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martes, 10 de noviembre de 2020

Willie y Rubén, por Petrit


Supe de la existencia de Willie Colón y Rubén Blades, ya bien entrados los años ochenta. Y fue cuando mi papá me hizo oír “Siembra”, un álbum que, como ya he dicho varias veces, me impactó tanto que, no solo marcó mi gusto musical.
 
Y marcó mi gusto musical, pues, además de esa ecléctica y poderosa manifestación de influencias con una percusión agresiva, unos potentes trombones, un piano "montunero sabrosísimo" y un bajo completamente "funkero" que me llevaron a un nuevo mundo musical, tenía unas letras contundentes y una clara intención política que me transmitió inmediatamente rebeldía, esperanza y un sentido de solidaridad que siempre he considerado muy valioso. Por eso, las críticas a las dictaduras militares que pululaban en el continente (“Nicaragua sin Somoza”), respeto por el sincretismo y la resistencia cultural, las sátiras contra el arribismo y la superficialidad de la gente “plástica”, y el llamado a la unidad latinoamericana para “un mañana de esperanza y de libertad” fueron, para mí, contundentes. Y, claro, ahí también estaba “Pedro Navaja”, una pequeña historia (“fononovela” le llamaría Willie Colón) que me impactó tanto que, de verdad verdad, años después resulté investigando las historias de muchos bandidos y rebeldes que han marcado, con sus orígenes, contextos, actuaciones y efectos, a gran parte de la sociedad. Así que, luego de descubrir “Siembra”, ya no solo oiría la salsa de Niche y de Joe Arroyo (y de Fruko y sus Tesos), sino que me volcaría -entre muchas otras, claro- sobre la obra de esos dos notables artistas que también me causaban curiosidad por una pinta que se asemejaba a la de los rebeldes barbudos de los sesenta, los “malotes” de barrio de cualquier época o incluso de algunos oficinistas setentudos (no setentones). 
 
Por eso, pasó poco tiempo para que me deleitara con los sonidos novedosos de “Metiendo mano”, la exuberancia sonora y lírica de la ópera “Maestra vida” y las proclamas anti-imperialistas, pero a la vez pícaras y con un sonido más acústico, de “Canciones del solar de los aburridos”, haciéndome saber que Willie Colón y Rubén Blades eran, además de unos talentosos creadores de canciones que hacían rumbear a mucha gente, dos caudillos sonoros que compartían un mensaje político claro, atractivo y, para mí, urgente y necesario. 
 
Esto me llevó a recorrer toda la discografía del “newyorikan” Willie Colón con Lavoe, sus tres álbumes con Celia Cruz, su maravilloso disco con Ismael Miranda, la maravillosa producción con Soledad Bravo y, sobre todo, sus discos solistas en los que plasmaba una exuberante experimentación sonora que, a la vez, era callejera, sabrosa y sofisticada, es decir, el puro “sonido de Nueva York” potenciado con maravillosas versiones de temas brasileros, arreglos de cuerdas majestuosos, percusión bacanísima y unos trombones, como siempre, contundentes y polifónicos. Además, así algunos no estén de acuerdo, a mí me gusta la voz de Colón y considero que fue mejorando con los años. 
 
Y, claro, también me sumergí en la propuesta artística, social y política del panameño Rubén Blades (con "Seis del Solar", "Son del Solar", "Editus" y Roberto Delgado, entre otros), la cual no solo miraba al barrio latino en Nueva York, sino a toda Latinoamérica con un sonido que, así algunos digan otra cosa, era bastante bailable y popular, pero que, a la vez, contaba con unas letras elaboradas y bastante precisas que transmitían la aguda percepción de un gran artista e intelectual sobre la situación social -y humana, individual y colectiva- de tantas gentes en tantos lugares del mundo. 
 
Supe, por supuesto, que, a pesar de vivir momentos de fuerte tensión, Blades y Colón continuaron encontrándose en algunos conciertos y que incluso grabaron un álbum en 1994 titulado “Tras la Tormenta”, cuyo tema homónimo me encanta. Pero, con el tiempo, observé que llegaron fuertes desavenencias personales entre ambos, las cuales han quedado más que en evidencia por la forma diferente en que resultaron viendo el mundo, con Blades como un representante, en sus propias palabras, de “una izquierda coherente”, y con Colón dando un giro cada vez más claro –y sorprendente- hacia la extrema derecha. Y esto quedó aún más en evidencia con la campaña presidencial en Estados Unidos en la que Blades pidió no votar por Trump, a quien denomina el “ogro anaranjado”, mientras que Colón se convirtió en un entusiasta republicano y seguidor de ese multimillonario y ultraderechista empresario convertido en Presidente. 
 
Claro que estas posturas sorprenden, sobre todo en el caso de Colón, pues ¿por qué el otrora rebelde y progresista artista se convirtió en un reaccionario que apoya a los grupos más conservadores de ese país y América Latina? ¿Por qué el talentoso músico que criticaba el "apartheid" social en el que le tocó crecer ahora niega que exista un racismo estructural en Estados Unidos? ¿Por qué el sensible nieto de puertorriqueños se opuso, con todo, a las marchas que, encabezadas por muchos artistas, buscaban tumbar al gobernador corrupto de Puerto Rico? ¿Por qué el activista que criticaba a la "mafia" musical de Miami, porque esta negaba la diversidad de orígenes de la salsa (para decir que es solo música cubana) y solo apoyaba a los que se alinearan con políticas de extrema derecha, resultó acusando de comunista a cualquiera que tenga una agenda progresista y liberal? ¿Por qué ese brillante músico que grabó obras maravillosas que daban cuenta de múltiples influencias y una mirada heterogénea del mundo se convirtió en un personaje que ve la realidad en blanco y negro? ¿Por qué ese genio que incorporó, como ningún otro, la música del Brasil en la salsa (versionando a otros genios, esos sí coherentes con un pensamiento de izquierda, como Chico Buarque y Caetano Veloso) y que clamaba por la unidad latinoamericana ahora apoya posibles intervenciones militares en América Latina? Mejor dicho, ¿qué le pasó al gran Willie Colón que terminó convertido en un amargado que apoya a los grupos más racistas, misóginos y clasistas del mundo? ¿Qué ocurrió con ese inolvidable creador que grabó "Siembra", le cantó al "Tiburón" imperialista y se burló del "General" describiendo a esos dictadores militares en América Latina? En fin, ¿qué es lo que ocurre con aquellos que pasan de defender férreamente una causa a militar en otra totalmente opuesta, como si buscaran huir de sí mismos, es decir, de lo que creían, lo que luchaban y soñaban? 
 
No sé, pero es lamentable que haya pasado. Total, nos queda su maravillosa música, que era mucho mejor en los tiempos en que no era tan facho, y, por eso, les recomiendo el tema “No”, del Willie Colón de comienzos de los noventa


En contraposición, algunos se han sorprendido al conocer la postura de Rubén Blades (y me sorprende que se sorprendan), el artista, intelectual y abogado que ha actuado como funcionario público de alto nivel en su país y cuenta con una maestría en Harvard (y muchas cosas más), lo cual le da peso para opinar sobre algo que, como residente en Estados Unidos, latinoamericano y persona consciente y crítica del mundo en el que vive, le afecta bastante. 
 
De hecho, pareciera que algunos de los que lo critican jamás hubieran oído sus canciones, pues olvidaron que denunció el imperialismo del "Tiburón" gringo que se metía en Centroamérica cada vez que podía, así como protestó por las torturas y los asesinatos en los regímenes políticos autoritarios que había en el continente. 
 
