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jueves, 16 de abril de 2020

La Muerte de un Pianista - ¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Petrit Baquero
Escritor
Por Petrit Baquero.

Cuando empecé a oír salsa o, más bien, un poquito después, cuando mi papá me puso a escuchar el álbum “Siembra” que, de verdad, marcó muchas cosas en mi vida, quedé maravillado por las letras -y la voz- de Rubén Blades, pero también por los trombones fuertes, aunque complejos armónicamente (que después, en clase de música, supe que eran tres y, a veces, cuatro) que sonaban como pitos de un camión, pero también como un conjunto de jazz de inmejorable calidad.

También quedé descrestado por la percusión afincada y calidosa (bongó-campana, conga y timbal), de José Mangual Jr, Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; por los coros poderosos y realmente varoniles que acompañaban las canciones, por el bajo lleno de efectos y slaps tomados del funk del inolvidable Sal Cuevas, por los arreglos de cuerdas que se inspiraban un poco en el soul y la música disco, y, claro, por el liderazgo y la imagen de malote del gran Willie Colón.

Pero entre toda esa maravillosa orquesta, no fui ajeno a sentir el tumbao sabrosísimo de un señor calvo, con pinta de hombre mayor -tal vez de oficinista-, a quien todos conocían con el sobrenombre del “Profesor”. ¿Y por qué le decían así? No sé, pero supongo que porque podía pasar de tocar un son montuno tradicional a soyarse con un tumbao rockero sin perder el compás y, sobre todo, el swing, algo complejo para el que no estuviera preparado para leer -y sentir- las sutiles transiciones armónicas que planteaban los arreglistas de los discos de Willie Colón como Luis “Perico” Ortiz, Louie Cruz, Héctor Garrido, Marty Sheller y el propio Willie, con “mambos” y sonidos que tenían sofisticación, pero, a la vez, sentido callejero. Eran los tiempos en que Willie grababa las canciones de él mismo y también las de Tite Curet Alonso, Rubén Blades, Johnny Ortiz, Chico Buarque, Eddy Grant y Caetano Veloso, entre muchos otros.
Héctor Lavoe toca el piano, Joe Torres "El Profesor" observa
Foto: Mambo Inn Radio


El “Profesor” se llamaba José "Joe" Torres y, como dice Rubén Blades, ayer “se mudó al otro barrio”. Claro que ya venían anunciando su muerte desde hacía rato por cuenta de la desaparición de otros importantes personajes (un reconocido compositor boricua y el dueño de un restaurante de comida puertorriqueña en Nueva York) que tenían el mismo nombre, sin embargo, ayer sí fue de verdad y el gran pianista newyorikan dio su paso a la eternidad o, de pronto, al nunca jamás (como ustedes lo quieran ver).

Hay que decir que Joe Torres nunca fue un pianista de alto perfil. No. De hecho, jamás formó parte, por ejemplo, de la Fania All Stars y muchas veces, cuando mencionan a los grandes pianistas de la salsa como Papo Lucca, Ricardo Ray, Eddie Palmieri, Larry Harlow, nuestro Edy Martínez, Óscar Hernández, José Lugo o “el Pulpo” Colón, su nombre, al parecer, se olvida. Sin embargo, si uno averigua por las grabaciones en las que participó y el papel preponderante que tuvo en el piano, el fender rohdes o cualquier otro teclado, quedaba claro que Torres fue un músico de grandes quilates.

Es que Torres es el pianista de “La Murga”, de “Plástico”, de “Pedro Navaja”, de “Oh, qué será”, de “Juanito Alimaña”, de “Calle luna, calle sol”, de “Plantación adentro”, de “Usted abusó”, de “Maestra vida”, de “Periódico de ayer”, de “Che che colé”, de "Buscando guayaba" y de muchas más piezas históricas acompañando a Willie Colón, Rubén Blades, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Soledad Bravo y Bobby Valentín, entre otros.

