quien Cólón grabó más de una docena de discos y a quien le guarda gratitud porque le debe su "éxito y carrera", consolidó en los años 1970 el llamado "sonido del barrio", que desde la urbe neoyorquina se extendió a toda la comunidad hispana en Estados Unidos y Latinoamérica.

Durante su trayectoria, en la que también destacó como productor musical, trabajó en colaboración con artistas notables como Rubén Blades, Celia Cruz y David Byrne.

En 2010 grabó junto al colombiano Fonseca el sencillo "Estar Lejos", una fusión de bolero y pop latino que llegó a ser nominada a un Latin Grammy en la categoría "Mejor canción tropical".

Merecedor de un sinnúmero de galardones, entre ellos un Grammy Latino a la "Excelencia Musical" en 2004, Colón asegura que continuará trabajando mientras mantenga la convicción de que lo que hace "es importante y tiene influencia", cómo lo refleja que en sus presentaciones los "jóvenes cantan y piden sus canciones con energía".

"En los conciertos que realizamos en Latinoamérica hay una asistencia masiva de hasta 100.000 personas, desde jovencitos hasta abuelitos. La gente sigue pidiendo más salsa", aseveró.

El salsero se presentará en Miami hoy y mañana domingo, como parte destacada del cartel del Festival Internacional de la Salsa, evento iniciado el pasado jueves y en el que sus organizadores esperan congregar a más de 40.000 personas.

Colón promete desplegar en sus dos presentaciones el repertorio que lo ha consagrado como una de las principales figuras de este género, entre ellos "Idilio", "Gitana", "Amor verdadero" y "Gran Varón".

El festival rendirá tributo a las fallecidas estrellas Héctor Lavoe y de la cantante cubana Celia Cruz, a quien Colón dedicará la canción "Usted Abusó"

Fuente: Agencia EFE

Willie Colón busca acercarse a las nuevas generaciones

Miami.- El cantante y compositor Willie Colón asegura que seguirá experimentando con nuevos ritmos para fusionarlos con la salsa, con intención de "mantener vigente este género" y "acercarse a públicos más jóvenes", según declaró a Efe.


"Afortunadamente la salsa tiene una demografía muy amplia y por eso se ha mantenido a través del tiempo, pero para que la música siga evolucionando es importante que se prueben cosas nuevas", manifestó el músico, cuyo disco "El malo II, Prisioneros del mambo" (2008) incluyó también sonidos propios de la balada y la música urbana.

El trombonista señaló que aunque hoy en día resulta "difícil competir" con el "boom de los nuevos géneros urbanos", en lo personal es optimista sobre la vigencia de la salsa, sobre todo cuando en sus giras se encuentra con músicos "cada vez más jóvenes y talentosos que van a mantener al ritmo vivo".

Afirmó, no obstante, que "es necesario que las compañías productoras y empresarios le apunten más a la salsa".

"Otros géneros van y vienen, pero la salsa sigue, no hay que dejarla morir", agregó el llamado "Malo del Bronx", y quien este fin de semana actuará en Miami (Florida), como parte del Festival Internacional de la Salsa que se celebra en esta ciudad.

A sus 64 años de edad, William Anthony Colón Román acumula más de 50 producciones discográficas y alrededor de 30 millones de copias vendidas a lo largo de su carrera musical, iniciada cuando apenas tenía 15 años en Nueva York, ciudad en la que nació y fue inspiración de varias de sus composiciones.

Junto con otras leyendas salseras como Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Jonny Pachecco, Andy Harlow, o la Sonora Ponceña, el veterano músico sacó adelante el legendario sello discográfico Fania Records, señalada como la plataforma que lanzó el género de la salsa a nivel mundial.

La dupla que formó con el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, con quien Cólón grabó más de una docena de discos y a quien le guarda gratitud porque le debe su "éxito y carrera", consolidó en los años 1970 el llamado "sonido del barrio", que desde la urbe neoyorquina se extendió a toda la comunidad hispana en Estados Unidos y Latinoamérica.

Durante su trayectoria, en la que también destacó como productor musical, trabajó en colaboración con artistas notables como Rubén Blades, Celia Cruz y David Byrne.

En 2010 grabó junto al colombiano Fonseca el sencillo "Estar Lejos", una fusión de bolero y pop latino que llegó a ser nominada a un Latin Grammy en la categoría "Mejor canción tropical".

Merecedor de un sinnúmero de galardones, entre ellos un Grammy Latino a la "Excelencia Musical" en 2004, Colón asegura que continuará trabajando mientras mantenga la convicción de que lo que hace "es importante y tiene influencia", cómo lo refleja que en sus presentaciones los "jóvenes cantan y piden sus canciones con energía".

