miércoles, 3 de febrero de 2021

Pedrito Martínez presenta... Acertijos

El multipercusionista y cantante cubano Pedrito Martinez, nos presenta un adelanto de lo que será su nuevo trabajo discográfico.

Nos presenta un disco que se compone de 9 canciones totalmente inéditas, que promete ser lúdica y profunda, juvenil y antigua, a la vez que constata con sonidos de yoruba, rumba, jazz y timba. “Una recopilación de emociones”, lo llama Pedrito, “y la historia de mi vida viviendo en Nueva York y Cuba”.


1. Aumba,
2. My Father’s Eyes,
3. Yo Si Quiero,
4. Si no sabes bailar,
5. Ciudadano,
6. Por Que Sera,
7. Inhospito Mundo,
8. Blasfemador
9. Afina el Arroz.


Son los temas que incluye esta producción, que cuenta con invitados como Eric Clapton, Gilberto Santa Rosa, Issac Delgado, Kenny Garrett y Jon Faddis entre otros.

Gracias Carlos Mantilla y su programa Charanga y Son de Bucaramanga, quien nos compartió este adelanto y pueden escuchar los audios... Aquí

 

Este disco viene en dos presentaciones CD y Vinilo para los amantes de los diferentes formatos.


sábado, 5 de diciembre de 2020

La noche que llegó "El Songo" a Medellín: Los Van Van


El hallazgo de Los Van Van –y en general de la música cubana tras la revolución de 1959- para el público de Medellín se produjo poco a poco, de la mano de estudiantes e intelectuales de izquierda, más por el amor por la música y la admiración por el proyecto político en la isla, que por las razones del mercado que han traído otras modas y otros consumos, efímeros, mediocres y desechables. La música de Juan Formell llegó despacio, pero llegó para quedarse.



Las primeras grabaciones de Los Van Van llegaron a Medellín a mediados de la década de los 70 del siglo pasado por vías no comerciales, los protagonistas fueron los teatreros, intelectuales, profesores universitarios y sindicalistas que viajaban a La Habana en intercambios culturales o por conocer, de propia vista, el proceso político de la isla y regresaban cargados de música, y entre los discos y casetes se colaron Los Van Van, que ya sonaban por todos los rincones de la isla bloqueada.

Pero esas grabaciones se quedaron en reuniones familiares y en intercambios entre amigos –compañeros, diríamos ahora-, hasta que llegó la primera invasión vanvanera durante los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se realizaron en junio de 1978.

Los deportistas cubanos, además de salir vencedores en las justas, fueron un motivo de intercambio cultural, en sus maletas llegaron discos y casetes de agrupaciones novedosas en la ciudad como Los Van Van, Irakere y Ritmo Oriental. Con ellos supimos, además, que la Orquesta Aragón y Celina González estaban vigentes y grabando, que existía un nuevo movimiento socio-político-musical llamado Nueva Trova que tenía como protagonistas a un Pablo Milanés, a un Silvio Rodríguez, a una Sara González. Algunas de esas grabaciones sonaron en la radio, pero Medellín no las entendió, la onda salsera neoyorquina prevalecía -y prevalece- y el songo se quedó engavetado.

La música cubana tuvo que hacer un viaje aún más largo: llegó con los estudiantes que habían construido su proyecto de vida en las universidades del desaparecido «campo socialista» de Europa Oriental: venía con los graduandos de Moscú y Kiev. Venían en discos de larga duración etiquetados en ruso.

Para comienzos de la siguiente década, con los discos de contrabando que llegaron de Venezuela, aparecieron los primeros éxitos vanvaneros en la ciudad: Sandunguera, El baile del buey cansao, La Habana no aguanta más, Anda, ven y muévete y Eso que anda. Aun así, la radio se resistía a programarlos habitualmente. Estudiantes universitarios que frecuentaban los bares de salsa de la calle La Paz entre Carabobo y Bolívar, entre ellos El Oro de Munich, La Bahía –de Humberto Freddy Gómez-, y unas cuadras más al norte, La Titular, de William Gutiérrez, llevaban grabaciones en casete para que sonaran en estos centros de hedonismo y sabrosura.