Joe Torres "El Profesor" atrás toca el piano,
Héctor Lavoe adelante

Foto: Mambo Inn Radio
Tal vez por eso, Héctor Lavoe dijo que el “Profesor” era el “que se come los guineos y se fuma la cáscara” y yo, que me maravillo observando por Youtube los videos de esa orquesta en los años setenta y comienzos de los ochenta, lo veo como uno de esos personajes curtidos que ya parecían viejos en esa época por su cabeza rapada, la boca abierta al tocar, unas gafas bien grandes y un aparente bajo perfil en el que no mostraba grandes alardes, pero sí muchísimo sabor tocando en la orquesta más vendedora de todos los tiempos de la salsa, ese género musical que tanto nos apasiona.

Con Willie Colón, el profesor Joe Torres tocó salsa de la mejor, es decir, esa que se nutrió de la música del Brasil con sus complejas armonías y lindísimas melodías, del funk y el rock que, con agresividad, se hacían presentes en todo momento; del merengue disco -o del merengue Bossa Nova- que tanto le gustaban al malo del Bronx; de la bomba y la plena puertorriqueñas, de la cumbia bomba del ritmo Wac, de los sonidos africanos, de la gaita zuliana, de la música jíbara puertorriqueña y, por supuesto, de todo ese caudal de música cubana que siempre habrá que mencionar.

De esa gran banda han partido ya varios (el año pasado se fueron dos) y, en estos tiempos complejos y de incertidumbre, se han ido, por diferentes razones, importantísimos músicos (por ejemplo, Andy González, el gran bajista que murió hace dos días; Bill Withers, el maravilloso cantautor que partió un poco antes; Manu Dibango, el célebre saxofonista camerunés que murió en su amada Paris; Tito Ramos, el inolvidable cantante de los tiempos del latin soul; Elis Marsalis, el patriarca de una legendaria dinastía de músicos de jazz; Moraes Moreira, el grandioso creador de esa irresistible fusión que fueron en Brasil los Novos bahianos…) y ahora le tocó al gran Joe Torres.

Es curioso, pero desde hace unos meses andaba siguiéndole la pista e incluso el maestro Edy Martínez me dijo que iba a averiguar al respecto. También pregunté por él hace menos de una semana en uno de esos portales de salsa que siempre me enseñan tantas cosas, y por eso entré en contacto con uno de sus amigos quien me dijo que el “Profesor” vivía en el Bronx, aunque bastante delicado de salud. Le envié mis saludos manifestándole mi gran aprecio, aunque creo que su amigo -por obvias razones- no alcanzó a verse de nuevo con él.

Hay que decir que en la mayoría de ocasiones se habla es de las rutilantes estrellas o de los personajes “exitosos”, pero muchas veces se desconoce a esos orfebres, cómplices, compinches, trabajadores y talentosos creadores que han sido fundamentales para que esas expresiones del talento humano nos ayuden a conocer, a través del arte o de cualquier otra cosa, viejos, nuevos o diferentes mundos. El “Profesor” -que en realidad le decían así porque se dedicó a enseñar música y piano por muchos años-, fue uno de ellos. Por eso, que bien valga la pena celebrar la vida, obra y los aportes de este gran artista que me ayudó a hacer la vida más chévere, antes, ahora y -espero yo- mañana.
 
¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Dedicado a... 
Alicia Orjuela Quintero,
Catalina Roldán, 
Edward Bocanegra y
 al legendario Marco Vinicio Amado Garrido "Markomix"

martes, 19 de julio de 2016

“En la Salsa hay mucho Payaso”: Willie Colón

John Cerón del periódico El Espacio de Colombia, realizó la entrevista a Willie Colón donde contestó algunas preguntas sobre su carrera musical y otros aspectos de su vida artística. Recordado por su éxitos ‘Gitana’, ‘Sin poderte hablar’, ‘Idilio’, ‘El gran varón’ y por supuesto por el dúo dinámico que conformó con Héctor Lavoe.


