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sábado, 21 de noviembre de 2020

Niche y su Latin Grammy


El Grupo Niche ganó hoy el Grammy Latino, pero seamos sinceros, estaban en mora de darle un premio grande a esta institución musical. 
 
 
Tanta música y tanta rumba reunida en un solo nombre, en esa agrupación que nació en Bogotá y que luego adoptó Cali. Niche se hizo grande hace más de 20 años y se metió en el corazón de los colombianos, entre estos en el mío.

Siempre me he declarado más de la vieja escuela que dejó está agrupación y esto lo compruebo al seguir gozando sus canciones clásicas. 
 
Este es un momento preciso para recordar a Moncho Santana, Álvaro del Castillo, Tuto Jiménez, Ostwal Serna, Nicolás Cristancho Macabí, La Coco Lozano, Tarry Garcés, César Monje, Ricardo Valdés, Charlie Cardona, Andrés Viáfara, Álvaro Cabarcas, Fernando Martínez, Javier Vásquez, Raúl Umaña, Moris Jiménez, Alberto Barros, Denilson Ibargüen, Ricardo Bicenty, Tito Gómez y por supuesto Jairo Varela y todos aquellos hicieron parte de ese Grupo Niche que poseía ese sonido característico que nos identificaba y que hizo que nos enamoramos de él. 
 
Saludos.

John Cerón
Periodista Salsero

martes, 10 de noviembre de 2020

Willie y Rubén, por Petrit


Supe de la existencia de Willie Colón y Rubén Blades, ya bien entrados los años ochenta. Y fue cuando mi papá me hizo oír “Siembra”, un álbum que, como ya he dicho varias veces, me impactó tanto que, no solo marcó mi gusto musical.
 
Y marcó mi gusto musical, pues, además de esa ecléctica y poderosa manifestación de influencias con una percusión agresiva, unos potentes trombones, un piano "montunero sabrosísimo" y un bajo completamente "funkero" que me llevaron a un nuevo mundo musical, tenía unas letras contundentes y una clara intención política que me transmitió inmediatamente rebeldía, esperanza y un sentido de solidaridad que siempre he considerado muy valioso. Por eso, las críticas a las dictaduras militares que pululaban en el continente (“Nicaragua sin Somoza”), respeto por el sincretismo y la resistencia cultural, las sátiras contra el arribismo y la superficialidad de la gente “plástica”, y el llamado a la unidad latinoamericana para “un mañana de esperanza y de libertad” fueron, para mí, contundentes. Y, claro, ahí también estaba “Pedro Navaja”, una pequeña historia (“fononovela” le llamaría Willie Colón) que me impactó tanto que, de verdad verdad, años después resulté investigando las historias de muchos bandidos y rebeldes que han marcado, con sus orígenes, contextos, actuaciones y efectos, a gran parte de la sociedad. Así que, luego de descubrir “Siembra”, ya no solo oiría la salsa de Niche y de Joe Arroyo (y de Fruko y sus Tesos), sino que me volcaría -entre muchas otras, claro- sobre la obra de esos dos notables artistas que también me causaban curiosidad por una pinta que se asemejaba a la de los rebeldes barbudos de los sesenta, los “malotes” de barrio de cualquier época o incluso de algunos oficinistas setentudos (no setentones). 
 
Por eso, pasó poco tiempo para que me deleitara con los sonidos novedosos de “Metiendo mano”, la exuberancia sonora y lírica de la ópera “Maestra vida” y las proclamas anti-imperialistas, pero a la vez pícaras y con un sonido más acústico, de “Canciones del solar de los aburridos”, haciéndome saber que Willie Colón y Rubén Blades eran, además de unos talentosos creadores de canciones que hacían rumbear a mucha gente, dos caudillos sonoros que compartían un mensaje político claro, atractivo y, para mí, urgente y necesario. 
 
Esto me llevó a recorrer toda la discografía del “newyorikan” Willie Colón con Lavoe, sus tres álbumes con Celia Cruz, su maravilloso disco con Ismael Miranda, la maravillosa producción con Soledad Bravo y, sobre todo, sus discos solistas en los que plasmaba una exuberante experimentación sonora que, a la vez, era callejera, sabrosa y sofisticada, es decir, el puro “sonido de Nueva York” potenciado con maravillosas versiones de temas brasileros, arreglos de cuerdas majestuosos, percusión bacanísima y unos trombones, como siempre, contundentes y polifónicos. Además, así algunos no estén de acuerdo, a mí me gusta la voz de Colón y considero que fue mejorando con los años. 
 
Y, claro, también me sumergí en la propuesta artística, social y política del panameño Rubén Blades (con "Seis del Solar", "Son del Solar", "Editus" y Roberto Delgado, entre otros), la cual no solo miraba al barrio latino en Nueva York, sino a toda Latinoamérica con un sonido que, así algunos digan otra cosa, era bastante bailable y popular, pero que, a la vez, contaba con unas letras elaboradas y bastante precisas que transmitían la aguda percepción de un gran artista e intelectual sobre la situación social -y humana, individual y colectiva- de tantas gentes en tantos lugares del mundo. 
 
Supe, por supuesto, que, a pesar de vivir momentos de fuerte tensión, Blades y Colón continuaron encontrándose en algunos conciertos y que incluso grabaron un álbum en 1994 titulado “Tras la Tormenta”, cuyo tema homónimo me encanta. Pero, con el tiempo, observé que llegaron fuertes desavenencias personales entre ambos, las cuales han quedado más que en evidencia por la forma diferente en que resultaron viendo el mundo, con Blades como un representante, en sus propias palabras, de “una izquierda coherente”, y con Colón dando un giro cada vez más claro –y sorprendente- hacia la extrema derecha. Y esto quedó aún más en evidencia con la campaña presidencial en Estados Unidos en la que Blades pidió no votar por Trump, a quien denomina el “ogro anaranjado”, mientras que Colón se convirtió en un entusiasta republicano y seguidor de ese multimillonario y ultraderechista empresario convertido en Presidente. 
 
Claro que estas posturas sorprenden, sobre todo en el caso de Colón, pues ¿por qué el otrora rebelde y progresista artista se convirtió en un reaccionario que apoya a los grupos más conservadores de ese país y América Latina? ¿Por qué el talentoso músico que criticaba el "apartheid" social en el que le tocó crecer ahora niega que exista un racismo estructural en Estados Unidos? ¿Por qué el sensible nieto de puertorriqueños se opuso, con todo, a las marchas que, encabezadas por muchos artistas, buscaban tumbar al gobernador corrupto de Puerto Rico? ¿Por qué el activista que criticaba a la "mafia" musical de Miami, porque esta negaba la diversidad de orígenes de la salsa (para decir que es solo música cubana) y solo apoyaba a los que se alinearan con políticas de extrema derecha, resultó acusando de comunista a cualquiera que tenga una agenda progresista y liberal? ¿Por qué ese brillante músico que grabó obras maravillosas que daban cuenta de múltiples influencias y una mirada heterogénea del mundo se convirtió en un personaje que ve la realidad en blanco y negro? ¿Por qué ese genio que incorporó, como ningún otro, la música del Brasil en la salsa (versionando a otros genios, esos sí coherentes con un pensamiento de izquierda, como Chico Buarque y Caetano Veloso) y que clamaba por la unidad latinoamericana ahora apoya posibles intervenciones militares en América Latina? Mejor dicho, ¿qué le pasó al gran Willie Colón que terminó convertido en un amargado que apoya a los grupos más racistas, misóginos y clasistas del mundo? ¿Qué ocurrió con ese inolvidable creador que grabó "Siembra", le cantó al "Tiburón" imperialista y se burló del "General" describiendo a esos dictadores militares en América Latina? En fin, ¿qué es lo que ocurre con aquellos que pasan de defender férreamente una causa a militar en otra totalmente opuesta, como si buscaran huir de sí mismos, es decir, de lo que creían, lo que luchaban y soñaban? 
 