Cuando la salsa buscó otros espacios en la calle San Juan con la apertura de Convergencia, del profesor Edgar Arroyo, en 1987, entre la programación habitual de salsa clásica, nueva trova cubana y otros sonidos del gran Caribe como el reggae, el kompa direct y la soca, Los Van Van ahora sí empezaron a encontrar su espacio. Por esas calendas, la estación radial Latina Estéreo comenzó tímidamente a programar sus éxitos, especialmente la gozosa Sandunguera.

El definitivo arraigo vanvanero se produjo en Rumbantana, en la calle San Juan, fundada en 1995, cuando comenzaron a programar noche tras noche y con discos traídos directamente de La Habana los grandes éxitos de Juan Formell y sus muchachos. La rumba se volvió eterna e imparable con Aquí el que baila gana, Que sorpresa, Te pone la cabeza mala, Se acabó el querer, Normal Natural, Deja la ira, De igual a igual, Permiso que llego Van Van, Disco Azúcar, Que le den candela, Soy todo…

Además, una noche en el año 2001 programaron seis horas seguidas de Los Van Van en las inolvidables audiciones de los jueves. Medellín ahora sí podía ingresar en las grandes ligas vanvaneras y sólo quedaba vivir la experiencia en vivo de Los Van Van de Cuba…

Van Van is here

Durante varios años, uno de los más apasionados de Los Van Van en la ciudad, el periodista Juan Fernando Trujillo, El Flako, intentó convencer a los empresarios del espectáculo para que trajeran a los cubanos de nuevo sonido. No hubo interés, los temores estaban en que eran pocos conocidos y que su música poco sonaba en la radio comercial. Finalmente, el empresario Óscar Castañeda, de la Corporación Medellín de Jazz, arriesgó y se comprometió en semejante proyecto y se iniciaron los contactos para traerlos.

Y llegó la hora… la noche de magia, pero persistía la incredulidad, las preguntas corrían por las calles: ¿vienen Los Van Van? ¿Será posible? La radio se unió al regocijo y programaron más grabaciones de lo habitual. La prensa abrió sus páginas y anunciaron la presencia de un sonido novedoso de bajo y percusión llamado songo que llegaba de Cuba.




La fecha no se olvidará nunca: 1 de noviembre de 2007, en el escenario del Teatro Metropolitano. Estaban programados para las 8 pm, pero con los retrasos tan habituales en nuestro medio empezaron 40 minutos después y nadie dijo nada. Se abrieron por fin los telones y arrancó el songo, Juan Formell, Mayito Rivera, Yenisel Valdés, El Lele, Robertón Hernández y los éxitos de siempre y los de su trabajo más reciente de ese entonces: Chapeando, Anda, ven y quiéreme y Ven, ven, ven. Y los casi 1500 espectadores quedaron extasiados después de casi 2 horas de exorcismo vanvanero.

Esa noche cubana fue una apuesta a la aceptación de los nuevos sonidos provenientes de la isla, a los que algunos mal llaman salsa cubana y otros, tal vez más respetuosos de los particulares ritmos cubanos, discriminan entre songo y timba. Pese a tratarse de géneros que no se encuentran en la programación de las emisoras que difunden salsa, pese a conocerse relativamente poco el extenso trabajo de Formell y sus Van Van, pese a no ser en un escenario apto para el baile, pese al pésimo sonido contratado para la actuación, a la gente le gustó la propuesta rítmica y melódica que, como la audiencia entrenada ha crecido notablemente, ahora los problemas técnicos sí puede determinar el éxito de una presentación.

 Al final del concierto, Juan Formell en los camerinos se dirigió a su trombonista estelar, Hugo Morejón, y le dijo excitado: «anótalo, tenemos más vanvaneros en el corazón para llevar a Cuba».