El Salsero afirmó “estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Solo hay un Héctor Lavoe y los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

¿Cómo lograron para hacer que la música salsa perdurara tantos años? “Por más que algunos sabios digan que la salsa es de aquí o de allá o que es así o asá, ellos están hablando babosadas. La razón es que esta se formó solita. Debido a los ingredientes en el ambiente de Nueva York, que fue un terreno fértil para un proceso orgánico. Las corporaciones y los artistas fabricados de hoy no tienen idea de lo que es la verdadera salsa. Muchos de estos cantantes, son excelentes interpretes, y creen que con solo poder cantar bien todo lo demás va caer en su sitio. La verdad es que se necesitan muchas cosas. Hay que conocer las raíces, la música vieja para empezar. Tienes que tener mucha hambre. Hay que sufrir para poder apreciar el alivio y la libertad de una rumba buena”.

¿Cómo era ese New York, en cuanto a orquestas? “Era un New York de esperanzas, de retos, de oportunidades, pero también de racismo, peligros y humillaciones. El latino no se asimiló como los italianos, los irlandeses, los griegos, etc. La música la traíamos en el corazón y era una verdad tan poderosa que se convirtió para muchos de nosotros en un consuelo ante la adversidades. Una fuerza que nos unía, nuestra nueva identidad como latinos en un mundo nuevo. Para los 60’s ya nuestra música era un brasa encendida en todos nuestros vecindarios. Un pasatiempo para los bailadores que les proveía una oportunidad para poder conocer su media naranja. Para los músicos era un chance para empezar una carrera. Para los empresarios un mercado intacto. Todo este nuevo mundo del disquero, el promotor, el bailador y el músico circulaba por la melodía”.

¿Por qué el trombón? “El trombón era algo nuevo. En esos tiempos todas las orquestas eran de trompetas y saxos. Grandes grupos de 12 a 18 músicos. Muchas bocas para alimentar. Había poca amplificación. Cuando primero oí a Mon Rivera cantando con Joe Cotto, ‘Dolores La Pachanguera’ y empezó un solo de trombón del gran maestro Barry Rogers, me enamoré del instrumento y cambié de trompeta a trombón de pistones y después a trombón de vara. Con 2 trombones y uno de esos nuevos amplificadores que salieron cuando yo empecé hacíamos más ruido que los bandones tradicionales”.

¿Su decisión de ser salsero quién se la dio o de dónde se inspiró? “De los muchachos mayores del bloque. Ellos tocaban congas, cencerros y escuchaban a Tito Puente, Tito Rodríguez y a Machito. Yo entendí que para poder ganar su respeto tenía que aprender de la música. Decidí que no quería ser un percusionista. Empecé a estudiar teclados, flauta, trompeta y finalmente el trombón. Entendí que esto podía ser una manera digna de ganarme la vida. Éramos pobres y lo único que necesitaba era un instrumento y muchas ganas de triunfar. Mi familia me apoyaba orgullosamente”.

¿Cuándo compone en qué piensa? “Todo depende. La idea puede ser premeditada o puede llegar de la nada. Algunas veces uno oye algo o lee algo o se le ocurre algo que no es musical, pero que es un pedazo de información que me urge tratar de compartir y le busco forma en prosa y melodía. En ese caso es una idea. Otras veces llega una melodía que empieza a desarrollarse en tu cabeza; entonces digo que tengo que ponerle música y palabras. Hay muchas canciones que nunca llegan a ser escritas porque el proceso de vivir las troncha, puede sonar el teléfono o alguien te puede saludar o no tienes grabador, papel, pluma u otra manera para recordarla y se pierden para siempre”.

¿En sus ratos libres, qué música escucha? “De todo menos rap y reguetton. Ya estoy viejo y no me entra. Me gusta oír música en otros idiomas: turco, hebreo, alemán, portugués, italiano, irlandés, ruso, chino, todo es bueno. Me gusta la música instrumental, también me gusta escuchar una música y adivinar de que parte del mundo salió. Oigo rock, gaita, cumbia, jazz, calipso, plena, bomba, vallenato, huapango, tango. Todo es bueno”.