No sé, pero es lamentable que haya pasado. Total, nos queda su maravillosa música, que era mucho mejor en los tiempos en que no era tan facho, y, por eso, les recomiendo el tema “No”, del Willie Colón de comienzos de los noventa


En contraposición, algunos se han sorprendido al conocer la postura de Rubén Blades (y me sorprende que se sorprendan), el artista, intelectual y abogado que ha actuado como funcionario público de alto nivel en su país y cuenta con una maestría en Harvard (y muchas cosas más), lo cual le da peso para opinar sobre algo que, como residente en Estados Unidos, latinoamericano y persona consciente y crítica del mundo en el que vive, le afecta bastante. 
 
De hecho, pareciera que algunos de los que lo critican jamás hubieran oído sus canciones, pues olvidaron que denunció el imperialismo del "Tiburón" gringo que se metía en Centroamérica cada vez que podía, así como protestó por las torturas y los asesinatos en los regímenes políticos autoritarios que había en el continente. 
 
También, al parecer, no sabían que Blades ha atacado el racismo estructural de la sociedad y que, por eso, aplaudió cuando “Ligia Elena” se marchó feliz con su trompetista. Y, por supuesto, olvidaron que Blades le hizo un sentido homenaje al sacerdote Arnulfo Romero, quien denunció las violaciones de Derechos Humanos en el Salvador, al tiempo que nos hablaba de los desaparecidos y nos decía vehementemente: “prohibido olvidar”. Pero, además, no tuvieron en cuenta que el panameño ha planteado en uno de sus más recientes discos la tremenda contradicción (el doble rasero) del gobierno de Estados Unidos que bloquea a Cuba, pero hace negocios con la China manejada por el Partido Comunista (al respecto, oigan el tema "Parrhesia"
 
 
En ese sentido, es diciente que la música de Colón, que antes era rebelde, contestataria, creativa y original (sigue siendo mi salsero favorito), se haya vuelto predecible, acomodada y conservadora, lo cual refleja, por supuesto, su cambio en la manera de concebir al mundo. 
 
Por el contrario, si bien Blades es ahora más políticamente correcto que antes (en “El nacimiento de Ramiro” no dice “marica”, sino “indeciso” y no sé por qué), su obra continúa expresando complejidad y ruptura de algunos esquemas cuadriculados buscando nuevos sonidos y colaboraciones con artistas de diferentes géneros (eso sí, con irregulares resultados, aunque el riesgo vale la pena). 
 
Todo esto me hace creer que aquellos que solo tienen una visión dual de la realidad, es decir que asumen que todo es blanco o negro (o capitalista o comunista) y que tienen una limitada, simplista, maniquea e ignorante visión del mundo, manifiestan, además, una evidente nostalgia (seguramente inconsciente) por tener detrás (o encima) a un líder autoritario que les diga siempre lo que tienen que hacer. Rubén Blades, como ciudadano del mundo, como persona consciente y preparada, como representante de una postura progresista y liberal, y como un brillante cantautor que ha dejado ver un punto de vista bastante sólido, no solo en sus canciones sino en sus declaraciones públicas (como Chico Buarque, como Caetano y como tantos otros), sabe muy bien en qué lugar se encuentra, así algunos de los que bailan sus canciones no lo terminen de entender. 
 
Por el contrario, Willie Colón, el gran Willie Colón, aparentemente olvidó de dónde vino, pues su posición ultraconservadora, la negación del racismo estructural en su país (el nació en South Bronx, NY), sus críticas a las movilizaciones que, en Puerto Rico (su patria ancestral), hicieron renunciar al corrupto gobernador, y sus declaraciones públicas apoyando a un personaje que, abiertamente, ha expresado su desprecio por los países (estos “países de mierda”) y las personas de América Latina, sorprenden y entristecen. Seguramente, ha estado viendo mucho FOX News y, por supuesto, se metió en la idea de que el fracaso del chavismo en Venezuela es un ejemplo para pensar que solamente la ultraderecha es el camino más efectivo, al menos, para que nada cambie (y debe estar, a la fija, gritando que hubo fraude a favor de Biden). 
 
Lo más triste es que la forma opuesta de ver el mundo que tienen estos dos notables creadores, además de los conflictos personales que, incluso, llevaron a demandas y ataques por las redes sociales, evidencian que el sueño de ver otra vez juntos a Rubén Blades y Willie Colón (en los estudios y los escenarios) jamás se podrá hacer realidad (de hecho, yo traté de ponerlos a hablar y como a las dos horas Colón me bloqueó de sus redes sociales -que iluso yo-). Por todo esto, en estos tiempos de polarización, “fake news”, campañas de desinformación y radicalismos alentados por una burbuja que las redes sociales -y unos medios de comunicación tradicionales con claros intereses particulares- ayudan a inflar, es que valdría la pena volver a oír las canciones que Willie y Rubén grabaron hace 40 o 30 años, pues, de pronto, algunos se podrán acordar de algo que, al parecer, hace mucho tiempo se les olvidó (prohibido olvidar, vale la pena volverlo a decir). 
 

 

Al menos Willie Colón debería hacerlo, porque nadie mejor que él (con excepción de Rubén Blades) sabe que “se ven las caras, pero nunca el corazón”. (Yo, de paso, también lo haré.


Petrit Baquero
Escritor

jueves, 16 de abril de 2020

La Muerte de un Pianista - ¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Petrit Baquero
Escritor
Por Petrit Baquero.

Cuando empecé a oír salsa o, más bien, un poquito después, cuando mi papá me puso a escuchar el álbum “Siembra” que, de verdad, marcó muchas cosas en mi vida, quedé maravillado por las letras -y la voz- de Rubén Blades, pero también por los trombones fuertes, aunque complejos armónicamente (que después, en clase de música, supe que eran tres y, a veces, cuatro) que sonaban como pitos de un camión, pero también como un conjunto de jazz de inmejorable calidad.

También quedé descrestado por la percusión afincada y calidosa (bongó-campana, conga y timbal), de José Mangual Jr, Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; por los coros poderosos y realmente varoniles que acompañaban las canciones, por el bajo lleno de efectos y slaps tomados del funk del inolvidable Sal Cuevas, por los arreglos de cuerdas que se inspiraban un poco en el soul y la música disco, y, claro, por el liderazgo y la imagen de malote del gran Willie Colón.