También, al parecer, no sabían que Blades ha atacado el racismo estructural de la sociedad y que, por eso, aplaudió cuando “Ligia Elena” se marchó feliz con su trompetista. Y, por supuesto, olvidaron que Blades le hizo un sentido homenaje al sacerdote Arnulfo Romero, quien denunció las violaciones de Derechos Humanos en el Salvador, al tiempo que nos hablaba de los desaparecidos y nos decía vehementemente: “prohibido olvidar”. Pero, además, no tuvieron en cuenta que el panameño ha planteado en uno de sus más recientes discos la tremenda contradicción (el doble rasero) del gobierno de Estados Unidos que bloquea a Cuba, pero hace negocios con la China manejada por el Partido Comunista (al respecto, oigan el tema "Parrhesia"
 
 
En ese sentido, es diciente que la música de Colón, que antes era rebelde, contestataria, creativa y original (sigue siendo mi salsero favorito), se haya vuelto predecible, acomodada y conservadora, lo cual refleja, por supuesto, su cambio en la manera de concebir al mundo. 
 
Por el contrario, si bien Blades es ahora más políticamente correcto que antes (en “El nacimiento de Ramiro” no dice “marica”, sino “indeciso” y no sé por qué), su obra continúa expresando complejidad y ruptura de algunos esquemas cuadriculados buscando nuevos sonidos y colaboraciones con artistas de diferentes géneros (eso sí, con irregulares resultados, aunque el riesgo vale la pena). 
 
Todo esto me hace creer que aquellos que solo tienen una visión dual de la realidad, es decir que asumen que todo es blanco o negro (o capitalista o comunista) y que tienen una limitada, simplista, maniquea e ignorante visión del mundo, manifiestan, además, una evidente nostalgia (seguramente inconsciente) por tener detrás (o encima) a un líder autoritario que les diga siempre lo que tienen que hacer. Rubén Blades, como ciudadano del mundo, como persona consciente y preparada, como representante de una postura progresista y liberal, y como un brillante cantautor que ha dejado ver un punto de vista bastante sólido, no solo en sus canciones sino en sus declaraciones públicas (como Chico Buarque, como Caetano y como tantos otros), sabe muy bien en qué lugar se encuentra, así algunos de los que bailan sus canciones no lo terminen de entender. 
 
Por el contrario, Willie Colón, el gran Willie Colón, aparentemente olvidó de dónde vino, pues su posición ultraconservadora, la negación del racismo estructural en su país (el nació en South Bronx, NY), sus críticas a las movilizaciones que, en Puerto Rico (su patria ancestral), hicieron renunciar al corrupto gobernador, y sus declaraciones públicas apoyando a un personaje que, abiertamente, ha expresado su desprecio por los países (estos “países de mierda”) y las personas de América Latina, sorprenden y entristecen. Seguramente, ha estado viendo mucho FOX News y, por supuesto, se metió en la idea de que el fracaso del chavismo en Venezuela es un ejemplo para pensar que solamente la ultraderecha es el camino más efectivo, al menos, para que nada cambie (y debe estar, a la fija, gritando que hubo fraude a favor de Biden). 
 
Lo más triste es que la forma opuesta de ver el mundo que tienen estos dos notables creadores, además de los conflictos personales que, incluso, llevaron a demandas y ataques por las redes sociales, evidencian que el sueño de ver otra vez juntos a Rubén Blades y Willie Colón (en los estudios y los escenarios) jamás se podrá hacer realidad (de hecho, yo traté de ponerlos a hablar y como a las dos horas Colón me bloqueó de sus redes sociales -que iluso yo-). Por todo esto, en estos tiempos de polarización, “fake news”, campañas de desinformación y radicalismos alentados por una burbuja que las redes sociales -y unos medios de comunicación tradicionales con claros intereses particulares- ayudan a inflar, es que valdría la pena volver a oír las canciones que Willie y Rubén grabaron hace 40 o 30 años, pues, de pronto, algunos se podrán acordar de algo que, al parecer, hace mucho tiempo se les olvidó (prohibido olvidar, vale la pena volverlo a decir). 
 

 

Al menos Willie Colón debería hacerlo, porque nadie mejor que él (con excepción de Rubén Blades) sabe que “se ven las caras, pero nunca el corazón”. (Yo, de paso, también lo haré.


Petrit Baquero
Escritor

jueves, 16 de abril de 2020

La Muerte de un Pianista - ¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Petrit Baquero
Escritor
Por Petrit Baquero.

Cuando empecé a oír salsa o, más bien, un poquito después, cuando mi papá me puso a escuchar el álbum “Siembra” que, de verdad, marcó muchas cosas en mi vida, quedé maravillado por las letras -y la voz- de Rubén Blades, pero también por los trombones fuertes, aunque complejos armónicamente (que después, en clase de música, supe que eran tres y, a veces, cuatro) que sonaban como pitos de un camión, pero también como un conjunto de jazz de inmejorable calidad.

También quedé descrestado por la percusión afincada y calidosa (bongó-campana, conga y timbal), de José Mangual Jr, Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; por los coros poderosos y realmente varoniles que acompañaban las canciones, por el bajo lleno de efectos y slaps tomados del funk del inolvidable Sal Cuevas, por los arreglos de cuerdas que se inspiraban un poco en el soul y la música disco, y, claro, por el liderazgo y la imagen de malote del gran Willie Colón.

Pero entre toda esa maravillosa orquesta, no fui ajeno a sentir el tumbao sabrosísimo de un señor calvo, con pinta de hombre mayor -tal vez de oficinista-, a quien todos conocían con el sobrenombre del “Profesor”. ¿Y por qué le decían así? No sé, pero supongo que porque podía pasar de tocar un son montuno tradicional a soyarse con un tumbao rockero sin perder el compás y, sobre todo, el swing, algo complejo para el que no estuviera preparado para leer -y sentir- las sutiles transiciones armónicas que planteaban los arreglistas de los discos de Willie Colón como Luis “Perico” Ortiz, Louie Cruz, Héctor Garrido, Marty Sheller y el propio Willie, con “mambos” y sonidos que tenían sofisticación, pero, a la vez, sentido callejero. Eran los tiempos en que Willie grababa las canciones de él mismo y también las de Tite Curet Alonso, Rubén Blades, Johnny Ortiz, Chico Buarque, Eddy Grant y Caetano Veloso, entre muchos otros.
Héctor Lavoe toca el piano, Joe Torres "El Profesor" observa
Foto: Mambo Inn Radio


El “Profesor” se llamaba José "Joe" Torres y, como dice Rubén Blades, ayer “se mudó al otro barrio”. Claro que ya venían anunciando su muerte desde hacía rato por cuenta de la desaparición de otros importantes personajes (un reconocido compositor boricua y el dueño de un restaurante de comida puertorriqueña en Nueva York) que tenían el mismo nombre, sin embargo, ayer sí fue de verdad y el gran pianista newyorikan dio su paso a la eternidad o, de pronto, al nunca jamás (como ustedes lo quieran ver).

Hay que decir que Joe Torres nunca fue un pianista de alto perfil. No. De hecho, jamás formó parte, por ejemplo, de la Fania All Stars y muchas veces, cuando mencionan a los grandes pianistas de la salsa como Papo Lucca, Ricardo Ray, Eddie Palmieri, Larry Harlow, nuestro Edy Martínez, Óscar Hernández, José Lugo o “el Pulpo” Colón, su nombre, al parecer, se olvida. Sin embargo, si uno averigua por las grabaciones en las que participó y el papel preponderante que tuvo en el piano, el fender rohdes o cualquier otro teclado, quedaba claro que Torres fue un músico de grandes quilates.

Es que Torres es el pianista de “La Murga”, de “Plástico”, de “Pedro Navaja”, de “Oh, qué será”, de “Juanito Alimaña”, de “Calle luna, calle sol”, de “Plantación adentro”, de “Usted abusó”, de “Maestra vida”, de “Periódico de ayer”, de “Che che colé”, de "Buscando guayaba" y de muchas más piezas históricas acompañando a Willie Colón, Rubén Blades, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Soledad Bravo y Bobby Valentín, entre otros.