¿De los temas que ha cantado, cuál es el más significativo y por qué? Creo que fue Che Che Colé. Fue mi partida a un pensamiento más experimental. Lo importante fue que el riesgo fue bien recibido y compensado. De no haber sido así, ¿Quién sabe dónde estaría hoy?

¿Cuénteme un poco del álbum Asalto de Navidad 1? “Asalto de Navidad fue un reto para mí. Quise hacer tributo a la música de mi abuela Antonia Pintor. Antes de eso los ‘Niuyoricans’ y los jibaros que llegaban a New York se burlaban de la música de cuerdas. Le llamaban el “guilingiguiling”. Algo como la bachata de hoy. Yo busqué a Yomo Toro que trabajaba en un bar al lado de donde laboraba mi mamá, en la calle 149 entre Brook Avenue y Willis Avenue en el Bronx, ‘La Campana’. Cuando le pregunté cómo íbamos a grabar el cuatro, porque yo nunca había grabado uno, él pensó que yo le pedía que tocara guitarra eléctrica. Yo traté de crear una cama donde Yomo, que era salsero, pudiera tocar sus aguinaldos y música jibara tal cual siempre la tocaba y nosotros le daríamos vuelo con un masacote fino, pero obedeciendo la forma de la música autóctona de Puerto Rico. Lo único que faltaba era la voz del jibarito Héctor Lavoe, quien entró como pez en el agua. La química fue increíble. Nadie podía esperar que saliera algo tan sabroso, tan autentico y tan diferente. Pero como te dije ante, es un proceso orgánico. La salsa se hace solita”.

¿A quién le dejará su legado musical, sabiendo que usted es de los salseros más importantes del mundo? “A todo el que la reciba. Me siento dichoso y agradecido por el cariño y la generosidad del público que me viene a ver y ha comprado mis grabaciones a través de casi 50 años. No me puedo quejar, son pocos los que tienen la suerte que tuve. Ese legado puede seguir sonando y se puede apagar cuando me vaya, no importa, lo que cuenta es que movió e hizo vibrar multitudes mientras estuve y eso es el tesoro que me llevo”.

José Mangual Jr., en una entrevista me dijo que la esencia y la hermosa sonoridad de esos álbumes que ustedes grabaron con el sello Fania, además de su ingenio e innovación, era que lo hacían con la orquesta en pleno. ¿Cuénteme un poco de esos momentos? “Esos muchachos son monstruos en esta profesión. José Mangual Jr., Milton Cardona, Profesor Joe Torres. Se unieron conmigo y Héctor. Creyeron en el proyecto y se atrevieron a experimentar en lo que sea. Ellos entendían que la salsa era una manera de hacer música, un concepto. Aunque algunos nos criticaban y ellos bien sabían tocar como los otros. Conmigo rompieron las reglas e hicimos algo diferente. Algo audaz, algo muy nuestro”.

¿Podrá existir otro Héctor Lavoe? ¡Seguro que sí! En otra galaxia, u otra dimensión paralela, pero en este planeta no señorito. Estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo de trabajo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Se creen que cotorreando sus soneos palabra por palabra es que están cantando. Es oportunismo descarado. Solo hay un Héctor LaVoe y que vengan los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

Gracias maestro Willie Colón por esta entrevista. Solo resta decir que Colombia ha sido tan fiel a este género, que tengo que decirle de parte mía, de los integrantes de mi orquesta y todos mis colegas, ¡gracias Colombia! por cargar la antorcha. El próximo viernes estaré nuevamente en este maravilloso país brindando mis canciones”.

Textos: Periódico El Espacio (John Cerón)

“En la Salsa hay mucho Payaso”: Willie Colón

John Cerón del periódico El Espacio de Colombia, realizó la entrevista a Willie Colón donde contestó algunas preguntas sobre su carrera musical y otros aspectos de su vida artística. Recordado por su éxitos ‘Gitana’, ‘Sin poderte hablar’, ‘Idilio’, ‘El gran varón’ y por supuesto por el dúo dinámico que conformó con Héctor Lavoe.