Los regresos

Cuando pasó el éxtasis, cuando las revoluciones y evoluciones sonoras de Los Van Van se calmaron en las almas de los paisas, regresaron para una presentación en un espacio más abierto, pero con otras deficiencias de sonido que no han podido superar con el paso de los años, la Plaza de Toros La Macarena -ahora llamada Centro de Eventos La Macarena-. Era el 9 de octubre de 2009 y alternaron con el Grupo Niche. Pero la asistencia no fue buena como esperaban los empresarios, aun así, entregaron el alma en tarima por un motivo inmenso: celebraban 40 años alegrando corazones.

Fresca está la visita de Los Van Van a Medellín: fue el 2 de julio de 2010 para el cierre del III Congreso Iberoamericano de Cultura, evento masivo y gratuito en la Plaza Carabobo Norte, a un costado de la Universidad de Antioquia y al frente del Jardín Botánico. Compartieron tarima con el dominicano Víctor Víctor, la peruana Susana Baca, el varias veces rey del vallenato Alfredo Gutiérrez y la cuota del latin jazz local con Siguarajazz. Seguramente la mejor presentación en nuestros predios porque el sonido estuvo impecable, el público de todos los rincones de la ciudad estaba presente y los cubanos se entregaron por más de dos horas de songo, goce, virtuosismo y nuevas sonoridades.

Gracias Formell

El 1 de mayo de 2014, se fue Formell después de no superar las dolencias que lo aquejaban de tiempo atrás. Los Van Van seguirán abriendo brechas a las sutilezas del encierro. Sus grabaciones ya son fáciles de conseguir, se descargan del Internet al día siguiente de su publicación. Seguramente vendrán nuevas voces, nuevas tendencias sonoras y en Medellín seguiremos a la expectativa vanvanera.

La música de Los Van Van llegó a Medellín para confirmar un desmentido: que el son se había ido de Cuba. No solo no se había ido, sino que se había enriquecido, el alma del baile estaba intacta y ahora se dirigía a las nuevas generaciones, en la isla y en el resto de América Latina a través de la música alegre, dicharachera y desenfadada (pero también inquietante y crítica) del grupo que encabezara Formell.

Salseros, soneros, songueros, timberos y vanvaneros convivimos en el mismo éter sonoro.

Aquí el que baila ¡Gana!


Sergio Santana Archbold
Escritor e Investigador / MúsicaAfroantillana


sábado, 21 de noviembre de 2020

Niche y su Latin Grammy


El Grupo Niche ganó hoy el Grammy Latino, pero seamos sinceros, estaban en mora de darle un premio grande a esta institución musical. 
 
 
Tanta música y tanta rumba reunida en un solo nombre, en esa agrupación que nació en Bogotá y que luego adoptó Cali. Niche se hizo grande hace más de 20 años y se metió en el corazón de los colombianos, entre estos en el mío.

Siempre me he declarado más de la vieja escuela que dejó está agrupación y esto lo compruebo al seguir gozando sus canciones clásicas. 
 
Este es un momento preciso para recordar a Moncho Santana, Álvaro del Castillo, Tuto Jiménez, Ostwal Serna, Nicolás Cristancho Macabí, La Coco Lozano, Tarry Garcés, César Monje, Ricardo Valdés, Charlie Cardona, Andrés Viáfara, Álvaro Cabarcas, Fernando Martínez, Javier Vásquez, Raúl Umaña, Moris Jiménez, Alberto Barros, Denilson Ibargüen, Ricardo Bicenty, Tito Gómez y por supuesto Jairo Varela y todos aquellos hicieron parte de ese Grupo Niche que poseía ese sonido característico que nos identificaba y que hizo que nos enamoramos de él. 
 
Saludos.

John Cerón
Periodista Salsero

martes, 10 de noviembre de 2020

Willie y Rubén, por Petrit


Supe de la existencia de Willie Colón y Rubén Blades, ya bien entrados los años ochenta. Y fue cuando mi papá me hizo oír “Siembra”, un álbum que, como ya he dicho varias veces, me impactó tanto que, no solo marcó mi gusto musical.
 