Pero entre toda esa maravillosa orquesta, no fui ajeno a sentir el tumbao sabrosísimo de un señor calvo, con pinta de hombre mayor -tal vez de oficinista-, a quien todos conocían con el sobrenombre del “Profesor”. ¿Y por qué le decían así? No sé, pero supongo que porque podía pasar de tocar un son montuno tradicional a soyarse con un tumbao rockero sin perder el compás y, sobre todo, el swing, algo complejo para el que no estuviera preparado para leer -y sentir- las sutiles transiciones armónicas que planteaban los arreglistas de los discos de Willie Colón como Luis “Perico” Ortiz, Louie Cruz, Héctor Garrido, Marty Sheller y el propio Willie, con “mambos” y sonidos que tenían sofisticación, pero, a la vez, sentido callejero. Eran los tiempos en que Willie grababa las canciones de él mismo y también las de Tite Curet Alonso, Rubén Blades, Johnny Ortiz, Chico Buarque, Eddy Grant y Caetano Veloso, entre muchos otros.
Héctor Lavoe toca el piano, Joe Torres "El Profesor" observa
Foto: Mambo Inn Radio


El “Profesor” se llamaba José "Joe" Torres y, como dice Rubén Blades, ayer “se mudó al otro barrio”. Claro que ya venían anunciando su muerte desde hacía rato por cuenta de la desaparición de otros importantes personajes (un reconocido compositor boricua y el dueño de un restaurante de comida puertorriqueña en Nueva York) que tenían el mismo nombre, sin embargo, ayer sí fue de verdad y el gran pianista newyorikan dio su paso a la eternidad o, de pronto, al nunca jamás (como ustedes lo quieran ver).

Hay que decir que Joe Torres nunca fue un pianista de alto perfil. No. De hecho, jamás formó parte, por ejemplo, de la Fania All Stars y muchas veces, cuando mencionan a los grandes pianistas de la salsa como Papo Lucca, Ricardo Ray, Eddie Palmieri, Larry Harlow, nuestro Edy Martínez, Óscar Hernández, José Lugo o “el Pulpo” Colón, su nombre, al parecer, se olvida. Sin embargo, si uno averigua por las grabaciones en las que participó y el papel preponderante que tuvo en el piano, el fender rohdes o cualquier otro teclado, quedaba claro que Torres fue un músico de grandes quilates.

Es que Torres es el pianista de “La Murga”, de “Plástico”, de “Pedro Navaja”, de “Oh, qué será”, de “Juanito Alimaña”, de “Calle luna, calle sol”, de “Plantación adentro”, de “Usted abusó”, de “Maestra vida”, de “Periódico de ayer”, de “Che che colé”, de "Buscando guayaba" y de muchas más piezas históricas acompañando a Willie Colón, Rubén Blades, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Soledad Bravo y Bobby Valentín, entre otros.

Joe Torres "El Profesor" atrás toca el piano,
Héctor Lavoe adelante

Foto: Mambo Inn Radio
Tal vez por eso, Héctor Lavoe dijo que el “Profesor” era el “que se come los guineos y se fuma la cáscara” y yo, que me maravillo observando por Youtube los videos de esa orquesta en los años setenta y comienzos de los ochenta, lo veo como uno de esos personajes curtidos que ya parecían viejos en esa época por su cabeza rapada, la boca abierta al tocar, unas gafas bien grandes y un aparente bajo perfil en el que no mostraba grandes alardes, pero sí muchísimo sabor tocando en la orquesta más vendedora de todos los tiempos de la salsa, ese género musical que tanto nos apasiona.

Con Willie Colón, el profesor Joe Torres tocó salsa de la mejor, es decir, esa que se nutrió de la música del Brasil con sus complejas armonías y lindísimas melodías, del funk y el rock que, con agresividad, se hacían presentes en todo momento; del merengue disco -o del merengue Bossa Nova- que tanto le gustaban al malo del Bronx; de la bomba y la plena puertorriqueñas, de la cumbia bomba del ritmo Wac, de los sonidos africanos, de la gaita zuliana, de la música jíbara puertorriqueña y, por supuesto, de todo ese caudal de música cubana que siempre habrá que mencionar.

De esa gran banda han partido ya varios (el año pasado se fueron dos) y, en estos tiempos complejos y de incertidumbre, se han ido, por diferentes razones, importantísimos músicos (por ejemplo, Andy González, el gran bajista que murió hace dos días; Bill Withers, el maravilloso cantautor que partió un poco antes; Manu Dibango, el célebre saxofonista camerunés que murió en su amada Paris; Tito Ramos, el inolvidable cantante de los tiempos del latin soul; Elis Marsalis, el patriarca de una legendaria dinastía de músicos de jazz; Moraes Moreira, el grandioso creador de esa irresistible fusión que fueron en Brasil los Novos bahianos…) y ahora le tocó al gran Joe Torres.

Es curioso, pero desde hace unos meses andaba siguiéndole la pista e incluso el maestro Edy Martínez me dijo que iba a averiguar al respecto. También pregunté por él hace menos de una semana en uno de esos portales de salsa que siempre me enseñan tantas cosas, y por eso entré en contacto con uno de sus amigos quien me dijo que el “Profesor” vivía en el Bronx, aunque bastante delicado de salud. Le envié mis saludos manifestándole mi gran aprecio, aunque creo que su amigo -por obvias razones- no alcanzó a verse de nuevo con él.

Hay que decir que en la mayoría de ocasiones se habla es de las rutilantes estrellas o de los personajes “exitosos”, pero muchas veces se desconoce a esos orfebres, cómplices, compinches, trabajadores y talentosos creadores que han sido fundamentales para que esas expresiones del talento humano nos ayuden a conocer, a través del arte o de cualquier otra cosa, viejos, nuevos o diferentes mundos. El “Profesor” -que en realidad le decían así porque se dedicó a enseñar música y piano por muchos años-, fue uno de ellos. Por eso, que bien valga la pena celebrar la vida, obra y los aportes de este gran artista que me ayudó a hacer la vida más chévere, antes, ahora y -espero yo- mañana.
 
¡Vuela alto “Profesor” Joe Torres!

Dedicado a... 
Alicia Orjuela Quintero,
Catalina Roldán, 
Edward Bocanegra y
 al legendario Marco Vinicio Amado Garrido "Markomix"

lunes, 17 de septiembre de 2018

SIEMBRA - 40 Años Después...

Petrit Baquero
Autor del Artículo
Por Petrit Baquero

Hace 40 años se lanzó “Siembra”, el álbum más vendido de la historia de la salsa, una obra maestra por sus maravillosas canciones, efectivos y novedosos arreglos, virtuosos músicos, letras llenas de sentido social y posturas políticas contundentes (¡Nicaragua sin Somoza!), extensa duración de los temas y uso de efectos sonoros.


El disco, firmado por Willie Colón y Rubén Blades, representó una verdadera revolución que demostró que la salsa, que de todas formas sonaba (en esos tiempos) rebelde y contestataria, con sus letras y sonidos barriales llenos de orgullo latinoamericano, caribeño y africano, podía trascender a otros espacios con unas letras cargadas de mensajes profundos en un contexto de efervescencia social y política.

Los tres trombones, agresivos y bien afincados; el bajo funkeado del gran Sal Cuevas, la percusión sabrosa de Mangual Jr., Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; los arreglos de cuerdas de Carlos Franzetti y, por supuesto, la dirección musical de Willie Colón, así como las letras y la voz de Rubén Blades, marcaron un camino para quienes están convencidos de que se puede pensar críticamente sin perder el swing y el tumbao (y la rebeldía).