"En los conciertos que realizamos en Latinoamérica hay una asistencia masiva de hasta 100.000 personas, desde jovencitos hasta abuelitos. La gente sigue pidiendo más salsa", aseveró.

El salsero se presentará en Miami hoy y mañana domingo, como parte destacada del cartel del Festival Internacional de la Salsa, evento iniciado el pasado jueves y en el que sus organizadores esperan congregar a más de 40.000 personas.

Colón promete desplegar en sus dos presentaciones el repertorio que lo ha consagrado como una de las principales figuras de este género, entre ellos "Idilio", "Gitana", "Amor verdadero" y "Gran Varón".

El festival rendirá tributo a las fallecidas estrellas Héctor Lavoe y de la cantante cubana Celia Cruz, a quien Colón dedicará la canción "Usted Abusó"

Fuente: Agencia EFE

jueves, 26 de junio de 2008

Héctor Lavoe: La Leyenda de un Guerrero

Si Héctor Lavoe estuviera vivo seguramente estaría ahora mismo en Tokio enloqueciendo a los japoneses con el montuno de la Murga, o tal vez estaría en Viña del Mar cantando una divertida versión de "allá en el rancho grande" a dúo con el vocalista de Café Tacuba. Pero no, ya hace 15 años que se fue con su música a otra parte, hace 15 años que su voz dejó de sonear, dejó de cantar las alegrías y desventuras de esa república llamada El Caribe. Finalmente el 29 de junio de 1993 el guerrero sucumbió a tantos “tatequietos” de la vida. Quiso el destino que Héctor prácticamente viviera su vida en la tarima, fuera de ella era una sombra oscura que deambulaba en busca del alivio doloroso de la droga. Y fue esta precisamente quien finalmente se convirtiera en la criptonita del superman boricua. A Héctor Lavoe sea quizás a quien mejor le quede la manida frase: "mi vida es cantar".

Fuera de los clubes nocturnos de Nueva York el transcur
rir de sus días era una lenta agonía de peleas con la Puchi (su mujer) y de pinchazos de heroína, un infierno que se hizo más agobiante desde el momento en que su hijo fue pulverizado de una bala en el pecho, de forma accidental pero certera. A partir de ese momento el guerrero perdió sus fuerzas, y lo único que lo mantenía vivo era la certeza de poder cantar cada vez con menos ímpetu pero con más sabor, el sabor de los dolores de su alma.

La leyenda de Héctor había sido forjada a fuerza de canciones en la prodigiosa década de los 70 en donde había sido el cantante más importante de una década llena de cantantes importantes. En esos años se convertiría en el indiscutible sonero del barrio latino de Nueva York. En esa misma década conocería centros de rehabilitación y desintoxicación y pasaría no pocas temporadas extraviado en el infierno de las drogas. Pero en la medida en que su vida se iba convirtiendo en un vendaval de desenfreno y de excesos, su carrera como cantante crecía vertiginosamente. Llegada la década de los 80 Héctor Lavoe era, que duda cabía de ello, el cantante de los cantantes, la voz de la salsa. Sin embargo los 80 trajo consigo el merengue y con ello la decadencia de la salsa. Decadencia que puso en peligro muchas carreras exitosas, incluso la del propio Héctor, cuya vida era cada vez más autodestructiva. Pero su talento era tanto que no dejó de producir discos y de hacer presentaciones.

En el año de 1986 un hecho reviviría los días de gloria del mítico sonero: es contratado para presentarse por primera y única vez en el Perú. Esto no había ocurrido antes, a pesar de que el pueblo peruano y en especial los chalacos (nombre que reciben los nacidos en el puerto del Callao) sentían por él una idolatría desmesurada. En agosto de ese año Héctor realiza seis presentaciones en la feria del Hogar, y desde ese momento quedó sellado con sabrosura, el amor incondicional que desde siempre existía entre el sonero boricua y el pueblo peruano. Esto representa un nuevo aire para un alicaído Héctor, y para el pueblo chalaco el descubrimiento de su ídolo mayor. A la despedida de Héctor asistirán 120.000 personas, éste realizará un último concierto (no regresará más) para marcar su despedida definitiva del Perú pero quedaría tatuado en el corazón de miles de peruanos. En 1987 y 1988 Héctor va a sufrir una serie de calamidades. En ese tiempo la muerte de su padre, de su suegra y, la más dolorosa, la de su hijo, lo sumen en un estado depresivo que lo lleva a lanzarse del noveno piso del hotel Regency en San Juan de Puerto Rico, caída de la cual logra sobrevivir, pero con un estado de salud tan precario que apenas puede caminar y hablar. Finalmente la factura de los excesos de Héctor llega con un saldo trágico: SIDA. Continúan los tormentos del sonero. Refugiado únicamente en una terrible soledad, de vez en cuando aparece para balbucear algunas estrofas de sus canciones en uno que otro circo, montado por empresarios vampiros que sólo se interesan en el dinero. Así la vida de Héctor se va extinguiendo poco a poco hasta que finalmente el 29 de junio de 1993 muere como consecuencia de que el corazón, de donde salió tanto sentimiento y sabor, se detuviera para siempre.