Y marcó mi gusto musical, pues, además de esa ecléctica y poderosa manifestación de influencias con una percusión agresiva, unos potentes trombones, un piano "montunero sabrosísimo" y un bajo completamente "funkero" que me llevaron a un nuevo mundo musical, tenía unas letras contundentes y una clara intención política que me transmitió inmediatamente rebeldía, esperanza y un sentido de solidaridad que siempre he considerado muy valioso. Por eso, las críticas a las dictaduras militares que pululaban en el continente (“Nicaragua sin Somoza”), respeto por el sincretismo y la resistencia cultural, las sátiras contra el arribismo y la superficialidad de la gente “plástica”, y el llamado a la unidad latinoamericana para “un mañana de esperanza y de libertad” fueron, para mí, contundentes. Y, claro, ahí también estaba “Pedro Navaja”, una pequeña historia (“fononovela” le llamaría Willie Colón) que me impactó tanto que, de verdad verdad, años después resulté investigando las historias de muchos bandidos y rebeldes que han marcado, con sus orígenes, contextos, actuaciones y efectos, a gran parte de la sociedad. Así que, luego de descubrir “Siembra”, ya no solo oiría la salsa de Niche y de Joe Arroyo (y de Fruko y sus Tesos), sino que me volcaría -entre muchas otras, claro- sobre la obra de esos dos notables artistas que también me causaban curiosidad por una pinta que se asemejaba a la de los rebeldes barbudos de los sesenta, los “malotes” de barrio de cualquier época o incluso de algunos oficinistas setentudos (no setentones). 
 
Por eso, pasó poco tiempo para que me deleitara con los sonidos novedosos de “Metiendo mano”, la exuberancia sonora y lírica de la ópera “Maestra vida” y las proclamas anti-imperialistas, pero a la vez pícaras y con un sonido más acústico, de “Canciones del solar de los aburridos”, haciéndome saber que Willie Colón y Rubén Blades eran, además de unos talentosos creadores de canciones que hacían rumbear a mucha gente, dos caudillos sonoros que compartían un mensaje político claro, atractivo y, para mí, urgente y necesario. 
 
Esto me llevó a recorrer toda la discografía del “newyorikan” Willie Colón con Lavoe, sus tres álbumes con Celia Cruz, su maravilloso disco con Ismael Miranda, la maravillosa producción con Soledad Bravo y, sobre todo, sus discos solistas en los que plasmaba una exuberante experimentación sonora que, a la vez, era callejera, sabrosa y sofisticada, es decir, el puro “sonido de Nueva York” potenciado con maravillosas versiones de temas brasileros, arreglos de cuerdas majestuosos, percusión bacanísima y unos trombones, como siempre, contundentes y polifónicos. Además, así algunos no estén de acuerdo, a mí me gusta la voz de Colón y considero que fue mejorando con los años. 
 
Y, claro, también me sumergí en la propuesta artística, social y política del panameño Rubén Blades (con "Seis del Solar", "Son del Solar", "Editus" y Roberto Delgado, entre otros), la cual no solo miraba al barrio latino en Nueva York, sino a toda Latinoamérica con un sonido que, así algunos digan otra cosa, era bastante bailable y popular, pero que, a la vez, contaba con unas letras elaboradas y bastante precisas que transmitían la aguda percepción de un gran artista e intelectual sobre la situación social -y humana, individual y colectiva- de tantas gentes en tantos lugares del mundo. 
 