Joe Torres "El Profesor" atrás toca el piano,
Héctor Lavoe adelante

Foto: Mambo Inn Radio
Tal vez por eso, Héctor Lavoe dijo que el “Profesor” era el “que se come los guineos y se fuma la cáscara” y yo, que me maravillo observando por Youtube los videos de esa orquesta en los años setenta y comienzos de los ochenta, lo veo como uno de esos personajes curtidos que ya parecían viejos en esa época por su cabeza rapada, la boca abierta al tocar, unas gafas bien grandes y un aparente bajo perfil en el que no mostraba grandes alardes, pero sí muchísimo sabor tocando en la orquesta más vendedora de todos los tiempos de la salsa, ese género musical que tanto nos apasiona.

Con Willie Colón, el profesor Joe Torres tocó salsa de la mejor, es decir, esa que se nutrió de la música del Brasil con sus complejas armonías y lindísimas melodías, del funk y el rock que, con agresividad, se hacían presentes en todo momento; del merengue disco -o del merengue Bossa Nova- que tanto le gustaban al malo del Bronx; de la bomba y la plena puertorriqueñas, de la cumbia bomba del ritmo Wac, de los sonidos africanos, de la gaita zuliana, de la música jíbara puertorriqueña y, por supuesto, de todo ese caudal de música cubana que siempre habrá que mencionar.

De esa gran banda han partido ya varios (el año pasado se fueron dos) y, en estos tiempos complejos y de incertidumbre, se han ido, por diferentes razones, importantísimos músicos (por ejemplo, Andy González, el gran bajista que murió hace dos días; Bill Withers, el maravilloso cantautor que partió un poco antes; Manu Dibango, el célebre saxofonista camerunés que murió en su amada Paris; Tito Ramos, el inolvidable cantante de los tiempos del latin soul; Elis Marsalis, el patriarca de una legendaria dinastía de músicos de jazz; Moraes Moreira, el grandioso creador de esa irresistible fusión que fueron en Brasil los Novos bahianos…) y ahora le tocó al gran Joe Torres.

Es curioso, pero desde hace unos meses andaba siguiéndole la pista e incluso el maestro Edy Martínez me dijo que iba a averiguar al respecto. También pregunté por él hace menos de una semana en uno de esos portales de salsa que siempre me enseñan tantas cosas, y por eso entré en contacto con uno de sus amigos quien me dijo que el “Profesor” vivía en el Bronx, aunque bastante delicado de salud. Le envié mis saludos manifestándole mi gran aprecio, aunque creo que su amigo -por obvias razones- no alcanzó a verse de nuevo con él.

Hay que decir que en la mayoría de ocasiones se habla es de las rutilantes estrellas o de los personajes “exitosos”, pero muchas veces se desconoce a esos orfebres, cómplices, compinches, trabajadores y talentosos creadores que han sido fundamentales para que esas expresiones del talento humano nos ayuden a conocer, a través del arte o de cualquier otra cosa, viejos, nuevos o diferentes mundos. El “Profesor” -que en realidad le decían así porque se dedicó a enseñar música y piano por muchos años-, fue uno de ellos. Por eso, que bien valga la pena celebrar la vida, obra y los aportes de este gran artista que me ayudó a hacer la vida más chévere, antes, ahora y -espero yo- mañana.
 
¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Dedicado a... 
Alicia Orjuela Quintero,
Catalina Roldán, 
Edward Bocanegra y
 al legendario Marco Vinicio Amado Garrido "Markomix"

jueves, 12 de marzo de 2020

Mark Dimond ~ "El Bravo Del East"

"¡Rayos, Mark Dimond acaba de superar a Eddie!” le comentó Manny Oquendo, ex-percusionista de La Perfecta, al bajista Andy González al concluir una presentación en el Hotel St. George de Brooklyn. 

El pianista, Mark “Markolino” Dimond "El Bravo Del East" había tocado con la banda Libre de Oquendo, que había actuado al lado de una gran variedad de artistas, incluyendo a Eddie Palmieri—quien había abierto la noche de conciertos. Markolino, quien vivía en la Noventa y Tercera Avenida, es uno de los más grandes talentos anónimos en la historia de la música latina y este disco representa su obra maestra. Dimond se inició con Willie Colón, lo que no es sorprendente cuando uno considera que Willie tenía un oído increíble para el talento y una disposición por traer individuos de varios orígenes al grupo. Tenemos una enorme deuda de gratitud con W.A.C. por sacar de la oscuridad a este mago tecladista afro-americano, para permitir que brillara.


Markolino fue un solista intrépido y yo siento que su música está impregnada de un imponente montuno, cortesía de Eddie Palmieri (su ídolo) y maestros tecladistas cubanos, tales como Peruchín, además de estar fundida con un enfoque de solista cromático innovador de acordes que proviene en parte del alumnado de Coltrane McCoy Tyner, oriundo de Philadelphia, quién influenció a muchos pianistas en las décadas de los 60 y los 70. Mientras que el salto de Coltrane a Palmieri pudiera parecer como un salto enorme, Markolino fue uno de los pocos individuos que tuvo la capacidad de combinar los dos mundos con un alto grado de facilidad.

El socio de Mark en este disco fue otro hombre que cubría la zona del puerto y que tiene una historia igualmente irresistible. “Frankie Dante trabajaba como guardia de seguridad en Macy’s, pero en realidad quería ser John Lennon”, dice mi amigo Larry Harlow, quien produjo esta grabación histórica y tantas otras obras fundamentales en la historia de Fania. “Él era el John Lennon dominicano”, dice Harlow con una gran sonrisa. “Usaba esas gafas redondas de color rosa, igual que John Lennon”.
¿El John Lennon dominicano? Esto es algo que yo jamás me hubiera imaginado en un millón de años, pero creo que tiene algo de sentido cuando uno considera la tremenda influencia que John Lennon ejerció sobre toda la cultura popular, como músico y como hombre. Sin mencionar que Dante, con su propio grupo, la Orquesta Flamboyán, grabó la canción anti-Vietnam titulada, “Paz” en 1969, y después grabó el candente tema político titulado, “Presidente Dante” con Flamboyán y Larry Harlow.
“Frankie era sin duda un excéntrico”, dice Arturo Campa, el colega de Dante que trabajó como sonero para Eddie Palmieri de 1969 a 1974, durante uno de los períodos más memorables y productivos de Eddie. Arturo es un individuo brillante e interesante que rara vez ha concedido entrevistas, así que me súper emocionó cuando aceptó hablar conmigo de sus recuerdos de Frankie Dante. 

“Recuerdo las ocasiones en que salió al escenario vestido de capa y zapatos deportivos durante algunos de sus conciertos. Tenía un traje que llamaba su capa de Batman, y era difícil ignorar u olvidar a este cantante vestido de capa negra”, comenta con humor.
“No creo que la gente percibía a Frankie como un gran cantante”, continúa Campa. “Estaba algo limitado en ese aspecto, pero se veía fuertemente influenciado por el modo de expresarse de Ismael Quintana y esto se percibe claramente en sus grabaciones. Tanto él como Markolino eran muy bien recibidos y el ambiente de la salsa de aquélla época parecía [ser] el de una gran familia”. Andy González hizo eco de este sentimiento cuando me dijo, “Frankie imitaba a Quintana en todo, desde sus movimientos de baile hasta su forma de tocar las maracas”. El recorrido desde John Lennon hasta Ismael Quintana es un camino largo y sinuoso y Frankie Dante recorrió cada milla al verdadero estilo funk.
Un coro estelar apoyó a Dante en este álbum que acredita a Chivirico Dávila como el invitado estrella. Chivirico es un personaje interesante, ya que aunque sólo produjo un puñado de excelentes discos como primera voz para el sello Cotique, su carrera se vio marcada principalmente por ser uno de los primeros coristas en la época dorada de la salsa en Nueva York al lado de individuos tales como Yayo el Indio, quien comparte la tarea de coro en este álbum.
El mayor don que tenía Dávila como cantante solista, era su capacidad para interpretar boleros y aquí su talento fue sabiamente aprovechado. El aspecto más inesperado de la participación de Dávila como artista invitado es que, aunque es evidentemente una gira de Frankie Dante y Markolino, Chivirico es quien realmente canta la primera voz en “Sabrosón”, que por mucho tiempo ha sido el tema bailable favorito de muchos cocolos empedernidos. Chivirico como corista, era incontenible y el equipo de tres voces conformado por Chivirico, Yayo y Pete “Conde” Rodriguez en este álbum, es magia pura. La mezcla que lograron combinar estos individuous es flexible y rítmica a la vez. Sigo impresionado al ver cómo un coro bien ejecutado complementó el poder global del álbum y de hecho, la experiencia total de Fania.