El éxito sin precedentes de “Siembra” atrajo a la salsa a personas que antes no le habían puesto atención, ya que veían al género (como pasa actualmente con otras músicas) como una música de malandros o, en el mejor de los casos, como una manifestación que solo servía para mover el cuerpo pero no la mente. Pero “Siembra” cambió esta percepción pues su impacto le hizo ser objeto –y medio-, no solo para rumbas bacanísimas, sino para análisis profundos y montajes artísticos por parte de investigadores sociales, estudiantes, artistas de otros ámbitos y personas con curiosidad por los nuevos sonidos y las letras originales.

De hecho, cuando oí “Siembra” por primera vez (por ahí en 1988), luego de que mi papá pusiera el álbum en el equipo de la casa (en aquellos tiempos en que la salsa, con Joe Arroyo y el Grupo Niche, me tenían fascinado), sentí un golpe de emoción al descubrir un mundo nuevo. Es que me encantó el comienzo satírico, pero muy chévere, con música “Disco”, de “Plástico” (con su fuerte crítica al arribismo, al clasismo, al racismo y a la pérdida de identidad) que terminaba con un llamado a la unidad latinoamericana. Pero también me fascinó ese son montuno, con solo de trombón de Colón y “solo de boca” de Blades, llamado “Buscando Guayaba”. Y me descrestaron canciones como “María Lionza”, una crónica sobre el sincretismo en Venezuela, que me hizo ir a buscar la montaña de Sorte por Yaracuy; “Dime”, con su tumbao romántico pero con mucho swing; “Ojos”, con esa hermosa poesía de Johnny Ortiz y, por supuesto, “Siembra” con su arreglo espectacular y mensaje, para nada ingenuo, de esperanza que, en esos tiempos y hoy también, algunos creen que es solo una utopía.
Y, claro, mención aparte se merece “Pedro Navaja”, esa maravillosa crónica de Blades sobre un bandido latino en Nueva York que me atrapó gracias a su espectacular arreglo con armonías jazzeadas, sonido urbano (hoy en día muy contemporáneo), efectos sonoros y, sobre todo, por la manera en que, poco a poco (desde un comienzo de solo conga y voz), van entrando, mientras modula la tonalidad, todos los instrumentos hasta el momento en que se encuentran el malandro Pedro Barrios y la prostituta Josefina Wilson, quienes se dan cuenta de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, Ay Dios”.

De hecho, siempre digo que por cuenta de “Pedro Navaja” me fasciné por estudiar las historias de los bandidos y los contextos en los que estos surgen, con lo cual es claro que este álbum ha sido, para mí, mucho más que un mero entretenimiento y, por eso, cabe decir, es que el lanzamiento de mi libro “La nueva guerra verde”, arrancó con mi banda tocando “Pedro Navaja” (lástima que el video se perdió, pero esa es otra historia), ya que esas obras maestras ("Pedro Navaja", claro está) dicen, planean y expresan mucho más de lo que algunos pueden llegar a pensar.

Después de ese álbum las carreras de Colón y Blades jamás serían iguales. Al poco tiempo (y luego de álbumes maravillosos como “Maestra Vida” y “Canciones del solar de los aburridos”) decidieron separarse y seguir cada uno por su lado, con bastantes tensiones hasta una ruptura que parece definitiva cuando, precisamente, hubo líos por las ganancias de un concierto que celebraba, en 2003, los 25 años de este álbum. Asimismo, Rubén Blades (quien, definitivamente, encontró el estrellato con ese álbum, gracias al respaldo de Colón) se dio cuenta de las tumbadas que le pegaban en el sello Fania por cuenta de sus regalías y derechos de autor. También Colón empezó a tener una mirada más amplia sobre lo que implica ser latinoamericano, no solo en el barrio newyorkino, sino en todo el continente (a pesar de lo facho que se volvió después). Y si bien ambos siguieron, por separado, haciendo obras de gran calidad (de Blades, por ejemplo, el maravilloso “Buscando América” y de Colón el grandioso “Fantasmas”, entre muchos más), es claro que “Siembra” es un punto muy alto, no solo en las carreras de esos maravillosos creadores sino en ese género que nos apasiona y que, alguna vez, por cuestiones comerciales, pero también con mucha razón, decidieron llamar “Salsa”.
Así que bien vale la pena celebrar este álbum, sobre todo porque demostró que es posible tener éxito comercial yendo contra la corriente, no plegándose a las modas del momento y haciendo un trabajo honesto que siempre valdrá la pena aplaudir.

Hoy me gozaré, como tantas otras veces, “Siembra” porque, como dice la canción, hay que sembrar y dar frutos de esperanza pa´ los que vienen detrás. Ahí seguiremos, así sea de a poquitos.

SIEMBRA - 40 Años Después...

Petrit Baquero
Autor del Artículo
Por Petrit Baquero

Hace 40 años se lanzó “Siembra”, el álbum más vendido de la historia de la salsa, una obra maestra por sus maravillosas canciones, efectivos y novedosos arreglos, virtuosos músicos, letras llenas de sentido social y posturas políticas contundentes (¡Nicaragua sin Somoza!), extensa duración de los temas y uso de efectos sonoros.


El disco, firmado por Willie Colón y Rubén Blades, representó una verdadera revolución que demostró que la salsa, que de todas formas sonaba (en esos tiempos) rebelde y contestataria, con sus letras y sonidos barriales llenos de orgullo latinoamericano, caribeño y africano, podía trascender a otros espacios con unas letras cargadas de mensajes profundos en un contexto de efervescencia social y política.

Los tres trombones, agresivos y bien afincados; el bajo funkeado del gran Sal Cuevas, la percusión sabrosa de Mangual Jr., Eddie Montalvo y Jimmy Delgado; los arreglos de cuerdas de Carlos Franzetti y, por supuesto, la dirección musical de Willie Colón, así como las letras y la voz de Rubén Blades, marcaron un camino para quienes están convencidos de que se puede pensar críticamente sin perder el swing y el tumbao (y la rebeldía).

El éxito sin precedentes de “Siembra” atrajo a la salsa a personas que antes no le habían puesto atención, ya que veían al género (como pasa actualmente con otras músicas) como una música de malandros o, en el mejor de los casos, como una manifestación que solo servía para mover el cuerpo pero no la mente. Pero “Siembra” cambió esta percepción pues su impacto le hizo ser objeto –y medio-, no solo para rumbas bacanísimas, sino para análisis profundos y montajes artísticos por parte de investigadores sociales, estudiantes, artistas de otros ámbitos y personas con curiosidad por los nuevos sonidos y las letras originales.