El Salsero afirmó “estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Solo hay un Héctor Lavoe y los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

¿Cómo lograron para hacer que la música salsa perdurara tantos años? “Por más que algunos sabios digan que la salsa es de aquí o de allá o que es así o asá, ellos están hablando babosadas. La razón es que esta se formó solita. Debido a los ingredientes en el ambiente de Nueva York, que fue un terreno fértil para un proceso orgánico. Las corporaciones y los artistas fabricados de hoy no tienen idea de lo que es la verdadera salsa. Muchos de estos cantantes, son excelentes interpretes, y creen que con solo poder cantar bien todo lo demás va caer en su sitio. La verdad es que se necesitan muchas cosas. Hay que conocer las raíces, la música vieja para empezar. Tienes que tener mucha hambre. Hay que sufrir para poder apreciar el alivio y la libertad de una rumba buena”.

¿Cómo era ese New York, en cuanto a orquestas? “Era un New York de esperanzas, de retos, de oportunidades, pero también de racismo, peligros y humillaciones. El latino no se asimiló como los italianos, los irlandeses, los griegos, etc. La música la traíamos en el corazón y era una verdad tan poderosa que se convirtió para muchos de nosotros en un consuelo ante la adversidades. Una fuerza que nos unía, nuestra nueva identidad como latinos en un mundo nuevo. Para los 60’s ya nuestra música era un brasa encendida en todos nuestros vecindarios. Un pasatiempo para los bailadores que les proveía una oportunidad para poder conocer su media naranja. Para los músicos era un chance para empezar una carrera. Para los empresarios un mercado intacto. Todo este nuevo mundo del disquero, el promotor, el bailador y el músico circulaba por la melodía”.

¿Por qué el trombón? “El trombón era algo nuevo. En esos tiempos todas las orquestas eran de trompetas y saxos. Grandes grupos de 12 a 18 músicos. Muchas bocas para alimentar. Había poca amplificación. Cuando primero oí a Mon Rivera cantando con Joe Cotto, ‘Dolores La Pachanguera’ y empezó un solo de trombón del gran maestro Barry Rogers, me enamoré del instrumento y cambié de trompeta a trombón de pistones y después a trombón de vara. Con 2 trombones y uno de esos nuevos amplificadores que salieron cuando yo empecé hacíamos más ruido que los bandones tradicionales”.

¿Su decisión de ser salsero quién se la dio o de dónde se inspiró? “De los muchachos mayores del bloque. Ellos tocaban congas, cencerros y escuchaban a Tito Puente, Tito Rodríguez y a Machito. Yo entendí que para poder ganar su respeto tenía que aprender de la música. Decidí que no quería ser un percusionista. Empecé a estudiar teclados, flauta, trompeta y finalmente el trombón. Entendí que esto podía ser una manera digna de ganarme la vida. Éramos pobres y lo único que necesitaba era un instrumento y muchas ganas de triunfar. Mi familia me apoyaba orgullosamente”.

¿Cuándo compone en qué piensa? “Todo depende. La idea puede ser premeditada o puede llegar de la nada. Algunas veces uno oye algo o lee algo o se le ocurre algo que no es musical, pero que es un pedazo de información que me urge tratar de compartir y le busco forma en prosa y melodía. En ese caso es una idea. Otras veces llega una melodía que empieza a desarrollarse en tu cabeza; entonces digo que tengo que ponerle música y palabras. Hay muchas canciones que nunca llegan a ser escritas porque el proceso de vivir las troncha, puede sonar el teléfono o alguien te puede saludar o no tienes grabador, papel, pluma u otra manera para recordarla y se pierden para siempre”.