Mark Dimond hizo los arreglos para todo el álbum, excepto la canción, “Yo No Tengo Amigo” de Marty Sheller, uno de los mejores arreglistas en el mundo de la salsa y miembro original del grupo pionero de jazz latino que dirigiera Sabú Martínez. Mientras que se siente una solidez absoluta en todos los arreglos de Mark, el único arreglo de Marty exhibe una sutil sofisticación que no logra igualar Markolino, quien le impartió ritmo al tema pero no poseía la misma perspicacia armónica y profunda que Marty demostró durante muchos años.
Desde el punto de vista de composición, el álbum es mayormente de Mark Dimond quien personalmente compuso cinco de las ocho pistas. Las demás canciones son títulos cubanos, y la última pieza titulada, “Por qué Adoré” la compuso el fenomenal y extraordinario compositor prolífico, Tite Curet Alonso. Esta canción llamó mi atención de manera muy especial mientras escuchaba el álbum con oído crítico, por ser absolutamente inconfundible la poesía que Tite imprime a sus composiciones. Fue muy sagaz la decisión de secuenciar este álbum permitiendo que Tite tuviera la última palabra. De igual manera, comenzar el álbum con el tema original de Markolino titulado “Sabrosón” ofrece la escena perfecta para la vibra suelta y súper funky que impregna a este álbum. Las dos canciones cubanas incluidas en el disco nos recuerdan la deuda que todos tenemos con Cuba y capturan el espíritu de la época del movimiento “típico” que rindió tributo a esa tradición en Nueva York.
Es una pena que Markolino y Frankie no hayan grabado más discos, pero esto también hace que los discos como Beethoven’s V contengan más magia por ser tan inusuales. En un estilo dominado por cubanos y puertorriqueños, esta dupla de un cantante dominicano con un pianista afro-americano sirve como un conmovedor recuerdo del eterno magnetismo universal de la salsa y la vertiginosa complejidad y riqueza de la ciudad de Nueva York que sirvió como incubadora para su florecimiento en el ámbito mundial.


Markolino Dimond con Frankie Dante Beethoven’s V (Cotique 1075)

Artista invitado: Chivirico
Lanzamiento original: 1975



Fuente: www.fania.com

lunes, 17 de septiembre de 2018

SIEMBRA - 40 Años Después...

Petrit Baquero
Autor del Artículo
Por Petrit Baquero

Hace 40 años se lanzó “Siembra”, el álbum más vendido de la historia de la salsa, una obra maestra por sus maravillosas canciones, efectivos y novedosos arreglos, virtuosos músicos, letras llenas de sentido social y posturas políticas contundentes (¡Nicaragua sin Somoza!), extensa duración de los temas y uso de efectos sonoros.


El disco, firmado por Willie Colón y Rubén Blades, representó una verdadera revolución que demostró que la salsa, que de todas formas sonaba (en esos tiempos) rebelde y contestataria, con sus letras y sonidos barriales llenos de orgullo latinoamericano, caribeño y africano, podía trascender a otros espacios con unas letras cargadas de mensajes profundos en un contexto de efervescencia social y política.

Los tres trombones, agresivos y bien afincados; el bajo funkeado del gran Sal Cuevas, la percusión sabrosa de Mangual Jr., Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; los arreglos de cuerdas de Carlos Franzetti y, por supuesto, la dirección musical de Willie Colón, así como las letras y la voz de Rubén Blades, marcaron un camino para quienes están convencidos de que se puede pensar críticamente sin perder el swing y el tumbao (y la rebeldía).

El éxito sin precedentes de “Siembra” atrajo a la salsa a personas que antes no le habían puesto atención, ya que veían al género (como pasa actualmente con otras músicas) como una música de malandros o, en el mejor de los casos, como una manifestación que solo servía para mover el cuerpo pero no la mente. Pero “Siembra” cambió esta percepción pues su impacto le hizo ser objeto –y medio-, no solo para rumbas bacanísimas, sino para análisis profundos y montajes artísticos por parte de investigadores sociales, estudiantes, artistas de otros ámbitos y personas con curiosidad por los nuevos sonidos y las letras originales.

De hecho, cuando oí “Siembra” por primera vez (por ahí en 1988), luego de que mi papá pusiera el álbum en el equipo de la casa (en aquellos tiempos en que la salsa, con Joe Arroyo y el Grupo Niche, me tenían fascinado), sentí un golpe de emoción al descubrir un mundo nuevo. Es que me encantó el comienzo satírico, pero muy chévere, con música “Disco”, de “Plástico” (con su fuerte crítica al arribismo, al clasismo, al racismo y a la pérdida de identidad) que terminaba con un llamado a la unidad latinoamericana. Pero también me fascinó ese son montuno, con solo de trombón de Colón y “solo de boca” de Blades, llamado “Buscando Guayaba”. Y me descrestaron canciones como “María Lionza”, una crónica sobre el sincretismo en Venezuela, que me hizo ir a buscar la montaña de Sorte por Yaracuy; “Dime”, con su tumbao romántico pero con mucho swing; “Ojos”, con esa hermosa poesía de Johnny Ortiz y, por supuesto, “Siembra” con su arreglo espectacular y mensaje, para nada ingenuo, de esperanza que, en esos tiempos y hoy también, algunos creen que es solo una utopía.
Y, claro, mención aparte se merece “Pedro Navaja”, esa maravillosa crónica de Blades sobre un bandido latino en Nueva York que me atrapó gracias a su espectacular arreglo con armonías jazzeadas, sonido urbano (hoy en día muy contemporáneo), efectos sonoros y, sobre todo, por la manera en que, poco a poco (desde un comienzo de solo conga y voz), van entrando, mientras modula la tonalidad, todos los instrumentos hasta el momento en que se encuentran el malandro Pedro Barrios y la prostituta Josefina Wilson, quienes se dan cuenta de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, Ay Dios”.

De hecho, siempre digo que por cuenta de “Pedro Navaja” me fasciné por estudiar las historias de los bandidos y los contextos en los que estos surgen, con lo cual es claro que este álbum ha sido, para mí, mucho más que un mero entretenimiento y, por eso, cabe decir, es que el lanzamiento de mi libro “La nueva guerra verde”, arrancó con mi banda tocando “Pedro Navaja” (lástima que el video se perdió, pero esa es otra historia), ya que esas obras maestras ("Pedro Navaja", claro está) dicen, planean y expresan mucho más de lo que algunos pueden llegar a pensar.