De hecho, cuando oí “Siembra” por primera vez (por ahí en 1988), luego de que mi papá pusiera el álbum en el equipo de la casa (en aquellos tiempos en que la salsa, con Joe Arroyo y el Grupo Niche, me tenían fascinado), sentí un golpe de emoción al descubrir un mundo nuevo. Es que me encantó el comienzo satírico, pero muy chévere, con música “Disco”, de “Plástico” (con su fuerte crítica al arribismo, al clasismo, al racismo y a la pérdida de identidad) que terminaba con un llamado a la unidad latinoamericana. Pero también me fascinó ese son montuno, con solo de trombón de Colón y “solo de boca” de Blades, llamado “Buscando Guayaba”. Y me descrestaron canciones como “María Lionza”, una crónica sobre el sincretismo en Venezuela, que me hizo ir a buscar la montaña de Sorte por Yaracuy; “Dime”, con su tumbao romántico pero con mucho swing; “Ojos”, con esa hermosa poesía de Johnny Ortiz y, por supuesto, “Siembra” con su arreglo espectacular y mensaje, para nada ingenuo, de esperanza que, en esos tiempos y hoy también, algunos creen que es solo una utopía.
Y, claro, mención aparte se merece “Pedro Navaja”, esa maravillosa crónica de Blades sobre un bandido latino en Nueva York que me atrapó gracias a su espectacular arreglo con armonías jazzeadas, sonido urbano (hoy en día muy contemporáneo), efectos sonoros y, sobre todo, por la manera en que, poco a poco (desde un comienzo de solo conga y voz), van entrando, mientras modula la tonalidad, todos los instrumentos hasta el momento en que se encuentran el malandro Pedro Barrios y la prostituta Josefina Wilson, quienes se dan cuenta de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, Ay Dios”.

De hecho, siempre digo que por cuenta de “Pedro Navaja” me fasciné por estudiar las historias de los bandidos y los contextos en los que estos surgen, con lo cual es claro que este álbum ha sido, para mí, mucho más que un mero entretenimiento y, por eso, cabe decir, es que el lanzamiento de mi libro “La nueva guerra verde”, arrancó con mi banda tocando “Pedro Navaja” (lástima que el video se perdió, pero esa es otra historia), ya que esas obras maestras ("Pedro Navaja", claro está) dicen, planean y expresan mucho más de lo que algunos pueden llegar a pensar.

Después de ese álbum las carreras de Colón y Blades jamás serían iguales. Al poco tiempo (y luego de álbumes maravillosos como “Maestra Vida” y “Canciones del solar de los aburridos”) decidieron separarse y seguir cada uno por su lado, con bastantes tensiones hasta una ruptura que parece definitiva cuando, precisamente, hubo líos por las ganancias de un concierto que celebraba, en 2003, los 25 años de este álbum. Asimismo, Rubén Blades (quien, definitivamente, encontró el estrellato con ese álbum, gracias al respaldo de Colón) se dio cuenta de las tumbadas que le pegaban en el sello Fania por cuenta de sus regalías y derechos de autor. También Colón empezó a tener una mirada más amplia sobre lo que implica ser latinoamericano, no solo en el barrio newyorkino, sino en todo el continente (a pesar de lo facho que se volvió después). Y si bien ambos siguieron, por separado, haciendo obras de gran calidad (de Blades, por ejemplo, el maravilloso “Buscando América” y de Colón el grandioso “Fantasmas”, entre muchos más), es claro que “Siembra” es un punto muy alto, no solo en las carreras de esos maravillosos creadores sino en ese género que nos apasiona y que, alguna vez, por cuestiones comerciales, pero también con mucha razón, decidieron llamar “Salsa”.
Así que bien vale la pena celebrar este álbum, sobre todo porque demostró que es posible tener éxito comercial yendo contra la corriente, no plegándose a las modas del momento y haciendo un trabajo honesto que siempre valdrá la pena aplaudir.

Hoy me gozaré, como tantas otras veces, “Siembra” porque, como dice la canción, hay que sembrar y dar frutos de esperanza pa´ los que vienen detrás. Ahí seguiremos, así sea de a poquitos.

martes, 24 de octubre de 2017

XX Festival Salsa al Parque - "Haciendo Memoria"


El Festival Salsa al Parque, que este año celebra sus 20 años en el Parque Simón Bolívar, los días 11 y 12 de noviembre ya tiene imagen, la creación gráfica estuvo a cargo de Daniel Roa, diseñador del equipo de comunicaciones del Instituto Distrital de las Artes - Idartes.

Este visual estuvo inspirado en la tradición cubana de Changó, el rey de la religión Yoruba, haciendo alusión a los bailes y ritmos de los tambores batá, representando la alegría, la intensidad y la pasión. En la imagen, el rey posee cuatro largos brazos, cada uno representa un elemento festivo: el fuego, el trueno, el ritmo y la armonía. Vestido de rojo, el rey Yoruba refleja la fortaleza, la determinación, el deseo, el amor y las pasiones humanas.

Salsa al parque hará un homenaje al talento local, resaltando la participación y trayectoria de las orquestas que a lo largo de estos 20 años se han destacado en la escena bogotana. Para esta versión se conformará la Orquesta Distrito Salsero con la participación de los más representativos músicos de la ciudad, quienes interpretarán algunos temas de las agrupaciones homenajeadas.

El festival contará con la participación de agrupaciones invitadas desde Cuba, Europa, y Colombia, agrupaciones distritales ganadoras de la convocatoria del portafolio de estímulos de Idartes del presente año, y contará con distintos espacios para la danza, en los que el público tendrá la oportunidad de participar.

XX Festival Salsa al Parque - "Haciendo Memoria"


El Festival Salsa al Parque, que este año celebra sus 20 años en el Parque Simón Bolívar, los días 11 y 12 de noviembre ya tiene imagen, la creación gráfica estuvo a cargo de Daniel Roa, diseñador del equipo de comunicaciones del Instituto Distrital de las Artes - Idartes.

Este visual estuvo inspirado en la tradición cubana de Changó, el rey de la religión Yoruba, haciendo alusión a los bailes y ritmos de los tambores batá, representando la alegría, la intensidad y la pasión. En la imagen, el rey posee cuatro largos brazos, cada uno representa un elemento festivo: el fuego, el trueno, el ritmo y la armonía. Vestido de rojo, el rey Yoruba refleja la fortaleza, la determinación, el deseo, el amor y las pasiones humanas.

Salsa al parque hará un homenaje al talento local, resaltando la participación y trayectoria de las orquestas que a lo largo de estos 20 años se han destacado en la escena bogotana. Para esta versión se conformará la Orquesta Distrito Salsero con la participación de los más representativos músicos de la ciudad, quienes interpretarán algunos temas de las agrupaciones homenajeadas.

El festival contará con la participación de agrupaciones invitadas desde Cuba, Europa, y Colombia, agrupaciones distritales ganadoras de la convocatoria del portafolio de estímulos de Idartes del presente año, y contará con distintos espacios para la danza, en los que el público tendrá la oportunidad de participar.

martes, 21 de junio de 2016

Roberto Roena , Homenaje tras 60 años de Música

Agencia EFE. San Juan - El veterano músico Roberto Roena, fundador de la orquesta de salsa Apollo Sound, recibió  un homenaje del Senado de Puerto Rico por sus 60 años de trayectoria, que incluyen su paso por Cortijo y su Combo, y Las Estrellas de Fania.


El momento "representa muchas cosas", explicó Roena a los periodistas que acudieron al homenaje llevado a cabo en La Rotonda del Capitolio (sede del Parlamento local) en el Viejo San Juan, al que también asistieron otros reconocidos músicos de orquestas de salsa como Bobby Valentín, Willie Rosario y Sammy "El rolo" González.