Supe, por supuesto, que, a pesar de vivir momentos de fuerte tensión, Blades y Colón continuaron encontrándose en algunos conciertos y que incluso grabaron un álbum en 1994 titulado “Tras la Tormenta”, cuyo tema homónimo me encanta. Pero, con el tiempo, observé que llegaron fuertes desavenencias personales entre ambos, las cuales han quedado más que en evidencia por la forma diferente en que resultaron viendo el mundo, con Blades como un representante, en sus propias palabras, de “una izquierda coherente”, y con Colón dando un giro cada vez más claro –y sorprendente- hacia la extrema derecha. Y esto quedó aún más en evidencia con la campaña presidencial en Estados Unidos en la que Blades pidió no votar por Trump, a quien denomina el “ogro anaranjado”, mientras que Colón se convirtió en un entusiasta republicano y seguidor de ese multimillonario y ultraderechista empresario convertido en Presidente. 
 
Claro que estas posturas sorprenden, sobre todo en el caso de Colón, pues ¿por qué el otrora rebelde y progresista artista se convirtió en un reaccionario que apoya a los grupos más conservadores de ese país y América Latina? ¿Por qué el talentoso músico que criticaba el "apartheid" social en el que le tocó crecer ahora niega que exista un racismo estructural en Estados Unidos? ¿Por qué el sensible nieto de puertorriqueños se opuso, con todo, a las marchas que, encabezadas por muchos artistas, buscaban tumbar al gobernador corrupto de Puerto Rico? ¿Por qué el activista que criticaba a la "mafia" musical de Miami, porque esta negaba la diversidad de orígenes de la salsa (para decir que es solo música cubana) y solo apoyaba a los que se alinearan con políticas de extrema derecha, resultó acusando de comunista a cualquiera que tenga una agenda progresista y liberal? ¿Por qué ese brillante músico que grabó obras maravillosas que daban cuenta de múltiples influencias y una mirada heterogénea del mundo se convirtió en un personaje que ve la realidad en blanco y negro? ¿Por qué ese genio que incorporó, como ningún otro, la música del Brasil en la salsa (versionando a otros genios, esos sí coherentes con un pensamiento de izquierda, como Chico Buarque y Caetano Veloso) y que clamaba por la unidad latinoamericana ahora apoya posibles intervenciones militares en América Latina? Mejor dicho, ¿qué le pasó al gran Willie Colón que terminó convertido en un amargado que apoya a los grupos más racistas, misóginos y clasistas del mundo? ¿Qué ocurrió con ese inolvidable creador que grabó "Siembra", le cantó al "Tiburón" imperialista y se burló del "General" describiendo a esos dictadores militares en América Latina? En fin, ¿qué es lo que ocurre con aquellos que pasan de defender férreamente una causa a militar en otra totalmente opuesta, como si buscaran huir de sí mismos, es decir, de lo que creían, lo que luchaban y soñaban? 
 
No sé, pero es lamentable que haya pasado. Total, nos queda su maravillosa música, que era mucho mejor en los tiempos en que no era tan facho, y, por eso, les recomiendo el tema “No”, del Willie Colón de comienzos de los noventa


En contraposición, algunos se han sorprendido al conocer la postura de Rubén Blades (y me sorprende que se sorprendan), el artista, intelectual y abogado que ha actuado como funcionario público de alto nivel en su país y cuenta con una maestría en Harvard (y muchas cosas más), lo cual le da peso para opinar sobre algo que, como residente en Estados Unidos, latinoamericano y persona consciente y crítica del mundo en el que vive, le afecta bastante. 
 
De hecho, pareciera que algunos de los que lo critican jamás hubieran oído sus canciones, pues olvidaron que denunció el imperialismo del "Tiburón" gringo que se metía en Centroamérica cada vez que podía, así como protestó por las torturas y los asesinatos en los regímenes políticos autoritarios que había en el continente. 
 