Después de ese álbum las carreras de Colón y Blades jamás serían iguales. Al poco tiempo (y luego de álbumes maravillosos como “Maestra Vida” y “Canciones del solar de los aburridos”) decidieron separarse y seguir cada uno por su lado, con bastantes tensiones hasta una ruptura que parece definitiva cuando, precisamente, hubo líos por las ganancias de un concierto que celebraba, en 2003, los 25 años de este álbum. Asimismo, Rubén Blades (quien, definitivamente, encontró el estrellato con ese álbum, gracias al respaldo de Colón) se dio cuenta de las tumbadas que le pegaban en el sello Fania por cuenta de sus regalías y derechos de autor. También Colón empezó a tener una mirada más amplia sobre lo que implica ser latinoamericano, no solo en el barrio newyorkino, sino en todo el continente (a pesar de lo facho que se volvió después). Y si bien ambos siguieron, por separado, haciendo obras de gran calidad (de Blades, por ejemplo, el maravilloso “Buscando América” y de Colón el grandioso “Fantasmas”, entre muchos más), es claro que “Siembra” es un punto muy alto, no solo en las carreras de esos maravillosos creadores sino en ese género que nos apasiona y que, alguna vez, por cuestiones comerciales, pero también con mucha razón, decidieron llamar “Salsa”.
Así que bien vale la pena celebrar este álbum, sobre todo porque demostró que es posible tener éxito comercial yendo contra la corriente, no plegándose a las modas del momento y haciendo un trabajo honesto que siempre valdrá la pena aplaudir.

Hoy me gozaré, como tantas otras veces, “Siembra” porque, como dice la canción, hay que sembrar y dar frutos de esperanza pa´ los que vienen detrás. Ahí seguiremos, así sea de a poquitos.

SIEMBRA - 40 Años Después...

Petrit Baquero
Autor del Artículo
Por Petrit Baquero

Hace 40 años se lanzó “Siembra”, el álbum más vendido de la historia de la salsa, una obra maestra por sus maravillosas canciones, efectivos y novedosos arreglos, virtuosos músicos, letras llenas de sentido social y posturas políticas contundentes (¡Nicaragua sin Somoza!), extensa duración de los temas y uso de efectos sonoros.


El disco, firmado por Willie Colón y Rubén Blades, representó una verdadera revolución que demostró que la salsa, que de todas formas sonaba (en esos tiempos) rebelde y contestataria, con sus letras y sonidos barriales llenos de orgullo latinoamericano, caribeño y africano, podía trascender a otros espacios con unas letras cargadas de mensajes profundos en un contexto de efervescencia social y política.

Los tres trombones, agresivos y bien afincados; el bajo funkeado del gran Sal Cuevas, la percusión sabrosa de Mangual Jr., Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; los arreglos de cuerdas de Carlos Franzetti y, por supuesto, la dirección musical de Willie Colón, así como las letras y la voz de Rubén Blades, marcaron un camino para quienes están convencidos de que se puede pensar críticamente sin perder el swing y el tumbao (y la rebeldía).

El éxito sin precedentes de “Siembra” atrajo a la salsa a personas que antes no le habían puesto atención, ya que veían al género (como pasa actualmente con otras músicas) como una música de malandros o, en el mejor de los casos, como una manifestación que solo servía para mover el cuerpo pero no la mente. Pero “Siembra” cambió esta percepción pues su impacto le hizo ser objeto –y medio-, no solo para rumbas bacanísimas, sino para análisis profundos y montajes artísticos por parte de investigadores sociales, estudiantes, artistas de otros ámbitos y personas con curiosidad por los nuevos sonidos y las letras originales.

De hecho, cuando oí “Siembra” por primera vez (por ahí en 1988), luego de que mi papá pusiera el álbum en el equipo de la casa (en aquellos tiempos en que la salsa, con Joe Arroyo y el Grupo Niche, me tenían fascinado), sentí un golpe de emoción al descubrir un mundo nuevo. Es que me encantó el comienzo satírico, pero muy chévere, con música “Disco”, de “Plástico” (con su fuerte crítica al arribismo, al clasismo, al racismo y a la pérdida de identidad) que terminaba con un llamado a la unidad latinoamericana. Pero también me fascinó ese son montuno, con solo de trombón de Colón y “solo de boca” de Blades, llamado “Buscando Guayaba”. Y me descrestaron canciones como “María Lionza”, una crónica sobre el sincretismo en Venezuela, que me hizo ir a buscar la montaña de Sorte por Yaracuy; “Dime”, con su tumbao romántico pero con mucho swing; “Ojos”, con esa hermosa poesía de Johnny Ortiz y, por supuesto, “Siembra” con su arreglo espectacular y mensaje, para nada ingenuo, de esperanza que, en esos tiempos y hoy también, algunos creen que es solo una utopía.
Y, claro, mención aparte se merece “Pedro Navaja”, esa maravillosa crónica de Blades sobre un bandido latino en Nueva York que me atrapó gracias a su espectacular arreglo con armonías jazzeadas, sonido urbano (hoy en día muy contemporáneo), efectos sonoros y, sobre todo, por la manera en que, poco a poco (desde un comienzo de solo conga y voz), van entrando, mientras modula la tonalidad, todos los instrumentos hasta el momento en que se encuentran el malandro Pedro Barrios y la prostituta Josefina Wilson, quienes se dan cuenta de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, Ay Dios”.

De hecho, siempre digo que por cuenta de “Pedro Navaja” me fasciné por estudiar las historias de los bandidos y los contextos en los que estos surgen, con lo cual es claro que este álbum ha sido, para mí, mucho más que un mero entretenimiento y, por eso, cabe decir, es que el lanzamiento de mi libro “La nueva guerra verde”, arrancó con mi banda tocando “Pedro Navaja” (lástima que el video se perdió, pero esa es otra historia), ya que esas obras maestras ("Pedro Navaja", claro está) dicen, planean y expresan mucho más de lo que algunos pueden llegar a pensar.

Después de ese álbum las carreras de Colón y Blades jamás serían iguales. Al poco tiempo (y luego de álbumes maravillosos como “Maestra Vida” y “Canciones del solar de los aburridos”) decidieron separarse y seguir cada uno por su lado, con bastantes tensiones hasta una ruptura que parece definitiva cuando, precisamente, hubo líos por las ganancias de un concierto que celebraba, en 2003, los 25 años de este álbum. Asimismo, Rubén Blades (quien, definitivamente, encontró el estrellato con ese álbum, gracias al respaldo de Colón) se dio cuenta de las tumbadas que le pegaban en el sello Fania por cuenta de sus regalías y derechos de autor. También Colón empezó a tener una mirada más amplia sobre lo que implica ser latinoamericano, no solo en el barrio newyorkino, sino en todo el continente (a pesar de lo facho que se volvió después). Y si bien ambos siguieron, por separado, haciendo obras de gran calidad (de Blades, por ejemplo, el maravilloso “Buscando América” y de Colón el grandioso “Fantasmas”, entre muchos más), es claro que “Siembra” es un punto muy alto, no solo en las carreras de esos maravillosos creadores sino en ese género que nos apasiona y que, alguna vez, por cuestiones comerciales, pero también con mucha razón, decidieron llamar “Salsa”.
Así que bien vale la pena celebrar este álbum, sobre todo porque demostró que es posible tener éxito comercial yendo contra la corriente, no plegándose a las modas del momento y haciendo un trabajo honesto que siempre valdrá la pena aplaudir.

Hoy me gozaré, como tantas otras veces, “Siembra” porque, como dice la canción, hay que sembrar y dar frutos de esperanza pa´ los que vienen detrás. Ahí seguiremos, así sea de a poquitos.

martes, 19 de julio de 2016

“En la Salsa hay mucho Payaso”: Willie Colón

John Cerón del periódico El Espacio de Colombia, realizó la entrevista a Willie Colón donde contestó algunas preguntas sobre su carrera musical y otros aspectos de su vida artística. Recordado por su éxitos ‘Gitana’, ‘Sin poderte hablar’, ‘Idilio’, ‘El gran varón’ y por supuesto por el dúo dinámico que conformó con Héctor Lavoe.