Aunque Roena, de 76 años, agradeció el homenaje que propuso el senador Luis Ramón Nieves, del gobernante Partido Popular Democrático (PPD), dijo que la honra no es de su gusto "porque soy de poquito hablar, me da toque y me pongo a llorar".

"En realidad no creo en estas cosas, porque no creo que me merezca esto", dijo Roena durante el homenaje, en el que se proyectó un vídeo con fotos tomadas a lo largo de su trayectoria profesional.

Después, su orquesta, que cuenta con músicos muy jóvenes, interpretaron varios grandes éxitos del legendario artista boricua.

Roena, quien arrancó su carrera musical con Rafael Cortijo y su grupo Cortijo y su Combo como bailarín, reflexionó hoy sobre los males que aquejan a la sociedad y apuntó que, así como existen enfermedades como el cáncer o el zika, hay otras que "nos están contagiando" como es "la hipocresía".

"Todo esto es para cada uno de los que han pasado por mi orquesta", afirmó sobre el homenaje este artista nacido en Mayagüez, municipio al oeste de Puerto Rico, y que inició su carrera artística fundando el grupo de bailarines "Mambo Flashes" junto a su hermano, conocido como "Cuqui".

A los 16 años, Roena fue invitado a bailar en la orquesta de Cortijo (1928-1982) en varias presentaciones en Nueva York, entre ellas en el salón de baile El Palladium.

Tras varios meses bailando en la agrupación, Roena fue agregado como bongocero de la orquesta, así como coreógrafo y miembro del cuerpo de baile junto al legendario salsero Ismael Rivera (1931-1987) y Sammy Ayala.

Tras seis años con la orquesta de Cortijo, Roena decidió desligarse de ella y unirse a la All Stars Band de Mario Ortiz.

Seis meses después, se incorporó a El Gran Combo de Puerto Rico, junto a antiguos compañeros de Cortijo y su Combo, como Rafael Ithier, Eddie "La bala" Pérez y Martín Quiñones, entre otros.

Durante su estancia en El Gran Combo, Roena formó parte de la orquesta junto a grandes salseros como Andy Montañez y Pellín Rodríguez (1926-1984), con quien grabó grandes producciones como "Acángana" (1964), "El Caballo Pelotero" (1964) y "Boogaloos" (1967).

Sin embargo, en 1967 Roena decidió formar una nueva agrupación, Los Megatones, donde participaban Camilo Azuquita, Montañez, Rodríguez y Elías Lopés como director musical.

Pero su mayor proyecto fue la creación de Apollo Sound, nombre en honor a la nave espacial de la NASA. El proyecto era único para esos años, ya que la orquesta era integrada por dos trombones, dos trompetas y dos saxofones y fusionaban salsa con rock y bossa nova.

A las dos semanas de formar la agrupación comenzaron a grabar su primera producción "Roberto Roena y su Apollo Sound", bajo el sello de Fania.

Sammy "El rolo" González fue uno de los cantantes que estuvo con el Apollo Sound y que también acudió al homenaje de hoy, donde agradeció a Roena la oportunidad que le dio de participar en su orquesta, con la que grabó éxitos como "Cui cui", "Traición", "Me le fugué a la candela", "El que se fue no hace falta" y "Avísale a mi contrario".

"Cómo músico, Roberto ha sido de lo mejor, porque siempre ha sido bien habilidoso y talentoso", dijo González, quien aplaudió la iniciativa legislativa de reconocer a Roena, quien mientras dirigía el Apollo Sound también era miembro de Las Estrellas de la Fania.

En esta última agrupación, dirigida por Johnny Pacheco, participaron también los legendarios músicos Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Rubén Blades, Celia Cruz, Bobby Valentín, Ismael Quintana, Pete "El conde" Rodríguez, entre otros.

Roberto Roena , Homenaje tras 60 años de Música

Agencia EFE. San Juan - El veterano músico Roberto Roena, fundador de la orquesta de salsa Apollo Sound, recibió  un homenaje del Senado de Puerto Rico por sus 60 años de trayectoria, que incluyen su paso por Cortijo y su Combo, y Las Estrellas de Fania.


El momento "representa muchas cosas", explicó Roena a los periodistas que acudieron al homenaje llevado a cabo en La Rotonda del Capitolio (sede del Parlamento local) en el Viejo San Juan, al que también asistieron otros reconocidos músicos de orquestas de salsa como Bobby Valentín, Willie Rosario y Sammy "El rolo" González.

Aunque Roena, de 76 años, agradeció el homenaje que propuso el senador Luis Ramón Nieves, del gobernante Partido Popular Democrático (PPD), dijo que la honra no es de su gusto "porque soy de poquito hablar, me da toque y me pongo a llorar".

"En realidad no creo en estas cosas, porque no creo que me merezca esto", dijo Roena durante el homenaje, en el que se proyectó un vídeo con fotos tomadas a lo largo de su trayectoria profesional.

Después, su orquesta, que cuenta con músicos muy jóvenes, interpretaron varios grandes éxitos del legendario artista boricua.

Roena, quien arrancó su carrera musical con Rafael Cortijo y su grupo Cortijo y su Combo como bailarín, reflexionó hoy sobre los males que aquejan a la sociedad y apuntó que, así como existen enfermedades como el cáncer o el zika, hay otras que "nos están contagiando" como es "la hipocresía".

"Todo esto es para cada uno de los que han pasado por mi orquesta", afirmó sobre el homenaje este artista nacido en Mayagüez, municipio al oeste de Puerto Rico, y que inició su carrera artística fundando el grupo de bailarines "Mambo Flashes" junto a su hermano, conocido como "Cuqui".

A los 16 años, Roena fue invitado a bailar en la orquesta de Cortijo (1928-1982) en varias presentaciones en Nueva York, entre ellas en el salón de baile El Palladium.

Tras varios meses bailando en la agrupación, Roena fue agregado como bongocero de la orquesta, así como coreógrafo y miembro del cuerpo de baile junto al legendario salsero Ismael Rivera (1931-1987) y Sammy Ayala.

Tras seis años con la orquesta de Cortijo, Roena decidió desligarse de ella y unirse a la All Stars Band de Mario Ortiz.

Seis meses después, se incorporó a El Gran Combo de Puerto Rico, junto a antiguos compañeros de Cortijo y su Combo, como Rafael Ithier, Eddie "La bala" Pérez y Martín Quiñones, entre otros.

Durante su estancia en El Gran Combo, Roena formó parte de la orquesta junto a grandes salseros como Andy Montañez y Pellín Rodríguez (1926-1984), con quien grabó grandes producciones como "Acángana" (1964), "El Caballo Pelotero" (1964) y "Boogaloos" (1967).

Sin embargo, en 1967 Roena decidió formar una nueva agrupación, Los Megatones, donde participaban Camilo Azuquita, Montañez, Rodríguez y Elías Lopés como director musical.

Pero su mayor proyecto fue la creación de Apollo Sound, nombre en honor a la nave espacial de la NASA. El proyecto era único para esos años, ya que la orquesta era integrada por dos trombones, dos trompetas y dos saxofones y fusionaban salsa con rock y bossa nova.

A las dos semanas de formar la agrupación comenzaron a grabar su primera producción "Roberto Roena y su Apollo Sound", bajo el sello de Fania.