Alejandro Moreno


Héctor Lavoe: La Leyenda de un Guerrero

Si Héctor Lavoe estuviera vivo seguramente estaría ahora mismo en Tokio enloqueciendo a los japoneses con el montuno de la Murga, o tal vez estaría en Viña del Mar cantando una divertida versión de "allá en el rancho grande" a dúo con el vocalista de Café Tacuba. Pero no, ya hace 15 años que se fue con su música a otra parte, hace 15 años que su voz dejó de sonear, dejó de cantar las alegrías y desventuras de esa república llamada El Caribe. Finalmente el 29 de junio de 1993 el guerrero sucumbió a tantos “tatequietos” de la vida. Quiso el destino que Héctor prácticamente viviera su vida en la tarima, fuera de ella era una sombra oscura que deambulaba en busca del alivio doloroso de la droga. Y fue esta precisamente quien finalmente se convirtiera en la criptonita del superman boricua. A Héctor Lavoe sea quizás a quien mejor le quede la manida frase: "mi vida es cantar".

Fuera de los clubes nocturnos de Nueva York el transcur
rir de sus días era una lenta agonía de peleas con la Puchi (su mujer) y de pinchazos de heroína, un infierno que se hizo más agobiante desde el momento en que su hijo fue pulverizado de una bala en el pecho, de forma accidental pero certera. A partir de ese momento el guerrero perdió sus fuerzas, y lo único que lo mantenía vivo era la certeza de poder cantar cada vez con menos ímpetu pero con más sabor, el sabor de los dolores de su alma.

La leyenda de Héctor había sido forjada a fuerza de canciones en la prodigiosa década de los 70 en donde había sido el cantante más importante de una década llena de cantantes importantes. En esos años se convertiría en el indiscutible sonero del barrio latino de Nueva York. En esa misma década conocería centros de rehabilitación y desintoxicación y pasaría no pocas temporadas extraviado en el infierno de las drogas. Pero en la medida en que su vida se iba convirtiendo en un vendaval de desenfreno y de excesos, su carrera como cantante crecía vertiginosamente. Llegada la década de los 80 Héctor Lavoe era, que duda cabía de ello, el cantante de los cantantes, la voz de la salsa. Sin embargo los 80 trajo consigo el merengue y con ello la decadencia de la salsa. Decadencia que puso en peligro muchas carreras exitosas, incluso la del propio Héctor, cuya vida era cada vez más autodestructiva. Pero su talento era tanto que no dejó de producir discos y de hacer presentaciones.

En el año de 1986 un hecho reviviría los días de gloria del mítico sonero: es contratado para presentarse por primera y única vez en el Perú. Esto no había ocurrido antes, a pesar de que el pueblo peruano y en especial los chalacos (nombre que reciben los nacidos en el puerto del Callao) sentían por él una idolatría desmesurada. En agosto de ese año Héctor realiza seis presentaciones en la feria del Hogar, y desde ese momento quedó sellado con sabrosura, el amor incondicional que desde siempre existía entre el sonero boricua y el pueblo peruano. Esto representa un nuevo aire para un alicaído Héctor, y para el pueblo chalaco el descubrimiento de su ídolo mayor. A la despedida de Héctor asistirán 120.000 personas, éste realizará un último concierto (no regresará más) para marcar su despedida definitiva del Perú pero quedaría tatuado en el corazón de miles de peruanos. En 1987 y 1988 Héctor va a sufrir una serie de calamidades. En ese tiempo la muerte de su padre, de su suegra y, la más dolorosa, la de su hijo, lo sumen en un estado depresivo que lo lleva a lanzarse del noveno piso del hotel Regency en San Juan de Puerto Rico, caída de la cual logra sobrevivir, pero con un estado de salud tan precario que apenas puede caminar y hablar. Finalmente la factura de los excesos de Héctor llega con un saldo trágico: SIDA. Continúan los tormentos del sonero. Refugiado únicamente en una terrible soledad, de vez en cuando aparece para balbucear algunas estrofas de sus canciones en uno que otro circo, montado por empresarios vampiros que sólo se interesan en el dinero. Así la vida de Héctor se va extinguiendo poco a poco hasta que finalmente el 29 de junio de 1993 muere como consecuencia de que el corazón, de donde salió tanto sentimiento y sabor, se detuviera para siempre.







Alejandro Moreno


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