¿En sus ratos libres, qué música escucha? “De todo menos rap y reguetton. Ya estoy viejo y no me entra. Me gusta oír música en otros idiomas: turco, hebreo, alemán, portugués, italiano, irlandés, ruso, chino, todo es bueno. Me gusta la música instrumental, también me gusta escuchar una música y adivinar de que parte del mundo salió. Oigo rock, gaita, cumbia, jazz, calipso, plena, bomba, vallenato, huapango, tango. Todo es bueno”.

¿De los temas que ha cantado, cuál es el más significativo y por qué? Creo que fue Che Che Colé. Fue mi partida a un pensamiento más experimental. Lo importante fue que el riesgo fue bien recibido y compensado. De no haber sido así, ¿Quién sabe dónde estaría hoy?

¿Cuénteme un poco del álbum Asalto de Navidad 1? “Asalto de Navidad fue un reto para mí. Quise hacer tributo a la música de mi abuela Antonia Pintor. Antes de eso los ‘Niuyoricans’ y los jibaros que llegaban a New York se burlaban de la música de cuerdas. Le llamaban el “guilingiguiling”. Algo como la bachata de hoy. Yo busqué a Yomo Toro que trabajaba en un bar al lado de donde laboraba mi mamá, en la calle 149 entre Brook Avenue y Willis Avenue en el Bronx, ‘La Campana’. Cuando le pregunté cómo íbamos a grabar el cuatro, porque yo nunca había grabado uno, él pensó que yo le pedía que tocara guitarra eléctrica. Yo traté de crear una cama donde Yomo, que era salsero, pudiera tocar sus aguinaldos y música jibara tal cual siempre la tocaba y nosotros le daríamos vuelo con un masacote fino, pero obedeciendo la forma de la música autóctona de Puerto Rico. Lo único que faltaba era la voz del jibarito Héctor Lavoe, quien entró como pez en el agua. La química fue increíble. Nadie podía esperar que saliera algo tan sabroso, tan autentico y tan diferente. Pero como te dije ante, es un proceso orgánico. La salsa se hace solita”.

¿A quién le dejará su legado musical, sabiendo que usted es de los salseros más importantes del mundo? “A todo el que la reciba. Me siento dichoso y agradecido por el cariño y la generosidad del público que me viene a ver y ha comprado mis grabaciones a través de casi 50 años. No me puedo quejar, son pocos los que tienen la suerte que tuve. Ese legado puede seguir sonando y se puede apagar cuando me vaya, no importa, lo que cuenta es que movió e hizo vibrar multitudes mientras estuve y eso es el tesoro que me llevo”.

José Mangual Jr., en una entrevista me dijo que la esencia y la hermosa sonoridad de esos álbumes que ustedes grabaron con el sello Fania, además de su ingenio e innovación, era que lo hacían con la orquesta en pleno. ¿Cuénteme un poco de esos momentos? “Esos muchachos son monstruos en esta profesión. José Mangual Jr., Milton Cardona, Profesor Joe Torres. Se unieron conmigo y Héctor. Creyeron en el proyecto y se atrevieron a experimentar en lo que sea. Ellos entendían que la salsa era una manera de hacer música, un concepto. Aunque algunos nos criticaban y ellos bien sabían tocar como los otros. Conmigo rompieron las reglas e hicimos algo diferente. Algo audaz, algo muy nuestro”.

¿Podrá existir otro Héctor Lavoe? ¡Seguro que sí! En otra galaxia, u otra dimensión paralela, pero en este planeta no señorito. Estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo de trabajo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Se creen que cotorreando sus soneos palabra por palabra es que están cantando. Es oportunismo descarado. Solo hay un Héctor LaVoe y que vengan los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

Gracias maestro Willie Colón por esta entrevista. Solo resta decir que Colombia ha sido tan fiel a este género, que tengo que decirle de parte mía, de los integrantes de mi orquesta y todos mis colegas, ¡gracias Colombia! por cargar la antorcha. El próximo viernes estaré nuevamente en este maravilloso país brindando mis canciones”.

Textos: Periódico El Espacio (John Cerón)

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