El Salsero afirmó “estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Solo hay un Héctor Lavoe y los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

¿Cómo lograron para hacer que la música salsa perdurara tantos años? “Por más que algunos sabios digan que la salsa es de aquí o de allá o que es así o asá, ellos están hablando babosadas. La razón es que esta se formó solita. Debido a los ingredientes en el ambiente de Nueva York, que fue un terreno fértil para un proceso orgánico. Las corporaciones y los artistas fabricados de hoy no tienen idea de lo que es la verdadera salsa. Muchos de estos cantantes, son excelentes interpretes, y creen que con solo poder cantar bien todo lo demás va caer en su sitio. La verdad es que se necesitan muchas cosas. Hay que conocer las raíces, la música vieja para empezar. Tienes que tener mucha hambre. Hay que sufrir para poder apreciar el alivio y la libertad de una rumba buena”.

¿Cómo era ese New York, en cuanto a orquestas? “Era un New York de esperanzas, de retos, de oportunidades, pero también de racismo, peligros y humillaciones. El latino no se asimiló como los italianos, los irlandeses, los griegos, etc. La música la traíamos en el corazón y era una verdad tan poderosa que se convirtió para muchos de nosotros en un consuelo ante la adversidades. Una fuerza que nos unía, nuestra nueva identidad como latinos en un mundo nuevo. Para los 60’s ya nuestra música era un brasa encendida en todos nuestros vecindarios. Un pasatiempo para los bailadores que les proveía una oportunidad para poder conocer su media naranja. Para los músicos era un chance para empezar una carrera. Para los empresarios un mercado intacto. Todo este nuevo mundo del disquero, el promotor, el bailador y el músico circulaba por la melodía”.

¿Por qué el trombón? “El trombón era algo nuevo. En esos tiempos todas las orquestas eran de trompetas y saxos. Grandes grupos de 12 a 18 músicos. Muchas bocas para alimentar. Había poca amplificación. Cuando primero oí a Mon Rivera cantando con Joe Cotto, ‘Dolores La Pachanguera’ y empezó un solo de trombón del gran maestro Barry Rogers, me enamoré del instrumento y cambié de trompeta a trombón de pistones y después a trombón de vara. Con 2 trombones y uno de esos nuevos amplificadores que salieron cuando yo empecé hacíamos más ruido que los bandones tradicionales”.

¿Su decisión de ser salsero quién se la dio o de dónde se inspiró? “De los muchachos mayores del bloque. Ellos tocaban congas, cencerros y escuchaban a Tito Puente, Tito Rodríguez y a Machito. Yo entendí que para poder ganar su respeto tenía que aprender de la música. Decidí que no quería ser un percusionista. Empecé a estudiar teclados, flauta, trompeta y finalmente el trombón. Entendí que esto podía ser una manera digna de ganarme la vida. Éramos pobres y lo único que necesitaba era un instrumento y muchas ganas de triunfar. Mi familia me apoyaba orgullosamente”.

¿Cuándo compone en qué piensa? “Todo depende. La idea puede ser premeditada o puede llegar de la nada. Algunas veces uno oye algo o lee algo o se le ocurre algo que no es musical, pero que es un pedazo de información que me urge tratar de compartir y le busco forma en prosa y melodía. En ese caso es una idea. Otras veces llega una melodía que empieza a desarrollarse en tu cabeza; entonces digo que tengo que ponerle música y palabras. Hay muchas canciones que nunca llegan a ser escritas porque el proceso de vivir las troncha, puede sonar el teléfono o alguien te puede saludar o no tienes grabador, papel, pluma u otra manera para recordarla y se pierden para siempre”.

¿En sus ratos libres, qué música escucha? “De todo menos rap y reguetton. Ya estoy viejo y no me entra. Me gusta oír música en otros idiomas: turco, hebreo, alemán, portugués, italiano, irlandés, ruso, chino, todo es bueno. Me gusta la música instrumental, también me gusta escuchar una música y adivinar de que parte del mundo salió. Oigo rock, gaita, cumbia, jazz, calipso, plena, bomba, vallenato, huapango, tango. Todo es bueno”.

¿De los temas que ha cantado, cuál es el más significativo y por qué? Creo que fue Che Che Colé. Fue mi partida a un pensamiento más experimental. Lo importante fue que el riesgo fue bien recibido y compensado. De no haber sido así, ¿Quién sabe dónde estaría hoy?

¿Cuénteme un poco del álbum Asalto de Navidad 1? “Asalto de Navidad fue un reto para mí. Quise hacer tributo a la música de mi abuela Antonia Pintor. Antes de eso los ‘Niuyoricans’ y los jibaros que llegaban a New York se burlaban de la música de cuerdas. Le llamaban el “guilingiguiling”. Algo como la bachata de hoy. Yo busqué a Yomo Toro que trabajaba en un bar al lado de donde laboraba mi mamá, en la calle 149 entre Brook Avenue y Willis Avenue en el Bronx, ‘La Campana’. Cuando le pregunté cómo íbamos a grabar el cuatro, porque yo nunca había grabado uno, él pensó que yo le pedía que tocara guitarra eléctrica. Yo traté de crear una cama donde Yomo, que era salsero, pudiera tocar sus aguinaldos y música jibara tal cual siempre la tocaba y nosotros le daríamos vuelo con un masacote fino, pero obedeciendo la forma de la música autóctona de Puerto Rico. Lo único que faltaba era la voz del jibarito Héctor Lavoe, quien entró como pez en el agua. La química fue increíble. Nadie podía esperar que saliera algo tan sabroso, tan autentico y tan diferente. Pero como te dije ante, es un proceso orgánico. La salsa se hace solita”.

¿A quién le dejará su legado musical, sabiendo que usted es de los salseros más importantes del mundo? “A todo el que la reciba. Me siento dichoso y agradecido por el cariño y la generosidad del público que me viene a ver y ha comprado mis grabaciones a través de casi 50 años. No me puedo quejar, son pocos los que tienen la suerte que tuve. Ese legado puede seguir sonando y se puede apagar cuando me vaya, no importa, lo que cuenta es que movió e hizo vibrar multitudes mientras estuve y eso es el tesoro que me llevo”.

José Mangual Jr., en una entrevista me dijo que la esencia y la hermosa sonoridad de esos álbumes que ustedes grabaron con el sello Fania, además de su ingenio e innovación, era que lo hacían con la orquesta en pleno. ¿Cuénteme un poco de esos momentos? “Esos muchachos son monstruos en esta profesión. José Mangual Jr., Milton Cardona, Profesor Joe Torres. Se unieron conmigo y Héctor. Creyeron en el proyecto y se atrevieron a experimentar en lo que sea. Ellos entendían que la salsa era una manera de hacer música, un concepto. Aunque algunos nos criticaban y ellos bien sabían tocar como los otros. Conmigo rompieron las reglas e hicimos algo diferente. Algo audaz, algo muy nuestro”.

¿Podrá existir otro Héctor Lavoe? ¡Seguro que sí! En otra galaxia, u otra dimensión paralela, pero en este planeta no señorito. Estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo de trabajo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Se creen que cotorreando sus soneos palabra por palabra es que están cantando. Es oportunismo descarado. Solo hay un Héctor LaVoe y que vengan los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

Gracias maestro Willie Colón por esta entrevista. Solo resta decir que Colombia ha sido tan fiel a este género, que tengo que decirle de parte mía, de los integrantes de mi orquesta y todos mis colegas, ¡gracias Colombia! por cargar la antorcha. El próximo viernes estaré nuevamente en este maravilloso país brindando mis canciones”.