También, al parecer, no sabían que Blades ha atacado el racismo estructural de la sociedad y que, por eso, aplaudió cuando “Ligia Elena” se marchó feliz con su trompetista. Y, por supuesto, olvidaron que Blades le hizo un sentido homenaje al sacerdote Arnulfo Romero, quien denunció las violaciones de Derechos Humanos en el Salvador, al tiempo que nos hablaba de los desaparecidos y nos decía vehementemente: “prohibido olvidar”. Pero, además, no tuvieron en cuenta que el panameño ha planteado en uno de sus más recientes discos la tremenda contradicción (el doble rasero) del gobierno de Estados Unidos que bloquea a Cuba, pero hace negocios con la China manejada por el Partido Comunista (al respecto, oigan el tema "Parrhesia"
 
 
En ese sentido, es diciente que la música de Colón, que antes era rebelde, contestataria, creativa y original (sigue siendo mi salsero favorito), se haya vuelto predecible, acomodada y conservadora, lo cual refleja, por supuesto, su cambio en la manera de concebir al mundo. 
 
Por el contrario, si bien Blades es ahora más políticamente correcto que antes (en “El nacimiento de Ramiro” no dice “marica”, sino “indeciso” y no sé por qué), su obra continúa expresando complejidad y ruptura de algunos esquemas cuadriculados buscando nuevos sonidos y colaboraciones con artistas de diferentes géneros (eso sí, con irregulares resultados, aunque el riesgo vale la pena). 
 
Todo esto me hace creer que aquellos que solo tienen una visión dual de la realidad, es decir que asumen que todo es blanco o negro (o capitalista o comunista) y que tienen una limitada, simplista, maniquea e ignorante visión del mundo, manifiestan, además, una evidente nostalgia (seguramente inconsciente) por tener detrás (o encima) a un líder autoritario que les diga siempre lo que tienen que hacer. Rubén Blades, como ciudadano del mundo, como persona consciente y preparada, como representante de una postura progresista y liberal, y como un brillante cantautor que ha dejado ver un punto de vista bastante sólido, no solo en sus canciones sino en sus declaraciones públicas (como Chico Buarque, como Caetano y como tantos otros), sabe muy bien en qué lugar se encuentra, así algunos de los que bailan sus canciones no lo terminen de entender. 
 
Por el contrario, Willie Colón, el gran Willie Colón, aparentemente olvidó de dónde vino, pues su posición ultraconservadora, la negación del racismo estructural en su país (el nació en South Bronx, NY), sus críticas a las movilizaciones que, en Puerto Rico (su patria ancestral), hicieron renunciar al corrupto gobernador, y sus declaraciones públicas apoyando a un personaje que, abiertamente, ha expresado su desprecio por los países (estos “países de mierda”) y las personas de América Latina, sorprenden y entristecen. Seguramente, ha estado viendo mucho FOX News y, por supuesto, se metió en la idea de que el fracaso del chavismo en Venezuela es un ejemplo para pensar que solamente la ultraderecha es el camino más efectivo, al menos, para que nada cambie (y debe estar, a la fija, gritando que hubo fraude a favor de Biden). 
 
Lo más triste es que la forma opuesta de ver el mundo que tienen estos dos notables creadores, además de los conflictos personales que, incluso, llevaron a demandas y ataques por las redes sociales, evidencian que el sueño de ver otra vez juntos a Rubén Blades y Willie Colón (en los estudios y los escenarios) jamás se podrá hacer realidad (de hecho, yo traté de ponerlos a hablar y como a las dos horas Colón me bloqueó de sus redes sociales -que iluso yo-). Por todo esto, en estos tiempos de polarización, “fake news”, campañas de desinformación y radicalismos alentados por una burbuja que las redes sociales -y unos medios de comunicación tradicionales con claros intereses particulares- ayudan a inflar, es que valdría la pena volver a oír las canciones que Willie y Rubén grabaron hace 40 o 30 años, pues, de pronto, algunos se podrán acordar de algo que, al parecer, hace mucho tiempo se les olvidó (prohibido olvidar, vale la pena volverlo a decir). 
 

 

Al menos Willie Colón debería hacerlo, porque nadie mejor que él (con excepción de Rubén Blades) sabe que “se ven las caras, pero nunca el corazón”. (Yo, de paso, también lo haré.


Petrit Baquero
Escritor

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