Sammy "El rolo" González fue uno de los cantantes que estuvo con el Apollo Sound y que también acudió al homenaje de hoy, donde agradeció a Roena la oportunidad que le dio de participar en su orquesta, con la que grabó éxitos como "Cui cui", "Traición", "Me le fugué a la candela", "El que se fue no hace falta" y "Avísale a mi contrario".

"Cómo músico, Roberto ha sido de lo mejor, porque siempre ha sido bien habilidoso y talentoso", dijo González, quien aplaudió la iniciativa legislativa de reconocer a Roena, quien mientras dirigía el Apollo Sound también era miembro de Las Estrellas de la Fania.

En esta última agrupación, dirigida por Johnny Pacheco, participaron también los legendarios músicos Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Rubén Blades, Celia Cruz, Bobby Valentín, Ismael Quintana, Pete "El conde" Rodríguez, entre otros.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La salsa en el mundo está viva, gracias a Colombia: Charlie Aponte

Feliz y orgulloso de conocer el Museo Jairo Varela, se declaró Charlie Aponte durante la visita que el inolvidable cantante del Gran Combo de Puerto Rico hiciera al santuario de la salsa en Cali, atendiendo la invitación que gentilmente le hicieran Álvaro Gómez y Umberto Valverde.

Con su vitalidad, jovialidad y simpatía irradió el recinto que lo recibió con música de fondo. Oír los acordes de Cali Pachanguero le erizó la piel. Ver el traje y la peluca de Celia Cruz le encharcó los ojos. Y apreciar las miles de imágenes, donaciones de artistas, recuerdos inolvidables de Jairo Varela con el Grupo Niche y demás elementos que hacen grande al museo, lo obligaron a hacer una pausa, cogerse la cabeza con las dos manos y expresar: “La salsa en el mundo está viva gracias a Cali”.

Palabras que no fueron un cumplido. Salieron del corazón de un hombre sensible, tan sensible, que decidió abandonar la orquesta que lo acogió durante 41 años para poder disfrutar del calor de su hogar, su esposa y sus cuatro hijos. Y fue Lucas, el menor de ellos (17 años), el que le tocó la fibra cuando le dijo a su mamá: “Mira… en la puerta hay un señor que quiere entrar”. “Oye… ese es tu papá…” le respondió su madre.

De inmediato se fundieron en un abrazo y ambos -con lágrimas en los ojos- decidieron crear una “Nueva historia” título de su álbum que ya sacó como solista y “Para festejar” juntos, título de la canción que abre el repertorio.

Y no es que Charlie sea un padre irresponsable. Ni mucho menos. No había podido compartir en familia porque de los 41 años que estuvo como vocalista del Gran Combo, durante 39 no tuvo vacaciones. Ingresó a la Universidad de la Salsa cuando contaba con 22 años, en reemplazo de Pellín Rodríguez para acompañar en tarima a Andy Montañez. Su primera gira lo trajo a Cali, ciudad donde hizo su primer baile en la caseta Tropicaña. Y su despedida también fue en Cali el 30 de diciembre de 2014, en el Living Concierto de la Feria en el Diamante de béisbol.

No fue coincidencia que Cali -la capital mundial de la salsa- fuera el debut, en 1973 y despedida, en el 2014, de un grande de la salsa como Carlos Juan Aponte Cruz, nacido un 2 de febrero de 1951 en Bayamón (Puerto Rico), para gloria del mundo.

Con la humildad que lo caracteriza, compartió mesa con Cristina Varela (la hija de Jairo); José Aguirre (director del Grupo Niche) y Umberto Valverde (escritor, cultor y promotor de la salsa en Cali). Sin titubear, Charlie aseguró: “El Grupo Niche le dio tanto prestigio a Colombia ante el mundo, como El Gran Combo se lo dio a Puerto Rico”.

Esas frases tocaron a Cristina, la hermosa morena hija de Jairo. Con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, hizo un anuncio que conmocionó al nutrido auditorio que recibió a Charlie: “Juanito Murillo, en nombre de los percusionistas de Cali y Colombia, trae para el museo Jairo Varela un poster del “mago del timbal”, Douglas Guevara”. El sentimiento la dejó muda.

Juanito, timbalero del Grupo Niche, tomó la palabra y corroboró la noticia. El auditorio también quedó mudo: Douglas, el eterno pana y timbalero de Jairo Varela, había fallecido el pasado 30 de julio de 2015 al no soportar la anestesia para un trasplante de riñón. Y hoy, frente a Charlie Aponte, entraba a engrosar la galería de los grandes.

Charlie, cauto pero con ganas de soltar otra chiva, anunció que él también haría su aporte al museo con una de las piezas que se remontan a los orígenes del Gran Combo. Y ahí dejó la expectativa.

Los asistentes al museo se miraban entre sí. Los integrantes del Grupo Niche, cuchicheaban. Los Gemelos de la Salsa (antigua Alquimia) divagaban. El Asesor de la Alcaldía de Cali en lo concerniente a la vida nocturna, Alejandro Vásquez, juraba que sería la primera partitura de la orquesta. Los periodistas azuzaban para que diera una pista... Eso solo lo sabe Charlie. Y ojalá pronto lo sepa el mundo.

El tiempo pasaba y nadie se quería ir. Charlie posaba, se tomaba fotos, firmaba autógrafos, se abrazaba con todos. Cristina sollozaba, José se acicalaba la guayabera y Umberto -como buen anfitrión- iba y venía para que ninguno de los periodistas se quedara sin las impresiones de Charlie.

Todos, absolutamente todos, ovacionaron al maestro con un sonoro aplauso de despedida. Cristina volvió a llorar. Umberto a sonreír. Y todos, absolutamente todos, desearon que Charlie volviera a Cali… con el regalito en la mano.


William López Arango

La salsa en el mundo está viva, gracias a Colombia: Charlie Aponte

Feliz y orgulloso de conocer el Museo Jairo Varela, se declaró Charlie Aponte durante la visita que el inolvidable cantante del Gran Combo de Puerto Rico hiciera al santuario de la salsa en Cali, atendiendo la invitación que gentilmente le hicieran Álvaro Gómez y Umberto Valverde.

Con su vitalidad, jovialidad y simpatía irradió el recinto que lo recibió con música de fondo. Oír los acordes de Cali Pachanguero le erizó la piel. Ver el traje y la peluca de Celia Cruz le encharcó los ojos. Y apreciar las miles de imágenes, donaciones de artistas, recuerdos inolvidables de Jairo Varela con el Grupo Niche y demás elementos que hacen grande al museo, lo obligaron a hacer una pausa, cogerse la cabeza con las dos manos y expresar: “La salsa en el mundo está viva gracias a Cali”.

Palabras que no fueron un cumplido. Salieron del corazón de un hombre sensible, tan sensible, que decidió abandonar la orquesta que lo acogió durante 41 años para poder disfrutar del calor de su hogar, su esposa y sus cuatro hijos. Y fue Lucas, el menor de ellos (17 años), el que le tocó la fibra cuando le dijo a su mamá: “Mira… en la puerta hay un señor que quiere entrar”. “Oye… ese es tu papá…” le respondió su madre.

De inmediato se fundieron en un abrazo y ambos -con lágrimas en los ojos- decidieron crear una “Nueva historia” título de su álbum que ya sacó como solista y “Para festejar” juntos, título de la canción que abre el repertorio.