Textos: Periódico El Espacio (John Cerón)

“En la Salsa hay mucho Payaso”: Willie Colón

John Cerón del periódico El Espacio de Colombia, realizó la entrevista a Willie Colón donde contestó algunas preguntas sobre su carrera musical y otros aspectos de su vida artística. Recordado por su éxitos ‘Gitana’, ‘Sin poderte hablar’, ‘Idilio’, ‘El gran varón’ y por supuesto por el dúo dinámico que conformó con Héctor Lavoe.


El Salsero afirmó “estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Solo hay un Héctor Lavoe y los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

¿Cómo lograron para hacer que la música salsa perdurara tantos años? “Por más que algunos sabios digan que la salsa es de aquí o de allá o que es así o asá, ellos están hablando babosadas. La razón es que esta se formó solita. Debido a los ingredientes en el ambiente de Nueva York, que fue un terreno fértil para un proceso orgánico. Las corporaciones y los artistas fabricados de hoy no tienen idea de lo que es la verdadera salsa. Muchos de estos cantantes, son excelentes interpretes, y creen que con solo poder cantar bien todo lo demás va caer en su sitio. La verdad es que se necesitan muchas cosas. Hay que conocer las raíces, la música vieja para empezar. Tienes que tener mucha hambre. Hay que sufrir para poder apreciar el alivio y la libertad de una rumba buena”.

¿Cómo era ese New York, en cuanto a orquestas? “Era un New York de esperanzas, de retos, de oportunidades, pero también de racismo, peligros y humillaciones. El latino no se asimiló como los italianos, los irlandeses, los griegos, etc. La música la traíamos en el corazón y era una verdad tan poderosa que se convirtió para muchos de nosotros en un consuelo ante la adversidades. Una fuerza que nos unía, nuestra nueva identidad como latinos en un mundo nuevo. Para los 60’s ya nuestra música era un brasa encendida en todos nuestros vecindarios. Un pasatiempo para los bailadores que les proveía una oportunidad para poder conocer su media naranja. Para los músicos era un chance para empezar una carrera. Para los empresarios un mercado intacto. Todo este nuevo mundo del disquero, el promotor, el bailador y el músico circulaba por la melodía”.

¿Por qué el trombón? “El trombón era algo nuevo. En esos tiempos todas las orquestas eran de trompetas y saxos. Grandes grupos de 12 a 18 músicos. Muchas bocas para alimentar. Había poca amplificación. Cuando primero oí a Mon Rivera cantando con Joe Cotto, ‘Dolores La Pachanguera’ y empezó un solo de trombón del gran maestro Barry Rogers, me enamoré del instrumento y cambié de trompeta a trombón de pistones y después a trombón de vara. Con 2 trombones y uno de esos nuevos amplificadores que salieron cuando yo empecé hacíamos más ruido que los bandones tradicionales”.

¿Su decisión de ser salsero quién se la dio o de dónde se inspiró? “De los muchachos mayores del bloque. Ellos tocaban congas, cencerros y escuchaban a Tito Puente, Tito Rodríguez y a Machito. Yo entendí que para poder ganar su respeto tenía que aprender de la música. Decidí que no quería ser un percusionista. Empecé a estudiar teclados, flauta, trompeta y finalmente el trombón. Entendí que esto podía ser una manera digna de ganarme la vida. Éramos pobres y lo único que necesitaba era un instrumento y muchas ganas de triunfar. Mi familia me apoyaba orgullosamente”.

¿Cuándo compone en qué piensa? “Todo depende. La idea puede ser premeditada o puede llegar de la nada. Algunas veces uno oye algo o lee algo o se le ocurre algo que no es musical, pero que es un pedazo de información que me urge tratar de compartir y le busco forma en prosa y melodía. En ese caso es una idea. Otras veces llega una melodía que empieza a desarrollarse en tu cabeza; entonces digo que tengo que ponerle música y palabras. Hay muchas canciones que nunca llegan a ser escritas porque el proceso de vivir las troncha, puede sonar el teléfono o alguien te puede saludar o no tienes grabador, papel, pluma u otra manera para recordarla y se pierden para siempre”.

¿En sus ratos libres, qué música escucha? “De todo menos rap y reguetton. Ya estoy viejo y no me entra. Me gusta oír música en otros idiomas: turco, hebreo, alemán, portugués, italiano, irlandés, ruso, chino, todo es bueno. Me gusta la música instrumental, también me gusta escuchar una música y adivinar de que parte del mundo salió. Oigo rock, gaita, cumbia, jazz, calipso, plena, bomba, vallenato, huapango, tango. Todo es bueno”.

¿De los temas que ha cantado, cuál es el más significativo y por qué? Creo que fue Che Che Colé. Fue mi partida a un pensamiento más experimental. Lo importante fue que el riesgo fue bien recibido y compensado. De no haber sido así, ¿Quién sabe dónde estaría hoy?

¿Cuénteme un poco del álbum Asalto de Navidad 1? “Asalto de Navidad fue un reto para mí. Quise hacer tributo a la música de mi abuela Antonia Pintor. Antes de eso los ‘Niuyoricans’ y los jibaros que llegaban a New York se burlaban de la música de cuerdas. Le llamaban el “guilingiguiling”. Algo como la bachata de hoy. Yo busqué a Yomo Toro que trabajaba en un bar al lado de donde laboraba mi mamá, en la calle 149 entre Brook Avenue y Willis Avenue en el Bronx, ‘La Campana’. Cuando le pregunté cómo íbamos a grabar el cuatro, porque yo nunca había grabado uno, él pensó que yo le pedía que tocara guitarra eléctrica. Yo traté de crear una cama donde Yomo, que era salsero, pudiera tocar sus aguinaldos y música jibara tal cual siempre la tocaba y nosotros le daríamos vuelo con un masacote fino, pero obedeciendo la forma de la música autóctona de Puerto Rico. Lo único que faltaba era la voz del jibarito Héctor Lavoe, quien entró como pez en el agua. La química fue increíble. Nadie podía esperar que saliera algo tan sabroso, tan autentico y tan diferente. Pero como te dije ante, es un proceso orgánico. La salsa se hace solita”.

¿A quién le dejará su legado musical, sabiendo que usted es de los salseros más importantes del mundo? “A todo el que la reciba. Me siento dichoso y agradecido por el cariño y la generosidad del público que me viene a ver y ha comprado mis grabaciones a través de casi 50 años. No me puedo quejar, son pocos los que tienen la suerte que tuve. Ese legado puede seguir sonando y se puede apagar cuando me vaya, no importa, lo que cuenta es que movió e hizo vibrar multitudes mientras estuve y eso es el tesoro que me llevo”.

José Mangual Jr., en una entrevista me dijo que la esencia y la hermosa sonoridad de esos álbumes que ustedes grabaron con el sello Fania, además de su ingenio e innovación, era que lo hacían con la orquesta en pleno. ¿Cuénteme un poco de esos momentos? “Esos muchachos son monstruos en esta profesión. José Mangual Jr., Milton Cardona, Profesor Joe Torres. Se unieron conmigo y Héctor. Creyeron en el proyecto y se atrevieron a experimentar en lo que sea. Ellos entendían que la salsa era una manera de hacer música, un concepto. Aunque algunos nos criticaban y ellos bien sabían tocar como los otros. Conmigo rompieron las reglas e hicimos algo diferente. Algo audaz, algo muy nuestro”.

¿Podrá existir otro Héctor Lavoe? ¡Seguro que sí! En otra galaxia, u otra dimensión paralela, pero en este planeta no señorito. Estoy harto de todos esos payasos aprovechándose de su cuerpo de trabajo haciéndole ‘tributos’ y ‘homenajes’. Se creen que cotorreando sus soneos palabra por palabra es que están cantando. Es oportunismo descarado. Solo hay un Héctor LaVoe y que vengan los Marc Anthony, Van Lester y todos los otros payasos sacando billete a costilla de Héctor es triste. Más triste es que hay un público ignorante que lo acepte”.