Y no es que Charlie sea un padre irresponsable. Ni mucho menos. No había podido compartir en familia porque de los 41 años que estuvo como vocalista del Gran Combo, durante 39 no tuvo vacaciones. Ingresó a la Universidad de la Salsa cuando contaba con 22 años, en reemplazo de Pellín Rodríguez para acompañar en tarima a Andy Montañez. Su primera gira lo trajo a Cali, ciudad donde hizo su primer baile en la caseta Tropicaña. Y su despedida también fue en Cali el 30 de diciembre de 2014, en el Living Concierto de la Feria en el Diamante de béisbol.

No fue coincidencia que Cali -la capital mundial de la salsa- fuera el debut, en 1973 y despedida, en el 2014, de un grande de la salsa como Carlos Juan Aponte Cruz, nacido un 2 de febrero de 1951 en Bayamón (Puerto Rico), para gloria del mundo.

Con la humildad que lo caracteriza, compartió mesa con Cristina Varela (la hija de Jairo); José Aguirre (director del Grupo Niche) y Umberto Valverde (escritor, cultor y promotor de la salsa en Cali). Sin titubear, Charlie aseguró: “El Grupo Niche le dio tanto prestigio a Colombia ante el mundo, como El Gran Combo se lo dio a Puerto Rico”.

Esas frases tocaron a Cristina, la hermosa morena hija de Jairo. Con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, hizo un anuncio que conmocionó al nutrido auditorio que recibió a Charlie: “Juanito Murillo, en nombre de los percusionistas de Cali y Colombia, trae para el museo Jairo Varela un poster del “mago del timbal”, Douglas Guevara”. El sentimiento la dejó muda.

Juanito, timbalero del Grupo Niche, tomó la palabra y corroboró la noticia. El auditorio también quedó mudo: Douglas, el eterno pana y timbalero de Jairo Varela, había fallecido el pasado 30 de julio de 2015 al no soportar la anestesia para un trasplante de riñón. Y hoy, frente a Charlie Aponte, entraba a engrosar la galería de los grandes.

Charlie, cauto pero con ganas de soltar otra chiva, anunció que él también haría su aporte al museo con una de las piezas que se remontan a los orígenes del Gran Combo. Y ahí dejó la expectativa.

Los asistentes al museo se miraban entre sí. Los integrantes del Grupo Niche, cuchicheaban. Los Gemelos de la Salsa (antigua Alquimia) divagaban. El Asesor de la Alcaldía de Cali en lo concerniente a la vida nocturna, Alejandro Vásquez, juraba que sería la primera partitura de la orquesta. Los periodistas azuzaban para que diera una pista... Eso solo lo sabe Charlie. Y ojalá pronto lo sepa el mundo.

El tiempo pasaba y nadie se quería ir. Charlie posaba, se tomaba fotos, firmaba autógrafos, se abrazaba con todos. Cristina sollozaba, José se acicalaba la guayabera y Umberto -como buen anfitrión- iba y venía para que ninguno de los periodistas se quedara sin las impresiones de Charlie.

Todos, absolutamente todos, ovacionaron al maestro con un sonoro aplauso de despedida. Cristina volvió a llorar. Umberto a sonreír. Y todos, absolutamente todos, desearon que Charlie volviera a Cali… con el regalito en la mano.


William López Arango

viernes, 29 de abril de 2016

Falleció Miguel Granados Arjona, 'El Viejo Mike'

Miguel Granados Arjona "El Viejo Mike"
Foto: Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO
El recordado locutor salsero fue el pionero de la difusión en Bogotá de los ritmos afrocaribeños. 


La voz de Miguel Granados Arjona, ‘El Viejo Mike’, se apagó para siempre este mes de abril. Granados era un barranquillero que a sus 23 años viajó a Bogotá para buscar suerte en las emisoras locales, luego de comenzar carrera en las de su ciudad natal, desde que cursaba tercero de bachillerato.

Allí pasaba ocho horas diarias, de domingo a domingo, redactando y leyendo cuñas, anunciando canciones y haciendo servicios sociales. Durante su trabajo en la Costa, el ‘viejo Mike’ estuvo al lado de grandes de la locución como Manuel Villareal y Marco Pérez. Sin embargo, Granados hizo su vida en Bogotá.

Al ‘viejo Mike’ se le atribuye el ingreso de la salsa a Bogotá, pues en 1968, él eligió y presentó la primera canción de este género, la cual se transmitió por ‘Radio Continental’ de ‘Todelar’. No obstante, esta empresa no fue fácil, pues los cachacos de la época se opusieron fuertemente a este tipo de ritmos.

Los programas en los que Granados ponía esta música, según los dueños de la emisora, eran muy fuertes para el gusto capitalino. No obstante, Mike era un loco que quería cambiar las cosas y abrió otra puerta, la de ‘La voz de Bogotá’, que curiosamente también es de ‘Todelar’.

Haciéndose el loco, soportando los madrazos de los cachacos iracundos y animado por las felicitaciones de los nuevos salseros siguió adelante. Al poco tiempo, algunas zonas de Bogotá comenzaron a cambiar: Chapinero, por ejemplo.

Los últimos años de su vida, Miguel Granados Arjona vivió en un ancianato. Tuvo seis hijos y tres exesposas.

Fuente: El Tiempo

Falleció Miguel Granados Arjona, 'El Viejo Mike'

Miguel Granados Arjona "El Viejo Mike"
Foto: Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO
El recordado locutor salsero fue el pionero de la difusión en Bogotá de los ritmos afrocaribeños. 


La voz de Miguel Granados Arjona, ‘El Viejo Mike’, se apagó para siempre este mes de abril. Granados era un barranquillero que a sus 23 años viajó a Bogotá para buscar suerte en las emisoras locales, luego de comenzar carrera en las de su ciudad natal, desde que cursaba tercero de bachillerato.

Allí pasaba ocho horas diarias, de domingo a domingo, redactando y leyendo cuñas, anunciando canciones y haciendo servicios sociales. Durante su trabajo en la Costa, el ‘viejo Mike’ estuvo al lado de grandes de la locución como Manuel Villareal y Marco Pérez. Sin embargo, Granados hizo su vida en Bogotá.

Al ‘viejo Mike’ se le atribuye el ingreso de la salsa a Bogotá, pues en 1968, él eligió y presentó la primera canción de este género, la cual se transmitió por ‘Radio Continental’ de ‘Todelar’. No obstante, esta empresa no fue fácil, pues los cachacos de la época se opusieron fuertemente a este tipo de ritmos.

Los programas en los que Granados ponía esta música, según los dueños de la emisora, eran muy fuertes para el gusto capitalino. No obstante, Mike era un loco que quería cambiar las cosas y abrió otra puerta, la de ‘La voz de Bogotá’, que curiosamente también es de ‘Todelar’.

Haciéndose el loco, soportando los madrazos de los cachacos iracundos y animado por las felicitaciones de los nuevos salseros siguió adelante. Al poco tiempo, algunas zonas de Bogotá comenzaron a cambiar: Chapinero, por ejemplo.

Los últimos años de su vida, Miguel Granados Arjona vivió en un ancianato. Tuvo seis hijos y tres exesposas.

Fuente: El Tiempo

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