Gracias maestro Willie Colón por esta entrevista. Solo resta decir que Colombia ha sido tan fiel a este género, que tengo que decirle de parte mía, de los integrantes de mi orquesta y todos mis colegas, ¡gracias Colombia! por cargar la antorcha. El próximo viernes estaré nuevamente en este maravilloso país brindando mis canciones”.

Textos: Periódico El Espacio (John Cerón)

viernes, 31 de julio de 2015

Willie Colón busca acercarse a las nuevas generaciones

Miami.- El cantante y compositor Willie Colón asegura que seguirá experimentando con nuevos ritmos para fusionarlos con la salsa, con intención de "mantener vigente este género" y "acercarse a públicos más jóvenes", según declaró a Efe.


"Afortunadamente la salsa tiene una demografía muy amplia y por eso se ha mantenido a través del tiempo, pero para que la música siga evolucionando es importante que se prueben cosas nuevas", manifestó el músico, cuyo disco "El malo II, Prisioneros del mambo" (2008) incluyó también sonidos propios de la balada y la música urbana.

El trombonista señaló que aunque hoy en día resulta "difícil competir" con el "boom de los nuevos géneros urbanos", en lo personal es optimista sobre la vigencia de la salsa, sobre todo cuando en sus giras se encuentra con músicos "cada vez más jóvenes y talentosos que van a mantener al ritmo vivo".

Afirmó, no obstante, que "es necesario que las compañías productoras y empresarios le apunten más a la salsa".

"Otros géneros van y vienen, pero la salsa sigue, no hay que dejarla morir", agregó el llamado "Malo del Bronx", y quien este fin de semana actuará en Miami (Florida), como parte del Festival Internacional de la Salsa que se celebra en esta ciudad.

A sus 64 años de edad, William Anthony Colón Román acumula más de 50 producciones discográficas y alrededor de 30 millones de copias vendidas a lo largo de su carrera musical, iniciada cuando apenas tenía 15 años en Nueva York, ciudad en la que nació y fue inspiración de varias de sus composiciones.

Junto con otras leyendas salseras como Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Jonny Pachecco, Andy Harlow, o la Sonora Ponceña, el veterano músico sacó adelante el legendario sello discográfico Fania Records, señalada como la plataforma que lanzó el género de la salsa a nivel mundial.

La dupla que formó con el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, con quien Cólón grabó más de una docena de discos y a quien le guarda gratitud porque le debe su "éxito y carrera", consolidó en los años 1970 el llamado "sonido del barrio", que desde la urbe neoyorquina se extendió a toda la comunidad hispana en Estados Unidos y Latinoamérica.

Durante su trayectoria, en la que también destacó como productor musical, trabajó en colaboración con artistas notables como Rubén Blades, Celia Cruz y David Byrne.

En 2010 grabó junto al colombiano Fonseca el sencillo "Estar Lejos", una fusión de bolero y pop latino que llegó a ser nominada a un Latin Grammy en la categoría "Mejor canción tropical".

Merecedor de un sinnúmero de galardones, entre ellos un Grammy Latino a la "Excelencia Musical" en 2004, Colón asegura que continuará trabajando mientras mantenga la convicción de que lo que hace "es importante y tiene influencia", cómo lo refleja que en sus presentaciones los "jóvenes cantan y piden sus canciones con energía".

"En los conciertos que realizamos en Latinoamérica hay una asistencia masiva de hasta 100.000 personas, desde jovencitos hasta abuelitos. La gente sigue pidiendo más salsa", aseveró.

El salsero se presentará en Miami hoy y mañana domingo, como parte destacada del cartel del Festival Internacional de la Salsa, evento iniciado el pasado jueves y en el que sus organizadores esperan congregar a más de 40.000 personas.

Colón promete desplegar en sus dos presentaciones el repertorio que lo ha consagrado como una de las principales figuras de este género, entre ellos "Idilio", "Gitana", "Amor verdadero" y "Gran Varón".

El festival rendirá tributo a las fallecidas estrellas Héctor Lavoe y de la cantante cubana Celia Cruz, a quien Colón dedicará la canción "Usted Abusó"

Fuente: Agencia EFE

Willie Colón busca acercarse a las nuevas generaciones

Miami.- El cantante y compositor Willie Colón asegura que seguirá experimentando con nuevos ritmos para fusionarlos con la salsa, con intención de "mantener vigente este género" y "acercarse a públicos más jóvenes", según declaró a Efe.


"Afortunadamente la salsa tiene una demografía muy amplia y por eso se ha mantenido a través del tiempo, pero para que la música siga evolucionando es importante que se prueben cosas nuevas", manifestó el músico, cuyo disco "El malo II, Prisioneros del mambo" (2008) incluyó también sonidos propios de la balada y la música urbana.

El trombonista señaló que aunque hoy en día resulta "difícil competir" con el "boom de los nuevos géneros urbanos", en lo personal es optimista sobre la vigencia de la salsa, sobre todo cuando en sus giras se encuentra con músicos "cada vez más jóvenes y talentosos que van a mantener al ritmo vivo".

Afirmó, no obstante, que "es necesario que las compañías productoras y empresarios le apunten más a la salsa".

"Otros géneros van y vienen, pero la salsa sigue, no hay que dejarla morir", agregó el llamado "Malo del Bronx", y quien este fin de semana actuará en Miami (Florida), como parte del Festival Internacional de la Salsa que se celebra en esta ciudad.

A sus 64 años de edad, William Anthony Colón Román acumula más de 50 producciones discográficas y alrededor de 30 millones de copias vendidas a lo largo de su carrera musical, iniciada cuando apenas tenía 15 años en Nueva York, ciudad en la que nació y fue inspiración de varias de sus composiciones.

Junto con otras leyendas salseras como Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Jonny Pachecco, Andy Harlow, o la Sonora Ponceña, el veterano músico sacó adelante el legendario sello discográfico Fania Records, señalada como la plataforma que lanzó el género de la salsa a nivel mundial.

La dupla que formó con el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, con quien Cólón grabó más de una docena de discos y a quien le guarda gratitud porque le debe su "éxito y carrera", consolidó en los años 1970 el llamado "sonido del barrio", que desde la urbe neoyorquina se extendió a toda la comunidad hispana en Estados Unidos y Latinoamérica.

Durante su trayectoria, en la que también destacó como productor musical, trabajó en colaboración con artistas notables como Rubén Blades, Celia Cruz y David Byrne.

En 2010 grabó junto al colombiano Fonseca el sencillo "Estar Lejos", una fusión de bolero y pop latino que llegó a ser nominada a un Latin Grammy en la categoría "Mejor canción tropical".

Merecedor de un sinnúmero de galardones, entre ellos un Grammy Latino a la "Excelencia Musical" en 2004, Colón asegura que continuará trabajando mientras mantenga la convicción de que lo que hace "es importante y tiene influencia", cómo lo refleja que en sus presentaciones los "jóvenes cantan y piden sus canciones con energía".

"En los conciertos que realizamos en Latinoamérica hay una asistencia masiva de hasta 100.000 personas, desde jovencitos hasta abuelitos. La gente sigue pidiendo más salsa", aseveró.

El salsero se presentará en Miami hoy y mañana domingo, como parte destacada del cartel del Festival Internacional de la Salsa, evento iniciado el pasado jueves y en el que sus organizadores esperan congregar a más de 40.000 personas.

Colón promete desplegar en sus dos presentaciones el repertorio que lo ha consagrado como una de las principales figuras de este género, entre ellos "Idilio", "Gitana", "Amor verdadero" y "Gran Varón".

El festival rendirá tributo a las fallecidas estrellas Héctor Lavoe y de la cantante cubana Celia Cruz, a quien Colón dedicará la canción "Usted Abusó"

Fuente: Agencia EFE

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